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Las bellas cualidades que la adornan

Por: Clara García Sáenz
octubre 5, 2022
in Opinion
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Ciudad Victoria se fundó en 1750 con el nombre de Santa María de Aguayo en el
espacio que ahora conocemos como Tamatán. En el libro de Testimonios de los
autos de la general visita aparecen diversas descripciones del paisaje que hacen
algunos acompañantes de José de Escandón a través de algunas diligencias
durante la fundación de la Villa de Santa María de Aguayo: “pero que les lleva mucha
más ventaja esta de San Marcos, cuya agua, que según están informados, es
permanente, es mucha más que la de San Felipe, y baja de tal altura, que solo por
caminar por una regadera se puede llevar por donde se quisiera; que dicha boca es
capaz, abundante de sabinos, nogales y semejantes maderas, su temperamento
algo más frío que templado, abundantísimas tierras de la mejor calidad para siembra
y cría de todo género de ganado con buenos abrevaderos y grandes abrigos y
repechos en las faldas de dicha Sierra; y a poca distancia abundancia de encinos y
pinos cal y piedra, madera y leña a cuyas comodidad se agrega la muy apreciable
de abrir camino por esta dicha boca á el Jaumave […] y facilita la introducción del
comercio de fuera, bastimentos y socorro y labor de los muchos minerales qué hay
en toda ella […] por todo lo que hemos de sentir que en está predicha boca
expongan la fundación qué quedará en uno de los mejores parajes de toda la colonia
y de todos los útiles para su conservación y aumentó, siendo, cómo son de sentir
que ninguna otra crecerá con la brevedad que ella según las bellas cualidades que
la adornan.”

Este testimonio escrito el seis de octubre de 1750 y firmado por seis personas
(Fray Ignacio Antonio Ciprián, Felipe Téllez Girón, Juan Elías de Moctezuma, José
de Olazarán, Santiago Sais y Juan Crisóstomo Moctezuma) que dan fe lo que ahí
se cuenta, es una de las primeras descripciones que se conocen de Aguayo; y más
exactamente del río San Marcos con énfasis en la boca de éste, zona que después
se conocería como Tamatán.

El texto señala como principal característica de este espacio su gran cantidad
de árboles; un paisaje arbolado por la abundancia del río que tenía el agua fría,
como la mayoría de los ríos de la zona. Sitio ideal para facilitar un camino eficiente
que agilizaría el comercio e intercambio de mercancías, segunda cualidad que en
Aguayo estaría presente como parte de su vocación como villa. Resalta que ésta
quedaría ubicada en “uno de los mejores parajes de la colonia” (refiriéndose a todas
las demás fundaciones del Nuevo Santander —hoy, Tamaulipas—), lo cual reafirma
que dicho espacio es único y el mejor de todas las villas. Remata el texto con un
aporte de elementos a la excepcionalidad del paisaje cuando señala que su
crecimiento y desarrollo dependerán exitosamente de “sus bellas cualidades que la
adornan”; tal parece que toda la utilidad del territorio de Aguayo se sostiene por ser
un lugar hermoso.

La apreciación de su paisaje era acertada, ya que su importancia geográfica
le dio el título de capital desde el siglo XIX, a pesar de contar con poca población
en comparación con otras que para la época eran ciudades ya desarrolladas. Esto
tal vez permite entender que la belleza del lugar enamoraba, al grado de ver en ella
hasta riqueza mineral y potencial para desarrollarse. José de Guevara escribe:
“certifico y doy fe y testimonio, concurren en este paraje que nombran la Boca de
San Marcos, las buenas cualidades circunstancias que expresan el dictamen que
precede, en sus buenas, fecundas y abundantes tierras, muy rica agua dulce, fácil
y segura de su saca para riego, que según vi en el hermoso ojo de agua de donde
vierte, me parece permanente, por lo cual y las demás utilidades que ofrece este
tan ameno paraje, sin duda es el más a propósito para la fundación en el de la Villa
de Santa María de Aguayo.”

“Ameno paraje” es el que utiliza José de Guevara para reiterar lo dicho por
los anteriores testigos ya citados en el momento de la fundación, calificativo aplicado
al paisaje de lo que hoy conocemos como Tamatán. Que abunde en elogios al río
San Marcos puede ser una justificación necesaria para asistir a la fundación de la
villa. Tal parece que estos exploradores ignoraban que el río tenía desde entonces
un ciclo de seca; además de ser octubre la fecha en que se firma el texto, que es la
época del año más propicia para poder ver lo caudaloso que puede ser su afluente,
siempre y cuando la lluvia de verano haya sido abundante. Después de estos
dictámenes, José de Escandón da fe para los efectos de ordenar la fundación de la
Villa que “dicho sitio es el más cómodo de todas las faldas de aquella Sierra Gorda
para poblar su hermoso cielo, buen temperamento algo más frío que templado,
mucha agua para la villa, huertos y riego, facilísima seca, buenos pastos admirables,
abundantísima tierras para todo género de ganados, mucha madera de sabino,
nogal, encino y pino, poca distancia; de palmas, cal, piedras cuantas conocidas
puedan apetecerse, para una fundación.”

En esta narración casi idílica y poética, José de Escandón abona a la
excepcionalidad del paisaje de Aguayo con expresiones como “su hermoso cielo”,
“buen temperamento”, “abundantísima tierra”; calificativos que más que contribuir
en lo concreto a la fundación, abona a la apreciación de la belleza del paisaje que
parece acercarse a una especie de paraíso terrenal por la abundancia de recursos
materiales de fácil acceso donde la casa y el sustento estarán asegurados con
facilidad; pues enumera el agua, los árboles, los animales y los materiales para
construcción.

Hoy en su aniversario 272, Victoria es, como entonces Aguayo, un lugar con
hermoso cielo, vegetación abundante y variada, un buen lugar para fundar un
proyecto de vida, disfrutar los otoños que son la mejor época en este lugar. Una
ciudad con su imponente Sierra, sus calles anchas y sus tortillas de harina,
poderosa políticamente y modesta económicamente. Sus encantos seducen y su
paisaje enamora. Sin duda es, como dice el huapango “una ciudad bendita”.

E-mail: claragsaenz@gmail.com

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