LO CLARO. No se trata de ser vanguardistas o de hacer políticas que sean de
moda pasajera.
La prevención y atención a las violencias de género, es una realidad que nos
implica a todos como sociedad.
Así lo patentiza la educación profesional en nuestro estado a través de sus
instituciones.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas enfatiza mediante capacitaciones
temáticas a su personal docente y a la comunidad universitaria para que
participen de manera activa en este importante tenor.
La violencia de género es un causal que sigue lastimando a nuestra sociedad y
la manera de identificarlo y prevenirlo, debe ser comprendida y difundida por
todos los medios al alcance.
Entenderlo, conocer que existen en las instituciones (en este caso promovido
por la ANUIES) protocolos de prevención y de sanción es necesario y
trascendente para lograr una sociedad más equilibrada y con ‘piso parejo’ para
todos.
LO CLAROSCURO. Mal entendida –por conveniencia de quienes hacen
política- la democracia no debería ser únicamente el ejercicio cívico de elegir
gobernantes con la emisión del sufragio.
Aunque es la representación más idónea -elegir libremente a sus
representantes-, el compromiso de que funcione y dé resultados ese voto
emitido es hoy mayor para ambos bandos; votados y votantes.
¿Cómo funciona la gobernabilidad?
En todos los tiempos, hemos dado el poder a un grupo de personas para que
lleven a cabo la administración de nuestras contribuciones que se devuelven en
políticas públicas que nos beneficien: seguridad, salud, educación etc.
Sin embargo, dar esa concentración de poder exige que a su vez sean
vigilados y señalados cuando desvían el camino indicado.
Así nace la ‘oposición al régimen’.
Formado en todas las culturas (desde inmemoriales tiempos) a través de
instituciones políticas que reclaman mediante la llamada “oposición pacifista”
(también existe la violenta) el que el gobernante realice acuerdos o enmiende
la plana respecto a las causas que los opositores reclaman.
Entonces, el grupo dominante (en el poder) debe atender las críticas a modo de
no perder su credibilidad social y de esta forma, la oposición juega el mejor rol
llamado ‘contrapesos’.
Cierra aquí, la clase cultural.
El mandatario en turno y su grupo político, lo entendieron a la perfección. Tan
es así que en un lapso de 12 años consolidaron un movimiento y con él,
tomados de una bandera llamada ‘atención a la política social’ discriminaron al
poder en turno, entregando a la sociedad un mejor punto de vista reclamado
precisamente por los gobernados. Primero los pobres.
El poder prestado y regresado –intermitente- de los que controlaban el mando
(PRI y PAN) enfocaban sus esfuerzos en la economía del mundo y en hacer
ver a la sociedad que globalizar al país dejando entrar a compañías extranjeras
en la producción de energías, sería sinónimo de riqueza.
No supieron entender la voz del pueblo.
Pero no confundamos. No es el mandatario ni un mesías ni la garantía absoluta
de que ya concluyó esa clase social llamada alta burocracia y sus privilegios,
divorciados de la sociedad.
Sin embargo, es un principio y una sacudida a ese árbol putrefacto que en la
escalada de corrupción que miden todos los organismos del mundo, le otorgan
el primerísimo lugar en esa abominable lista de malas prácticas gubernativas
en nuestro querido México.
¿Qué sigue?
La oposición política no encuentra aún el rumbo de la brújula de saber ser
oposición. Y suponen que con el descrédito y señalar fábricas de chocolates o
los atuendos de la secretaria de economía, podrían lograr atraer de nuevo a la
masa crítica de la sociedad.
¿Cuál es la verdad? El jefe de ese movimiento que lleva la tutela del país y que
arrebató la credibilidad a los de centro-izquierda y derecha, ya culmina en poco
más de dos años su periodo.
Y no existen criterios que señalen realmente vacíos de poder por parte de la
oposición. Antes que hablar de cómo atender las causas de la seguridad, con
soluciones en mano; o de hacer alianzas auténticas con la sociedad civil para
lograr la confianza de aquella con prácticas fidedignas de políticas que al país
le generen riqueza o desarrollo sostenible, la oposición sólo ha podido dedicar
sus menguadas fuerzas a defenderse; a denostar; a buscar tapar sus propias
mentiras en la virtual suerte de perder los pocos espacios que aún conservan
en las regencias de estados, ciudades y curules camarales.
Hoy ya solo gobiernan en 10 de 32 entidades del país. Y descontando.
¿Qué espera la oposición para tomar la bandera de los feminicidios y las
causas que les inciden? ¿Cuándo van a tomar el papel como oposición para,
junto a la sociedad productiva desaparecer de una buena vez el salario mínimo
como escala de desarrollo y generar mercados más competitivos? ¿Por qué no
enarbolar el movimiento de convertir la corrupción en todos sus aristas, un
agravio a los derechos humanos, con carácter vinculatorio a la seguridad antes
que seguir siendo una simulación?
¿De qué le sirve a la sociedad continuar escuchando los estériles
enfrentamientos con Noroña? Solo de show mediático.
Y la oposición sigue haciendo sombras de guantes en contra de mesías
inexistentes.
COLOFÓN: AMLO ya pronto se va y deja el camino andado para un
movimiento social con la certidumbre de continuidad o continuismo. El que le
suceda, tendrá un ambiente ideal para un marcado liderazgo y quizá hasta un
autoritarismo que una sociedad democrática no puede permitir se traduzca en
eso.
No importa quién gane, ni tampoco se trata de cerrar la puerta a quien haga
bien su trabajo. Lo importante es saber cuándo de nueva cuenta, habrá una
verdadera oposición en el país.
Si no lo hacen los partidos, la sociedad deberá ser ese contrapeso obligado a
acompañar a quien gobierna. Por nuestro propio bien.
[email protected]
@deandaalejandro







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