¿Cuánto odio puede alimentar el prejuicio y el estigma?
El pasado sábado 16 de julio, Luz Raquel, una mujer de 35 años, residente de Zapopan, Jalisco y madre de un niño de 11 años que padece autismo severo y epilepsia refractaria, coordinadora en Jalisco del colectivo “Yo Cuido México” y miembro de diversas organizaciones de defensa de los derechos humanos de personas con discapacidad, fue agredida en un parque de esa ciudad, por tres hombres y una mujer que la rociaron de alcohol industrial y le prendieron fuego.
Los testigos describen que ardió como una antorcha, quemándose su pelo, su piel, su ropa y derritiendo sus zapatos. Ante sus gritos de dolor y auxilio, algunas personas le arrojaron agua y la cubrieron con lienzos para apagar el fuego.
Más del 80% de su cuerpo sufrió quemaduras de tercer grado. Falleció dos días después. Dejó en la orfandad a su hijo que es totalmente dependiente del cuidado permanente de su madre.
Seguramente en todo este inhumano proceso por el que su victimario la hizo pasar, una idea fija no abandonó a Luz Raquel: ¿Qué pasaría con su niño, quien lo cuidaría faltando ella?
Su esposo y padre de su hijo, los abandonó varios años antes, porque “no quería tener un hijo con discapacidad”. Además la maltrataba y la violentaba.
Aduciendo conducta “agresiva”, el menor fue expulsado del centro de autismo en que se atendía: En él recibía cuidado, medicamento y terapia, para sus padecimientos. A partir de entonces los gastos y el cuidado se tuvieron que realizar en su domicilio, recayendo por entero en Luz Raquel y la abuela, la cual era quién salía a trabajar para mantener a la familia.
Desde el mes de mayo Luz Raquel acudió a las autoridades de seguridad pública a denunciar las continuas agresiones que sufría de parte de sus vecinos, los cuales se molestaban en extremo porque su hijo durante sus crisis gritaba y golpeaba las paredes del departamento en que vivían. Uno de sus vecinos se atrevió a amenazarla de muerte y rociarle cloro industrial en el pecho y a amenazarla de muerte.
Ante este nivel de violencia pidió ser protegida por el Programa de protección establecido en ese estado para estos casos. Sin embargo las autoridades minimizaron el peligro de esta agresión, por considerarla un simple “pleito entre vecinos”. Unos días antes de su homicidio, le retiraron la escasa protección que con mucha insistencia había logrado Luz Raquel.
A nivel mundial se estima que 1 niño de cada 100 tiene alguna condición del espectro autista. La evidencia muestra que del 20 a 25% de los casos de autismo son de formas severas con discapacidad intelectual y alto grado de dependencia. Una investigación de 2016 sobre la prevalencia del autismo en niños mexicanos, reveló que es de 1 por cada 115 niños. Es decir para 2022, habría en México casi 342 mil niños con autismo y en Tamaulipas 8100.
En otras fuentes, el cálculo comparativo de su prevalencia entre países, informan que por cada 10 mil niños hay 151.1 en el Emirato de Qatar, 79.7 en EEUU, 85.5 en Colombia y 34.1 en México.
Cifras que deben tomarse con reserva, porque se trata de estimaciones debido a que en México no existe un censo o registro nominal que nos precise cuántos, en qué categoría, cuál es su situación qué tratamiento reciben, quién y cómo son cuidados estos niños. Desde luego tampoco los costos que esto implica para el país y las familias.
En medio de la impotencia y desamparo que embargó a Luz Raquel en esos días previos a su muerte, por la indolencia de las autoridades de seguridad y el incremento de las amenazas de su presunto victimario, escribió en su cuenta de Twitter: “Hasta cuando voy a tener que vivir con miedo de que me pueda pasar algo y a mi familia y mi agresor sigue campante por la ciudad con el peligro de seguir haciendo daño”. Anexo a su mensaje los hashtags: #noquieromorir #auxilio”
El Articulo 325 del Código Penal Federal establece que “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”
México sumó 493 feminicidios en el primer semestre de este año y mil 16 en todo 2021. De acuerdo a cifras oficiales en nuestro país son asesinadas en promedio 10 mujeres diariamente. La mayoría pertenecientes a sectores pobres y grupos vulnerados. Muchos son por violencia de género, es decir crímenes de odio.
Todavía el 5 de julio de este año el gobernador Alfaro informó que durante el primer semestre en su entidad los feminicidios se habían reducido 66.7% respecto al mismo período en 2021. En ese año Jalisco registró 74 feminicidios. Sin embargo el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) afirmó que solo estaba reportando los investigados y no todos los ocurridos.
Siendo importante saber si está en aumento o decremento este delito, y si las estadísticas son fiables y completas, la crisis social y humanitaria que ha causado la epidemia de homicidios de mujeres, este debate propio de políticos, de académicos y expertos en seguridad pública, está rebasado por el sentir de la población y no satisface en absoluto la expectativa de millones de personas y familias que quieren vivir en paz y con la certeza de no ser víctimas de la violencia por ser mujeres.
Es desconcertante constatar como en un país en que se idolatra a las madres y los hombres niños, jóvenes, adultos y adultos mayores le deben todo a sus mujeres, hay quienes las odian tanto que llegan a asesinarlas.
Se le llama crimen al acto violento que una persona comete contra otra, que puede variar desde amenazas, agresión física, psicológica, hasta el homicidio ya sea directamente o a través de otras personas.
El crimen puede obedecer a diversas intenciones como el de apropiarse de algunos bienes de su víctima o de someterla a alguna acción. La legislación actual en México establece que cuando el criminal comete el acto violento motivado por una emoción de rechazo, desagrado y disgusto extremo por su víctima, debido a un prejuicio sobre la raza, el color de piel, el nivel socioeconómico, la religión, la condición de discapacidad, la preferencia sexual o el género, se trata de un crimen de odio.
Si además de las emociones y prejuicios involucrados al homicidio, éste se realiza de manera que la víctima y quienes forman su red social comunitaria experimenten el máximo terror, dolor, sufrimiento y derrumbe emocional, moral y existencial, estamos frente a una categoría de crimen tan grave social y humanamente, que la definición de crimen de odio no alcanza a contenerlo.
Y es que un crimen de la naturaleza a la que nos referimos, no solo destruye físicamente a la persona y la niega como persona humana, sino que lesiona y quiebra para siempre en sus deudos, su identidad, su dignidad y su seguridad.
Un crimen así lanza el mensaje a toda la sociedad, pero específicamente a la comunidad o grupo social vulnerado a la que pertenece la víctima, de que hagan lo que hagan, se diga lo que se diga, a dónde vayan y dónde estén, sin importar las leyes y las instituciones de seguridad pública, siempre los alcanzará tarde o temprano el mal, la exclusión y la muerte.
Estos homicidios, como el de Luz Raquel son el signo más contundente ruptura más profunda del tejido social. El mismo que todos los políticos que piden nuestro voto y los gobernantes que gastan nuestros impuestos en sus políticas públicas, para restablecerlo.
Por otra parte el déficit y la precariedad de los recursos de atención y cuidado que envolvieron la difícil vida de Luz Raquel, su niño y la abuela, son una prueba más del rezago que sufre México en la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados para personas con padecimientos crónicos, discapacitantes y con alta dependencia, como es el caso de los que viven con la condición del trastorno del espectro autista.
Por lo anterior no basta la acción penal contra el homicida, ni los apoyos tardíos y condolencias de los gobiernos municipal, estatal y federal para la familia de niño autista hoy huérfano de madre, se requiere muchísimo más, porque si las vulnerabilidades y discriminaciones se suman y potencian, igual lo deben hacer las políticas públicas sobre la violencia de género, la discapacidad, la educación y el acceso a la justicia.
Por hoy, aún no vemos resultados en ese sentido y seguimos cayendo hacia una situación de la que todavía no tocamos el fondo.

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