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Un gobernador para la salud

Por: Gerardo Flores Sánchez
mayo 8, 2022
in Opinion
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El pasado 5 de mayo se celebró el 133 aniversario de que el gobernador tamaulipeco Alejandro Prieto Quintero (1988 a 1896) donó los terrenos en que se construiría el Hospital Civil de Cd. Victoria. Ese día entregó el proyecto para la obra y colocó su primera piedra.

Fue hasta el 16 de septiembre de 1894, cinco años después de iniciada su construcción que Alejandro Prieto lo inauguró, designando al Dr. Lino Villarreal Martínez, como su primer Director, el cual se desempeñó en ese cargo hasta 1897.

El modelo de su construcción fue al estilo de los hospitales franceses mediados del siglo XIX: es decir horizontales, con amplios patios centrales que separaban sus pabellones y diversos accesos. En el caso del Hospital Civil, uno pabellón fue destinado al internamiento de hombres y otro para las mujeres. Contaba también con un área de consulta y otras para la botica, la administración, un almacén, además con un sótano, fue destinado algunos años a los enfermos mentales. Inicialmente trataba enfermos de tuberculosis y a población con diversos padecimientos y partos. Más tarde se agregó un área para cirugía.

Alejandro Prieto Quintero (1841-1921), nació en la hacienda del Chocoy al sur del Río Támesis. Fue hijo de Ramón Prieto, al que una Junta popular de vecinos de Cd. Victoria nombró en 1852 gobernador provisional, como parte de la lucha de Juan José de la Garza contra el regreso a la presidencia del General Santa Anna.

Prieto Quintero, no solo fue ingeniero, historiador, docente, escritor, legislador, diplomático y dos veces gobernador de Tamaulipas, sino también es su juventud un apasionado guerrillero liberal que combatió al ejército invasor francés y al emperador austriaco que los conservadores de esa época trajeron a gobernar a nuestra nación. Por ello no fue casual que eligiera el 5 de mayo como fecha significativa para dar inició a la obra del Hospital Civil, el primero de su tipo en Tamaulipas, en México y el tercero en América Latina.

Con esta señal hecha desde Cd. Victoria, dejó establecido que en todos los terrenos, incluyendo el de la ciencia y de la salud, para México había llegado el momento de convertirse entre el concierto de las naciones, en un país moderno y próspero que además de crecer en su economía, se debía de ocupar de la pobreza y las necesidades de su sacrificada y heroica población.

En su discurso inaugural Alejandro Prieto afirmó con vehemencia: “Se inicia una lucha frontal, cruel, sin cuartel, contra el dolor, la enfermedad y la muerte”… “Hoy que la paz impera en todos los ámbitos de la República, procuremos la cultura de nuestra sociedad y realicemos las obras materiales como éstas que faltan a nuestro bienestar social”.

Precisamente 1889 fue el año de la consolidación del Porfiriato: fallecía en Nueva York Sebastián Lerdo de Tejada, el enemigo acérrimo de Porfirio Díaz con el que se disputó el poder ante la eventual sucesión de Benito Juárez.
Dieciocho años antes, con su audacia y pragmatismo político característico, Díaz se rebeló primero a la relección de Juárez con su Plan de la Noria (1871) y luego a la Lerdo de Tejada en 1876 con su Plan de Tuxtepec. Al derrotar militarmente Lerdo y expulsarlo del país, Díaz se hizo del poder en 1877, el cual ejerció a plenitud hasta 1910 en que la Revolución Mexicana lo derrocó. Al morir Lerdo de Tejada, Díaz tuvo la frialdad de traer los restos de su enemigo a México, rendirle honores en diversas ciudades y en el Congreso de la Unión, para finalmente depositarlos en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

De acuerdo a historiadores y cronistas tamaulipecos, al asumir la gubernatura Alejandro Prieto en 1988, hizo pública su idea de dotar de un hospital a Cd. Victoria. Pero, según las creencias de la época, los hospitales no debían estar en las concentraciones urbanas, por el riesgo a que los vientos difundieran las enfermedades. Por esta razón los victorenses ricos de esos años no aceptaron se construyera en la plaza del Genio (hoy 19 y 20 Guerrero y Bravo). Ello obligo a buscar otro lugar en la periferia de la ciudad.

Así en el segundo año de su primer periodo como gobernador de Tamaulipas, Alejandro Prieto donó terrenos de su Quita “Prieto” (hoy 21 y 22 Méndez y Doblado) para la construcción del hospital. Convocó a personajes prósperos y distinguidos de Cd. Victoria, y les invitó a aportar recursos financieros para esta obra. Don Pablo Lavín Canales, Don Juan de Dios Garza Benítez, Don Manuel González Hijo (que dio material de su pedrera de Tamatán) y el Obispo Don Eduardo Sánchez Camacho contribuyeron generosamente, sumándose otras cantidades menores que hicieron un total $ 6,296.45 pesos hasta el día de su inauguración. Don Pablo Lavín Canales, tesorero de la junta formada exprofeso para la construcción, presto otra cantidad para completar el presupuesto.

Alejandro Prieto no solo fue el iniciador de los hospitales civiles en México, sino además del cambio del modelo del financiamiento de “Caridad” al de “Asistencia y Beneficencia Pública”, en que el Estado y los ciudadanos pudientes tomaban el compromiso de mirar y atender las necesidades de los grupos más desprotegidos. Esta fue la señal que Alejandro Prieto lanzó 21 años antes de que estallara la Revolución Mexicana. Fue una premonición que desafortunadamente el régimen de Porfirio Díaz y sus científicos no pudieron entender. Prefirieron la paz impuesta por el autoritarismo de la dictadura, a la paz surgida de la justicia social y del combate al empobrecimiento de la población.

Entre 1910 y 1923 con la agitación de la Revolución, el Hospital Civil sobrevivió y fue reconocido como Hospital Militar para la atención de soldados enfermos y heridos. Luego con el sucesivo azote de la Fiebre Amarilla, Viruela Negra, Influenza o “Gripa Española”, Peste Bubónica, Tifo y Paludismo, el Hospital Civil, sus directores y personal de salud cumplieron funciones como unidad médica de contención y mitigación de epidemias, aislando y atendiendo enfermos contagiosos.

Hasta antes de 1988, el Hospital Civil dependía del apoyo financiero del ayuntamiento de Victoria, de la ayuda del Gobierno del estado y donaciones de particulares. Con la descentralización de los servicios de salud en ese año, el Hospital es incorporado al Sector Salud de Tamaulipas y al Sistema Nacional de Salud, para dar atención médica a la población abierta y a sus derechohabientes.

En 1999 entra al proceso de Certificación de Hospital amigo del Niño y de la Madre. Y desde el 2000 está registrado como Unidad de Segundo Nivel de Atención que con las normas de calidad y control correspondientes.

En el año 2008, fue beneficiado con la transferencia de recursos federales por casi 10 millones de pesos para su fortalecimiento con obras y equipamiento.

Al paso de los últimos años, el Hospital Civil conserva su nivel de servicio, gracias a una plantilla de personal consolidada que se esfuerza cada día para ofrecer atención de calidad a sus derechohabientes. Sin embargo, pese a periódicas acciones para el mantenimiento y rehabilitación de su infraestructura, su avanzada edad ha determinado un deterioro tal que el Gobierno del estado en 2018 se planteó la necesidad de reubicarlo en una nueva construcción, cuyo costo presupuestó en 450 millones de pesos. El gobierno estatal no dispuso de esa cantidad. Su gestión para obtener de la federación estos recursos, tampoco fructificó. Luego sobrevino la pandemia de COVID-19. Ahora hacia la nueva normalidad y con el próximo gobierno estatal surge la oportunidad para concretar el proyecto de un Hospital Civil en un nuevo edificio moderno y funcional.

En conclusión, en su larga vida esta noble institución, ha cruzado tres siglos: el fin del XIX, todo el XX y el inicio del XXI. La lectura y reflexión de las transformaciones que ha tenido, nos permiten aprender no solo las lecciones de la historia de la medicina, de la sensibilidad social de los gobernantes, de la evolución de la institución hospitalaria y del sistema de salud de Tamaulipas, sino también de las etapas del desarrollo económico social y político de Victoria y de Tamaulipas, en sus esfuerzos para “procurar la cultura de nuestra sociedad y realizar las obras materiales…que faltan a nuestro bienestar social”, tal como lo afirmó el liberal progresista y gobernador porfirista Alejandro Prieto el 5 de mayo de 1889.

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