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Salvemos a la Familia.

Por: Javier Terrazas
octubre 16, 2022
in Opinion
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Quizás suene reiterativo el tema para mis tres fieles lectores, porque con frecuencia abordo la necesidad imperiosa de conservar, cuidar, proteger, fortalecer y apuntalar a la familia como el núcleo más importante de la sociedad y por tanto de la solución a muchos de nuestros problemas mundanos.

Soy de la firme convicción de que una familia unida, donde prevalecen el amor, la armonía, la sana convivencia, los valores de respeto, disciplina, orden, tolerancia, inclusión, colaboración, compromiso y sentido de pertenencia, forja buenos ciudadanos.

Y eso es independiente del nivel de ingresos que exista en el seno de la familia.  A veces el peor caos de antivalores se da en las familias con grandes fortunas. Pero también emerge con fuerza en aquellas carentes de casi todo.

En la historia de la humanidad, desde el hombre cazador, pasando por sedentario agricultor, al citadino de la era industrial, al multifacético de la modernidad y al actual del mundo de las nuevas tecnologías, siempre han existido normas y reglas sociales.

Y en ellas la familia tuvo y tiene un rol fundamental con institución formadora.

Además de la familia, las otras instituciones formadoras que completan el ciclo son: La Iglesia,  La Escuela, La Comunidad y El Ayuntamiento como autoridad más cercana.

Pero todo parte de la familia.

Es en ella donde además de alimento, vestido, techo, valores y principios se cultiva la espiritualidad con la profesión de alguna religión;  se lleva de la mano a la escuela alimentar el conocimiento y saberes; se predica con el ejemplo para la convivencia social en comunidad y se participa en la acción municipal.

Sin embargo, esa tarea esencial de la familia se ha debilitado debido a que se han dañado sus cimientos.

Hay una nueva realidad de resquebrajamiento de la familia de acuerdo a los datos que nos arrojan las estadísticas nacionales, estatales, municipales e incluso lo que apreciamos en el barrio.

Los divorcios son cada más numerosos.

Las uniones libres o relaciones temporales se disparan.

Las madres solteras por embarazos tempranos o quienes deciden ser madres sin casarse.

O quienes determinan la soltería permanente sin la maternidad o paternidad.

En ese contexto de modificaciones drásticas al modelo de familia tradicional, el cumplimiento de las tareas, funciones, responsabilidades, obligaciones y gratificaciones disminuyen en detrimento de la formación de ciudadanos de bien.

Y si la familia está quebrada, también se refleja en la formación religiosa, educativa, en comunidad y en la participación de la acción municipal.

Desgraciadamente, esa relajación de las cinco instituciones formadoras se traduce en hijos abandonados, con poca atención o a la deriva.

La instrucción religiosa está muy diezmada, las iglesias están solas o semiabandonadas. Solo los adultos mayores son fieles asistentes, en tanto que la mayoría solo acude en casos de bodas, bautizos, primeras comuniones, quinceañeras, graduaciones y velorios.

Mientras  que la instrucción escolar, es muy endeble. La ausencia de los padres en la supervisión del hijo o participación al interior de la escuela, diluye la calidad de la enseñanza, que ahora se da en escuelas de medio tiempo y una parte relevante de maestros con poca vocación.

La interacción del individuo en la comunidad es escasa con los segmentos de la población distintos y estrecha con los iguales. Conocen e interactúan con personas de Francia, Italia, China, Japón o Estados Unidos, pero no conocen ni saludan al vecino.

No pretendo ser fatalista. Se que no todas las familias victorenses, tamaulipecas y mexicanas han perdido la brújula o se han relajado. Pero si hay un número importante que no hace bien su tarea.

Y eso está entregando a la sociedad y al mundo ciudadanos con principios, valores, ideas y convicciones diferentes.

Mismas que chocan con lo ordinario, lo tradicional, lo bueno, el orden y la responsabilidad social de la vida comunitaria de respeto a las normas, a la vida en la NORMALIDAD.

Esas discrepancias se traducen en violencia intrafamiliar, violencia callejera, inseguridad en el barrio, pandillerismo,  vandalismo, delincuencia juvenil, delincuencia con conducta en la adultez y delincuencia organizada en todas sus modalidades.

Al grado que corrompe estructuras policiales, municipales, estatales y federales. Y desgraciadamente permea en otras instituciones gubernamentales.

De tal forma que pareciera que la única y última alternativa que nos queda para reestablecer el orden en la república es la milicia, los integrantes de las Fuerzas Armadas del país.

Sin embargo, al aportarle el bienestar del país a ese último eslabón de la cadena de la seguridad nacional, podríamos estar “quemando el último cartucho”.

Ya se ha visto en los hechos que cuando los militares salen a misiones de seguridad pública o combate a la delincuencia organizada, también cometen excesos, violaciones a derechos humanos, atropellan e incluso se corrompen.

Tampoco, la solución es poner a un militar en cada manzana para que el ciudadano se porte bien.

Y mucho menos entregar las responsabilidades del Gobierno Civil a la milicia.

La verdadera salvación está en rescatar a las instituciones formadores de ciudadanos de bien. Las arriba señaladas: Familia, Iglesia, Escuela, Comunidad y Ayuntamiento.

Y empezar por la primera, la más importante y fundamental: LA FAMILIA.

Por ello, en esta colaboración dominical, el día destinado a la convivencia familiar y al fortalecimiento espiritual, pongo el tema sobre la mesa, su mesa. .

Y el llamado respetuoso a la conciencia de todos para que poco a poco hagamos lo necesario y contribuyamos en ese gran reto de SALVAR A LA FAMILIA.

Empezando por la de cada uno de nosotros, claro está.

FELIZ DOMINGO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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