Hay hechos grabados en la memoria colectiva de los pueblos, de tal suerte que
existen acontecimientos que calan hondo y difícilmente se olvidan, máxime si están
rodeados de un halo de misterio y parecieran ser ajenos a cualquier lógica y sin
embargo, son recordados con afecto y emoción.
Un doloroso trance sucedió en Ocampo, al señor Ignacio Herrera y la señora
Idelfonsa Flores (+), pues para su mala fortuna perdieron a su hijo Luis Arnoldo, que
nació un 22 de julio de 1961 en el Barrio de Cantarranas y que marcó el destino de
sus hermanos Aniceto, Macarena, Sonia, Jaime, Laura, José y Neyda.
Serían las 7 de la mañana del 11 de octubre de 1975, cuando el joven Luis,
acompañado de sus tíos Mateo y Alejandro, salieron montados en bestias con
dirección al paraje El Zopilote, ubicado a 15 kilómetros al suroeste de “El Vergel de
Tamaulipas”, con el propósito de trasladar un semental.
Alrededor de las 11 horas de ese lluvioso día, los tres Ocampenses llegaron al sitio
localizado en las proximidades del ejido “Flores Magón”, todo transcurría con
normalidad, hasta que por un momento, los adultos dejaron al adolescente de 13
años cuidando unos animales.
Ambos cabalgantes caminaron a una adyacente hondonada del terreno, que servía
de pasto para el ganado, de repente escucharon un desaforado grito del menor,
inmediatamente corrieron al lugar, no obstante el muchacho ya no estaba ni había
huellas cerca, por lo que empezaron una intensa búsqueda.
Al poco tiempo de que cayera la oscuridad, los parientes solicitaron la ayuda de los
lugareños del “Malpais”, optando por regresar a la ciudad, en tanto el Señor Ignacio
Herrera, cumplía con sus actividades en la Clínica IMSS de El Mante (TAM), empero
una llamada telefónica cambiaría su vida.
Rápidamente esa noche el consternado hombre arribó al hogar, donde fue recibido
por su esposa Idelfonsa (+), quien junto a cientos de amigos y vecinos, partieron
con rumbo al trágico sitio, por un lado se hizo una columna de jinetes que encabezó
el papá y el resto entró por el sendero “Cuesta Blanca”.
Esa larga jornada mil quinientos residentes de la región, continuaron las
exploraciones, hasta que al amanecer rescataron 3 despavoridos jamelgos a 2
kilómetros, resultando infructuosa la busca por lo escarpado del suelo, en cuyo
espacio predominan montículos de piedra y la superficie está cubierta con grandes
llanuras, por lo cual es fácil perderse.
En los próximos 3 días prosiguieron las indagaciones, contando siempre con la
generosidad de las familias Ocampenses, vaya se cooperaban con víveres,
provisiones, además las mujeres preparaban los lonches y comida y los caballeros
portaban cantimploras, pistolas y focos de mano.
Al enterarse de la extraña desaparición, elementos de la Guarnición Militar de
Ocampo, colaboraron en las investigaciones, para ese instante el Gobernador
Enrique Cárdenas González, vino a ofrecer su apoyo a los agobiados progenitores,
entregándoles una dotación de despensas.
Desesperado el Señor Herrera, partió al Puerto Jaibo y consiguió que Joaquín
Hernández Galicia, autorizara que 2 helicópteros sobrevolaran las formaciones
volcánicas colindantes a Antiguo y Nuevo Morelos, esta movilización pronto llamó
la atención de los miembros del Pentatlón de Tampico, que equipados con
herramientas, realizaron peligrosos sondeos en los profundos sótanos y lograron
internarse a las cuevas.
Después de innumerables pesquisas en la comarca, sospechosa e insólitamente
aparecieron en ese valle, unas camas de campaña, algunos enseres domésticos,
botellas de vino y cigarrillos, se presume que pertenecieron a personas que tal vez
pretendían hacer daño al chamaco.
Para el Señor Herrera la batida terminó en la sierra, pero inició su peregrinar por
Jalisco, Nuevo León, Hidalgo, Veracruz, S.L.P., y nuestra entidad, asimismo el noble
padre repartió fotografías a los Federales de Caminos, inclusive alguien aseguró
mirar al chico en la Central de Abastos del DF y hace años, hubo quien afirmó verlo
en Tula, Tamaulipas.
Este sobrenatural evento, sirvió para poner a prueba el espíritu solidario de los
habitantes de Ocampo, quienes como uno solo, se unieron a las averiguaciones del
malogrado Luis Arnoldo y finalmente con un gran dolor en su corazón, tuvieron que
aceptar los designios del Creador.
Facebook: olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien

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