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Para dos grandes amigas

Por: Agencias
enero 9, 2022
in Opinion
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Esta semana se despidieron de sus puestos dos grandes mujeres universitarias,
icónicas y referentes de la historia cultural y artística de nuestra Casa de Estudios.
La nueva administración rectoral ha prescindido de los servicios de Carmen Quiroga
y Revo Tamez, sus equipos de trabajo las han despedido consternados.

A Carmen Quiroga la conocí hace 25 años cuando llegué a trabajar en la
promoción de la literatura a la entonces Subdirección de Extensión Universitaria,
entonces era yo una joven egresada de la escuela de Relaciones Públicas y ella era
ya la diva de la televisión universitaria.

Recuerdo que para mí fue como el conocer un personaje famoso, había leído
su poesía y visto conducir programas de televisión. De alguna forma yo la admiraba
y cuando tuve la oportunidad de tratarla fue la persona más amable y solidaria que
pude encontrar en una oficina donde los hombres eran mayoría pero que todos,
hasta el jefe de entonces, le tenían algo de temor.

Trabajaba muchísimas horas, cuando era necesario levantaba la voz y si era
preciso mentaba madres para hacer trabajar a su personal con el que siempre fue
generosa, solidaria y humana.

Un día, temerosa de su temperamento fui a verla para mostrarle mi trabajo
fotográfico, sin pensarlo me dijo que escribiera un texto para que me lo publicaran
en el periódico.

Carmen fue el cerebro que hizo de Televisión universitaria un espacio
profesional para la difusión científica y cultural, ganando premios nacionales e
internacionales por sus cápsulas, reportajes y documentales. Se va dejando la vara
muy alta.

A Revo Tamez la conocí hace 19 años cuando llegó a ocupar la entonces
Subdirección de Extensión Universitaria, de ella sabía por los musicales que la
Universidad organizaba en la época en que su hermano Humberto Filizola era
rector, pero nunca la traté hasta que llegó a la oficina con la administración de Jesús
Lavín Santos del Prado, aunque muchos decían entonces que el puesto se lo habían
dado por ser hermana del rector saliente, lo cierto es que sabía bastante de
cuestiones artísticas y tenía experiencia administrativa ya que, entre otras cosas,
había ocupado la dirección de la Casa del Arte.

Rápidamente trasformó y renovó la política cultural y artística de la
Universidad, nadando contra corriente por los presupuestos, la apatía de los altos
funcionarios, los feudos de las facultades y de una escasa infraestructura que
estaba en condiciones deplorables.

Impulsó la capacitación de un equipo que integró con quienes ya estábamos
ahí y con recién llegados, consiguiendo becas para cursar maestrías y diplomados
en promoción cultural y planeación artística con la finalidad de mejorar la ejecución
de los programas a partir de la identificación de necesidades de los públicos,
dejando la improvisación y las ocurrencias, muy frecuentes en las instituciones
culturales.

Su sensibilidad profesional hizo que ese equipo funcionara como una especie
de orquesta donde cada quien conoce su instrumento, ejecutando lo mejor que
puede las partes de la melodía que se toca, pero siempre pendiente de la guía del
director.

Creativa, talentosa y sorprendente como funcionaria, productora, directora y
artista. Capaz de sacarnos una sonrisa con su plática siempre alegre que hacía más
llevaderas las horas de trabajo, eficiente para resolver problemas ya fueran
administrativos o logísticos, de improvisar de ser necesario, de saber quién de su
equipo podía hacer este u otro trabajo, consultar cuando no sabía e imponerse
cuando nos rebelamos por algo, escucharnos y ser solidaria cuando era necesario.

Ambas, Carmen y Revo, eran la imagen del empoderamiento femenino en la
alta burocracia universitaria, respetadas por su trabajo, admiradas por su belleza y
temidas por su carácter aguerrido para defender a su personal y pelear por los
presupuestos.

Siendo funcionarias obtuvieron grados académicos fuera de la Universidad
volviéndose también ejemplo de esfuerzo académico; su experiencia y su prestigio
no fueron suficientes para los estándares de exigencia de la nueva administración
que le apuesta a la juventud, a los afectos personales y a los contingentes que
acompañaron la campaña rectoral. Por lo pronto, todos los demás seguimos en la
rutina, haciendo la talacha cultural.

Email: claragsaenz@gmail.com

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