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Señor, enséñanos a orar

Por: Obispo Oscar Efraín Tamez Villarreal
julio 24, 2022
in Opinion

Muy apreciado lector, en este domingo XVII del Tiempo ordinario (Ciclo C), la Palabra
de Dios nos enriquece con el Libro del Génesis (Gen 18,20-32), el Salmo 137 (Te damos
gracias de todo corazón), la carta del apóstol Pablo a los Colosenses (Col 2,12-14), y el
Evangelio de Lucas (Lc 11,1-13. El tema central es que Jesús sigue formando a sus
discípulos, y ahora los enseña a orar.

Esta página del evangelio es una catequesis sobre la oración cristiana. Tanto el
discípulo como la comunidad necesitan orar. Lucas recoge aquí el talante, el estilo y el
espíritu que debe impregnar la oración del cristiano.

Jesús oraba con frecuencia. de hecho, el evangelista Lucas así nos lo presenta en
varias ocasiones. La escena de hoy es una de ellas: “Jesús estaba orando” (v.1). Los
discípulos no han participado en la oración de Jesús, pero sienten la necesidad de tener
unas formas de orar parecidas a las de Juan Bautista: “Enséñanos a orar como Juan enseñó
a sus discípulos.”

Juan ya había hecho escuela, Jesús todavía no, los discípulos quieren unas formas
ritualizadas, que den solidez e identidad al grupo que se está constituyendo. La oración de
Jesús, o no la comprenden o no la comparten (no le piden que les enseñe como Él lo hace).

Quieren aprender unas formas como las que Juan enseñó a sus discípulos.

Jesús les enseña una oración nada ritualizada, llena de confianza y de compromiso
personal. “Cuando hagas oración, decid: Padre…” (v.2) Así Jesús inaugura una forma de
orar inaudita.

• La oración judía oficial se realizaba en el templo, el lugar de Dios por excelencia;
Jesús convierte el sitio donde se encuentra en “lugar” adecuado para la oración.

• Por primera vez hay alguien que se dirige a Dios con confianza filial: “Padre”. Jesús
introduce un cambio profundo en la relación de los hombres y mujeres con Dios.
Todas las religiones, incluyendo la religión judía, rezaban a un Dios lejano al que
trataban de aplacar. Jesús sustituye el temor por el amor y la verticalidad por la
horizontalidad. ¡Dios es Padre!

• No se trata de una fórmula que haya que repetir de memoria. De hecho, el texto de
Mt 6,9-13 muestra que los primeros cristianos se expresaban diversamente. El Padre
nuestro es la expresión de una actitud, de un estilo de vida identificada y
enamorada del proyecto de Dios más que una oración ritual.

• Resume las convicciones y deseos que deben aparecer en nuestra oración: la
invocación a Dios como Padre, y una existencia invadida por el deseo de un mundo
diferente: confianza y compromiso.

En la oración de Jesús, nosotros, sus hijos, encontramos la correcta relación entre
Dios y nosotros, entre lo que esperamos (cielo) y lo que vivimos (tierra), entre lo religioso y
lo político (responsabilidad comunitaria) manteniendo la unidad del único proceso. La
primera parte (del Padre Nuestro) hace referencia a la causa de Dios; la segunda parte
concierne a la causa del hombre. Entre ambas partes constituyen la única oración de Jesús,
la verdadera oración cristiana.

Dios no se interesa solo por lo que es suyo (el nombre, el reinado, la voluntad divina),
sino que se preocupa también por lo que es del hombre (el pan, el perdón, la tentación, el
mal). Igualmente, el hombre, no solo tiene en cuenta lo que le preocupa para poder vivir (el
pan, el perdón, la tentación, el mal), sino que se abre también a lo concerniente a Dios Padre
(la santificación de su nombre, la llegada de su reino, la realización de su voluntad).

En la oración de Jesús, la causa de Dios no es ajena a la causa del hombre, y la
causa del hombre no es extraña a la causa de Dios. Lo que Jesús unió (la preocupación por
Dios y la preocupación por nuestras necesidades) nadie debería separarlo.

La realidad implicada en el Padrenuestro no se presenta de color rosa, sino
extremadamente conflictiva. En ella chocan el reinado de Dios y el poder del mal. Si nos
fijamos bien, el Padrenuestro tiene que ver con todas las grandes cuestiones de la existencia
personal y social del ser humano de todos los tiempos.

El centro lo ocupa Dios juntamente con el hombre necesitado. Es una hermosa
lección: hay que ensanchar la mente y el corazón más allá de nuestro pequeño horizonte.
Cuando la pasión por Dios se articula con la pasión por el hombre, cuando la pasión por el
cielo se une a la pasión por la tierra, el Padrenuestro se nos revela como la oración de la
revelación integral, como la oración de los hijos de Dios.

Por último, estimado lector, permíteme hacerte una invitación a orar juntos: el próximo
viernes 29, te invitamos a pedir a Dios por la paz de nuestro país, peregrinaremos desde la
Basílica del Refugio al Santuario de Guadalupe, saldremos a las 19:00 horas para llegar a
la celebración de la eucaristía a las 20:00 en el Santuario. Bendecido domingo.

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