En estos días de calor extremo, sequías y escasez de agua en Cd. Victoria y
otras ciudades de Tamaulipas, hemos vivido también una preocupación anticipada
al ver la crisis hídrica que asola a Monterrey. Si una entidad tan próspera y
potente como Nuevo León sufre tan alto impacto en la vida diaria de sus ciudadano
y en su gobernabilidad, ¿cómo podría irnos a nosotros en unos años?. Está claro
que la situación crítica que este año vive Monterrey, podría ocurrir en muchas
otras ciudades del país.
El agua es un recurso natural de valor económico, estratégico y social, que por ser
esencial para la existencia y el bienestar humano, actualmente el acceso al agua
potable y saneamiento es considerado universalmente, como un derecho humano
fundamental, que debe ser garantizado a todas las personas humanas.
Pese a lo que muchos piensan, el agua de consumo humano, no es un recurso
abundante. El 97,5 % del agua existente en el mundo es salada, por lo cual no
puede consumirse directamente, ni usarse para irrigar cultivos. En el planeta solo
el 2,5 % del agua es dulce, de esta porción, el 69% está concentrada en los
glaciares y el 30% en acuíferos. De la cual, menos del 0.5% se encuentra en ríos y
lagos. Pero más de la mitad de los ríos y lagos del mundo están contaminados. Ya
que El 80 % del agua residual de las ciudades es descargada en los ríos, lagos y
océanos sin un tratamiento adecuado, lo que deja únicamente una muy pequeña
parte del agua, el 0.007%, para el consumo humano.
El estrés hídrico, ocurre cuando la demanda de agua potable es mayor que la
cantidad disponible. Actualmente afecta ya a la cuarta parte de la población
mundial. México está ubicado entre los 17 países con un índice extremadamente
alto de estrés hídrico.
Según datos de la Comisión Nacional del Agua, al 15 de mayo pasado, 81.33%
del territorio nacional sufre algún grado de sequía. Tamaulipas es una de las 15
entidades del país con esa categoría extrema de escases de agua, pese que
nuestro estado históricamente ha destacado por la variedad y abundancia de sus
recursos naturales, particularmente en el sur con una riqueza hídrica codiciada
ahora por los industriales de Monterrey.
En nuestro estado, la actual crisis hídrica ha sido causada por el Cambio Climático
y agravada por incremento de la sobre explotación y contaminación del agua de
ríos y lagunas, así como de la deficiente gestión del agua a cargo de la
CONAGUA y de los organismos operadores conocidos como COMAPAs.
El pronóstico de los expertos para el día cero agua en México, esto es, el punto
sin retorno de quedarnos sin ese vital recurso para saciar la sed de nuestra
población rural y urbana, está fechado para el año 2028, o antes, de no cambiar
radicalmente nuestras políticas y estilos de conservación y uso del agua, esencial
e insustituible líquido vital. Pero ¿Cómo fue que llegamos a esta grave situación y
qué nos depara el futuro cercano?
El daño generalizado y progresivo de los ecosistemas acuáticos y terrestres del
planeta, que inició hace varias décadas, ha causado la crisis mundial del agua que
según la ONU, afecta a 2.1 billones de personas que carecen de agua potable y a
3 billones que no tienen instalaciones sanitarias adecuadas para vivir en un
ambiente sano. Así, las enfermedades diarreicas por la falta de agua potable,
causan la muerte de más de 1,7 millones de niñas, niños y adolescentes cada
año.
Los enfoques recomendados por los expertos en el tema, para evitar y atender la
crisis hídrica son los de la seguridad hídrica y los derechos humanos. Esto supone
la voluntad política y la capacidad de los gobiernos y sociedades para proteger el
acceso sostenible al agua para la vida humana y para el desarrollo económico,
priorizando la primera. Es decir, la necesidad de agua de los ciudadanos, está por
encima de las de la industria.
Los principales factores que la afectan seguridad hídrica son: el incremento de la
población, la demanda de alimentos, la desforestación, el consumo de agua para
la producción agropecuaria, para la generación de energía, la deficiente gestión
del agua y el cambio climático. Todos estos factores están ligados al daño
ambiental, cuyo motor principal es la falta de cambio en los modos de producir de
las industrias establecidas y de la manera de consumir de la sociedad.
Para evitar y mitigar el daño al ambiente se requiere:
Que el sector gubernamental ejecute de manera ordenada, eficiente y constante,
el marco jurídico, las políticas públicas y los programas de acción ambientales,
que ya tienen diseñados.
Que la industria, deje de ser renuente a cambiar radicalmente sus procesos de
producción y eliminación de residuos contaminantes.
Que la sociedad civil, incremente su conciencia de que ya estamos en los inicios
del punto crítico en que ya no habrá vuelta atrás al daño que le hemos causado a
nuestro medio ambiente y especialmente a nuestros cuerpos de agua dulce.
Finalmente debemos tomar en cuenta, que sin conocimiento científico los
diagnósticos de los problemas y las intervenciones para resolverlos, quedan en
suposiciones o en acciones de buena fe, pero inefectivas o perjudiciales. Por lo
tanto las universidades y los centros de investigación deben ser actores
fundamentales para la producción de ese conocimiento, para formar los
profesionales especializados en este campo y para generar las tecnologías más
efectivas para la actual crisis hídrica.
Hoy, el reto es, que gobierno, industria, sociedad civil e investigadores, hagamos
el máximo esfuerzo para evitar llegar al día cero en que ya no tendremos agua.
Por ello debemos preguntar y preguntarnos, ¿Estamos haciendo lo necesario para
evitar ese día? y si ¿nos encontramos preparados para enfrentarlo?
“Tamaulipas tiene”, pero “sin agua, todo se acaba”.







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