Generalmente quienes lean el título podrían pensar que leerán sobre cómo cuidar los
ojos para ver mejor. Pero confieso que me referiré al punto de vista, a la percepción
negativa, según el criterio de quien escribe, sobre la óptica presidencial en ocasión del IV
Informe del estado mexicano.
El originario de Macuspana, Tabasco., el presidente Andrés Manuel López Obrador,
según algunos analistas de la política nacional, continúa gobernando sin respeto al marco
legal establecido en el país.
Según consulta a la Ley sobre el escudo, la bandera y el himno nacionales, el
presidente debe portar la banda presidencial en el Informe Anual frente al Congreso de la
Unión; en la Transmisión del Poder Ejecutivo Federal; en la Conmemoración del Grito de
Dolores; al recibir las cartas credenciales de los embajadores y ministros extranjeros.
Debo señalar que además la ley ordena se usará en “ceremonias oficiales de mayor
solemnidad”, permitiendo cierta libertad al presidente para su uso. También adiciono una
tradición presidencial cuando se porta en el desfile militar anual del 16 de septiembre.
Es muy posible que el no uso de la banda presidencial, en este Cuarto Informe del
presidente López, es porque no se dio frente al Congreso de la Unión, sucedió en un área
del Palacio Nacional, ése construido por el conquistador Hernán Cortés.
Según el criterio presidencial, a manera de “una apretada síntesis” y quizá los textos
más difundidos por la prensa nacional, se refieren a su propia percepción “…ahora
poseo más aplomo y serenidad que antes… Ha crecido aún más mi amor al pueblo… Creo
con racionalidad mística y optimismo que triunfará la cuarta transformación de México…”
además dejó en claro que se ‘siente bien y de buenas’.
Algunos comunicadores o no entendimos o nos negamos a entender eso de que
revolucionó las conciencias ciudadanas y “…reducido al mínimo el analfabetismo
político”.
Por cuestiones de espacio y con la idea de agilizar su lectura, dice el presidente López
“…ya no domina la oligarquía, sino que existe un gobierno democrático cuya prioridad son
los pobres”. En este punto y otros, me parece que hay error de percepción del ejecutivo.
Pese a lo que la prensa nacional publica sobre la corrupción e impunidad, Manuel
López afirma lo contrario, cuando asegura “…acabaron los privilegios fiscales; los
mexicanos tenemos un gobierno sin lujos y con servidores públicos que actúan con
eficiencia, responsabilidad y honradez …recuperando prestigio en el mundo”.
Aunque me parece un tema muy discutible, Manuel López afirmó en su IV Informe
presidencial, que “El Estado dejó de ser el principal violador de los derechos humanos…”.
Debemos entender por consecuencia, que ¿reconoce el presidente a funcionarios de su
gobierno que también son violadores, como en el pasado?
En relación a la redistribución de la riqueza nacional, dice el de Tabasco que el tema
se relaciona con el ‘aumento de salario’, el ‘reparto de utilidades’ y los programas para el
bienestar’. ¡Mí no entender, dijo el gringo!
Aquella pensión asignada al adulto mayor por los gobiernos prisitas, dice presidente
López, luchó contra la oligarquía del pasado para elevarla a rango constitucional, además
del apoyo universal a discapacitados y el otorgamiento de becas a estudiantes de familias
pobres. En éste último tema de becarios, pregunto: ¿es nuevo?
Pese a la pandemia y sus efectos, además de las grandes carencias y dificultades en
materia de educación y salud, el Ejecutivo Federal insiste que “Está por convertirse en
realidad el principio… en educación y la salud”.
Dice el presidente que se ha reducido la incidencia delictiva… pocas manifestaciones
de protesta… No proliferan las huelgas, ni existe ingobernabilidad… garantizada la libertad
de expresión y derecho a disentir… gobierno no participa en fraudes electorales… la FGR y
los poderes Legislativo y Judicial actúan con independencia.
El peso no devaluado… Aumento de reservas del BANXICO… libertad religiosa y
Estado laico… mayor riqueza de México: honestidad del pueblo… y finalmente, México es
de los países con mayor riqueza cultural en el mundo.
Hasta aquí este espacio. No sin antes confesar que lo escrito hoy me inspira la
próxima entrega y Pinocho de Carlo Collodi (1882) puede ser el protagonista.

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