Gracias al notable desarrollo ganadero en la Colonia del Nuevo Santander, surgieron
dentro de la actividad campirana los primeros vaqueros. Al mismo tiempo y como parte de
las rudas faenas para domar caballos, lazar y someter bovinos nació la fiesta charra
tamaulipeca, configurada al paso de los años. Bajo estas circunstancias, la imagen de dicho
personaje se asocia a la recreación, espectáculo y manejo de briosos corceles, propio del
ser masculino.
A finales del siglo XIX, el charro alcanzó enorme auge por el elegante y pintoresco
traje nacional con pantalón ceñido, adornado con botonadura de oro y plata. Entre charros
de a pie y de a caballo, algunos de sus portadores más importantes durante el porfiriato
fueron Carlos Rincón Gallardo, Emiliano Zapata, el torero Ponciano Díaz y Enrique Angelini,
cónsul de México en Roma quien despachaba vestido con el traje típico.
Un accesorio indispensable era el vistoso sombrero galonado de oro y plata
originario de Puebla, Jalisco y El Bajío. En 1909 la Prefectura Política de Tepic dispuso “…dar
un paso hacia la civilización”, reglamentando las medidas oficiales de los sombreros
charros: altura de copa 22 centímetros, 18 cm. falda y 40 cm. circunferencia. Una de las
sombrererías más célebres de principios del siglo XX en los Portales de Puebla, era
propiedad de Carlos Hernández. En cambio, anterior a 1870 Espiridión Rodríguez y García
bordaba en su taller sombreros con hilo de oro; mientras Franck Bron, declaraba ser
inventor de la patente del “Sombrero Charro-Bron- registrado en 1899.
El emperador Maximiliano Habsburgo, admiró el traje típico y en septiembre de
1865 lo vistió con un jorongo en Querétaro, para demostrar aprecio a lo mexicano. Sobre el
sombrero jarano, Guillermo Prieto lo trasladó a la poética popular, aunque por su sencillez
los invasores franceses y el mismo general Almonte llegaron a detestarlo: “Sombrero
charro, tú no eres para traidoras cabezas,/sólo para el chinacate,/eres aureola y diadema,/y
como copa de fresno,/cuando su frente sombreas.”
Posterior a la Revolución Mexicana, la figura del charro y el gallardo traje, se
convirtieron en uno de los prototipos de nuestra identidad nacional y en variadas
expresiones de la cultura popular. Lo mismo en la música vernácula representada por Jorge
Negrete, que en baile del Jarabe Tapatío, la China Poblana, las películas El Charro Negro, en
historietas, leyendas, tarjetas postales, tequila, el famoso Charrito PEMEX, las artesanías,
monturas de piel y pinturas de Ángel Zárraga y Ernesto Icaza.
Charros Tamaulipecos y Victorenses
Dentro del costumbrismo regional, figura el ranchero o cuerudo tamaulipeco. El
traje que vestía fue descrito puntualmente por Manuel Payno en 1844, cuando afirma que
estos personajes fronterizos surgieron en territorio limítrofe. “…con los bárbaros, pues los
rancheros de estos rumbos están vestidos con gamuzas de color de yesca, y en su traje
tienen multitud de correas por lo que se les llama correítas.” Durante la Guerra de
Intervención Francesa, en un afán de congraciarse como gobernador de los tamaulipecos,
el sanguinario coronel Charles Dupin se tomó una fotografía con sombrero charro y una
pistola en la mano. Otros precursores de la vestimenta fueron los chinacos republicanos.
Por su forma de vestir los rurales mexicanos o cuerudos, tienen una relación estética
con el charro y probablemente con su origen. Las décimas rancheras de Manuel Gutiérrez
Nájera -El Siglo Diez y Nueve de 1887-, son testimonio de quienes el poeta llama soldados-charros: “Contemplad sus escuadrones,/con los aceros desnudos,/marchan los guapos
cuerudos,/al trote de sus bridones,/seguros de las acciones,/sobre sus sillas vaqueras,/con
sus espuelas rancheras,/prenden al raudo alazán,/y son como el huracán,/que arrasa las
sementeras. Con su sarape encarnado,/su traje bordado en plata,/sus chaparreras,/ su
reata,/su sombrero galonado,/en el caballo clavado,/con su arrogancia marcial,/no hay
como ver a un rural,/causando envidia a los hombres,/y oyendo mil dulces nombres,/de
unos labios de coral.” A propósito del cinto piteado, chaparreras, monturas, sarapes y otros
accesorios propios de charros y vaqueros, podían adquirirse La Palestina de la Ciudad de
México.
Los charros estilizados, tuvieron presencia en las haciendas agropecuarias cercanas
a Victoria y otros rumbos de Tamaulipas. Sobre el tema, existen escasas noticias o crónicas
específicas en estos lugares. Las primeras se remontan a septiembre de 1930, durante las
fiestas patrias cuando un grupo de charros tamaulipecos encabezados por “…los caballistas
Sámano, montados en sus briosos y bien enajenados caballos, portando los trajes típicos
tamaulipecos” acompañaron a su Graciosa Majestad la Reina durante un desfile por las
calles, donde realizaron algunas evoluciones: “como un homenaje a la Soberana, junto al
trono que se levantará para que presencie el desfile. Este número será uno de los más
vistosos, pues bien conocida es la destreza y arrogancia que tienen los caballistas Sámano.”
En mayo de 1931 El Heraldo dice que el día 12 de ese mes, se creó oficialmente la
Asociación de Charros en Victorenses por iniciativa del señor Manuel González V. La mesa
directiva quedó integrada por Manuel Sámano Garza, Presidente; Secretario José Martínez
y Martínez; Tesorero Donaciano Garza; Primer Vocal Isidoro Sámano Garza; Segundo Vocal
Dr. Felipe Valdez Ramírez; Tercer Vocal, Cayetano Reyna. “La agrupación fue fundada con
catorce socios y en la sesión que se celebró el día 19 del actual, estos fueron aumentados
con el ingreso de tres socios más.” Los socios propusieron una serie de acciones para
difundir la importancia de la charrería en las regiones de Tamaulipas. Por ejemplo, en la
Villa de Llera los hermanos Sámano y el señor González, organizaron un jaripeo con varios
integrantes de la recién creada sociedad charra.
En noviembre de 1935 se llevó a cabo un programa especial en la Feria y Exposición
en la Ex Hacienda de Tamatán, con motivo del Día del Charro. Al día cuatro se realizó en los
terrenos de la Escuela Industrial, una fiesta charra y desfile de concursantes; calada de
caballos comprendiendo garbo, presteza, movimientos como rayar, cejar, voltear,
etecétera; presentación de los Hermanos Becerril -jineteo, floreo, manganas, levantar la
chiva- y en el Teatro Juárez, representación con el cuadro artístico de Ciudad Victoria.
A finales de 1937 se realizó una gran Fiesta Charra en la Plaza de Toros Victoria, en
beneficio de la Escuela Industrial Álvaro Obregón. Hubo desfile de chinas poblanas y
charros; manganas a pie y a caballo; lidia de novillos por el potosino Jacinto Cruz Torres y
actuación del temerario charro mantense Guadalupe Partida, experto en floreo de reata y
la audaz suerte el “Paso de la Muerte” es decir, pasar en plena carrera de un caballo manso
a una yegua bruta.
El gobernador don Magdaleno Aguilar Castillo, montaba a caballo y era aficionado a
la charrería. Durante el verano de 1943, asistió a una “Charlotada” en la plaza del ejido La
Libertad donde hubo barbacoa, música tradicional, bailes regionales y lidia de cuatro toros
por los Bufos Regiomontanos. Los números de charrería, estuvieron a cargo de Chacho y El
Realista Norteño. Las actuaciones especiales correspondieron a Guadalupe Partida, con
“sus mejores suertes, clásicamente charras” y los cómicos Don Chón Tanacio y Doña
Remedios.
Hacia 1950, la Asociación de Charros de Victoria se había consolidado notablemente
y atrajo numerosos simpatizantes. En septiembre de ese año, sus miembros realizaron una
importante actividad con motivo de su fundación nacional. Se trató de un desfile de
personajes con el traje típico por diferentes calles. A la cabeza del contingente iba su reina
Ileana Saldívar, vestida de China Poblana. Después acudieron al Casino de Tamatán donde
degustaron de platillos típicos y bailes tradicionales. Cuatro años más tarde, La Asociación
Juvenil de Charros integrada por Gil Aguilar, Juan Antonio Martínez, Juan Franco, Antonio
Castillo, Rogelio Domínguez y Ernesto Ibarra, brindaron una charreada a su guía Isidoro
Sámano en el Rancho Santa La Victorina de Las Palmas, propiedad de Manuel Iglesias.
En 1956 durante el gobierno del doctor Norberto Treviño Zapata, se inauguró el
Lienzo Charro de Tamatán. Para entonces el gremio había sumado a sus filas a Tomás
Guillén Peña, Carlos Canales, Carlos Martínez Carrouché, José Martínez Gómez, Pablo
Beltrán, Espiridión Campos, Jorge Bello, Hermelindo Hinojosa, Magdaleno Aguilar Jr.,
Máximo Reyna, Eligio Ramírez y otros.
En 1960 se realizó en Victoria el Congreso Nacional Charro, donde participó la hija
del gobernador Teresa Treviño García Manzo -fallecida el próximo año-, integrante de la
delegación de charros de la UNAM. En esa época de entusiasmo desbordado, se integró la
escaramuza con varias jóvenes mujeres de la localidad que embellecieron aún más la
práctica del llamado deporte nacional. Algunas de las pioneras del gremio femenil en la
capital tamaulipeca fueron Lolys Galván Bernal, Gloria y Coty Bello Villegas, Carolina
Rodríguez Flores, Conchita Martínez Arteaga, Blanca Amalia Cano y otras.
Patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, la charrería continúa vigente
en México y con mucho impulso por quienes la practican en varios municipios de
Tamaulipas, donde han surgido jinetes expertos en el dominio de las suertes. La Asociación
de Charros Gral. Pedro J. Méndez de Ciudad Victoria, es un gremio que desde su creación
ha recibido importantes reconocimientos en congresos y competencias internacionales.
(El Tiempo Ilustrado, 1910/09/10, La Sociedad/septiembre 6 de 1865; El Gallito
Septiembre 30/1930; El Gallito, noviembre de 1935 y Agosto/19/1943; La Patria
/1909/10/12 y El Nacional/1900/9/3).

Discussion about this post