En el 2005 me tocó encabezar un voluntariado que consistía en visitar el área femenil del Centro
de Rehabilitación Social de Cd. Victoria, apostolado que años anteriores había realizado
apoyando a mi abuelo materno quien hacia visitas de evangelización en estos centros en Cd.
Valles, SLP.
Tres años después concluía mi Maestría en Psicología, y cuando llegó el momento de hacer la
tesis, quise poner en práctica el estudio de la conducta con un interno complicado, quien había
sido acusado por narco satánico a finales de los años ochenta.
Mi entrevista con este personaje me animó a seguir tomando cursos y diplomados de psicología,
con la finalidad de entender el comportamiento de aquellas personas que como él han cometido
crímenes de consecuencias inimaginables, buscando como evitar que se cometan estos delitos.
Tiempo después tuve el acceso a otro estudio académico que se dedicó a entrevistar a
integrantes del crimen organizado para buscar factores de coincidencia del porque habían
elegido esa vida de riesgos.
Las conclusiones de su estudio son muy similares con los resultados que tuve en la realización
de mi tesis, y más que patrones de conducta podemos hablar de similitudes de vida, de infancias
tristes, abandono y violencia intrafamiliar.
Un tema recurrente fue el rencor que los participantes sentían en contra de sus padres. De hecho,
el 80% de los entrevistados admitieron que en algún punto de sus vidas su mayor ilusión era
matar a sus padres. La violencia doméstica y de género son las primeras experiencias de vida de
estos participantes. Todos coinciden en que su mayor frustración era ver como sus padres
golpeaban y abusaban de sus madres constantemente. Este tema es una constante en sus
historias, no sólo cuando se abordó su niñez sino también cuando se tocaron temas de
drogadicción, violencia y su incursión en el crimen.
Para algunos participantes, la fantasía de matar y hacer sufrir a sus padres era su mayor
motivación para trabajar en el narco. Las fantasías de los participantes sobre matar a sus padres
son similares, todos coinciden en que los querían hacer sufrir, querían cobrar venganza no por
su sufrimiento, sino por el de sus madres. Notablemente, todos también coinciden en que
llegada la oportunidad no pudieron cumplir su fantasía.
Académicos, políticos y sociedad civil necesitamos aprender de estas experiencias. A pesar de
que se reconoce a la pobreza como madre de todos los males, muchos de nosotros no sabemos
lo que significa vivir en pobreza.
Se asume que la gente pobre no tiene futuro y por lo tanto no tiene nada que perder; afirman que
sabían que iban a crecer y morir en la pobreza y sólo le preguntaba a Dios: ¿Por qué?
Integrantes del crimen organizado asumen que los niños y jóvenes inevitablemente serán
drogadictos y pandilleros: “Cuando creces en un barrio pobre ya sabes que en algún punto te
convertirás en drogadicto”. Las pandillas, que implican vandalismo y violencia diaria, son para
ellos “la única manera de sobrevivir a la violencia en las calles”. Por lo tanto, se da por sentado
que estos jóvenes no tienen futuro y por eso son desechables…
Estos internos no se ven ni como víctimas ni como monstruos. Ellos no justifican su incursión
en el narco como su “única opción” para sobrevivir, como muchos estudios académicos
aseguran. Reconocen que entraron al narco porque, aun cuando la economía informal les
permitía sobrevivir bien y mantener a sus familias, ellos querían más.
Este sentimiento de marginación, sumado a su problema de adicción a las drogas y la falta de un
propósito general de vida, hace que valoren poco sus vidas y que la muerte, en cambio, sea vista
como un alivio.
Este es un tema clave a considerar en el diseño de políticas públicas. Una tarea central es evitar
que más niños y jóvenes se sientan desechables.
El problema de la violencia únicamente se puede minimizar y evitar si se entiende y ataca
localmente. Cada región, cada barrio, tiene problemas y necesidades específicas. Las políticas
públicas diseñadas en masa no funcionarán.
Podría escribir páginas enteras de mi experiencia en ese voluntariado, pero hoy solo quiero
recalcar la importancia de tener una vida libre de violencia intrafamiliar, un padre golpeador o
violento, que abusa de la madre e incluso de los hijos es la constante en la vida de muchas
personas que han equivocado su camino.
Gracias a todos aquellos padres que corrigen con amor, son ejemplo en su familia y son figura
de apoyo para su esposa y sus hijos; su trabajo va más allá de proveer el bienestar de su familia,
también forman el cimiento de la sociedad.







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