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Bernardo Zorrilla y El Henequén

Por: Agencias
diciembre 8, 2021
in Opinion
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Desde la época colonial los habitantes de la zona semidesértica de Tula, Jaumave y
Palmillas, descubrieron que las hojas del zapupe se podían convertir en hilo vegetal para
elaborar reatas, lienzos y otros enseres propios del campo. Pero definitivamente, uno de
los productos que detonó la economía de esta región fue la fibra de lechuguilla, exportada
a Europa durante el porfiriato por los hermanos Bernardo y José Zorrilla Beltranilla,
Rudecindo Montemayor, José F. Montesinos, Canuto Martínez y otros hacendados
establecidos en Ciudad Victoria.

A finales del siglo XIX, correspondió al coronel Manuel González realizar
experimentos de un sembradío de henequén en la Hacienda de Tamatán. Como lo señala el
artículo “El Henequén en Yucatán y Tamaulipas” de La Revista El Agricultor Moderno,
González fue el primero en experimentar sobre este cultivo en el noreste mexicano, al traer
de Yucatán varios ejemplares de una de las siete variedades de la planta: “…que se han
reproducido de una manera asombrosa; al principio se creía que las heladas que año con
año frecuentan aquella zona fuesen motivo para la no reproducción; pero después de
algunos años de observación se vino en conocimiento que no perjudicaban los hielos a la
planta.”

Definitivamente el gran mérito de la introducción de este cultivo en Tamaulipas, fue
don Bernardo Zorrilla quien, al conocer sus bondades y características decidió retomar el
proyecto agrícola que generó tantos beneficios. La presencia de este personaje, se remonta
alrededor de 1870 cuando llegó a Ciudad Victoria, para involucrarse en las actividades
comerciales de sus paisanos Francisco Cortina y Pablo Lavín.

En 1883 contrajo matrimonio en la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio con
Mercedes Gómez Méndez, perteneciente a una de las mejores familias de la localidad,
procreando dieciséis hijos -ocho hombres y ocho mujeres-. Filántropo por convicción, se
convirtió en uno de los empresarios más adinerados de la localidad, dueño de numerosas
fincas urbanas y rústicas del primer cuadro de Victoria. Además fue propietario de las
Haciendas Los Nogales, Canoas, Montecristo y accionista del Banco de Tamaulipas. Tenía
una estrecha relación con el clero católico, gobernadores y principales políticos de
Tamaulipas y la capital del país. Era tanta su riqueza, que en 1901 otorgó un préstamo al
gobierno de Pedro Argüelles.

Porfirista de hueso colorado, apoyó al presidente Díaz hasta su última reelección en
1910. Cuando visitaba la capital del país con su familia, reservaba habitaciones en el Hotel
Palace, cercano a la catedral metropolitana. En cambio, los muebles de su residencia los
adquiría en Europa a través del negocio de Jorge Unna y Cía. De San Luis Potosí. Por ejemplo,
en 1900 llegaron a la casa de Leopoldo Zorrilla una Recámara Enrique II y un juego de
espejos Lohengrin de lo cual que opinaba: “…realmente he quedado complacido pues son
muebles de un gusto exquisito y una elegancia sin igual.”

Inicios del Oro Verde

Considerando que el terreno y clima de la región central de Tamaulipas, reunía las
cualidades similares a la península yucateca, en 1900 don Bernardo estableció el primer
cultivo del henequén del noreste mexicano. Como parte de sus planes agrícolas, envió a
Yucatán a su sobrino Salvador Zorrilla, quien negoció la compra de 200 mil plantas,
desembarcadas en el puerto de Tampico con destino a la Hacienda Las Comas, cercana a
Victoria. Del total de los retoños, únicamente sobrevivieron casi 100 mil, suficientes para
iniciar una de las actividades más exitosas en un sitio, donde se desconocía esa clase de
sembradíos.

El periódico La Patria de dicho año, menciona que en la Hacienda La Yucateca de
Villa de Casas, el señor Bernardo Zorrilla: “…ha mandado plantar este año 600 mil matas de
henequén.” Vale mencionar que mientras habilitaba este cultivo después conocido como
Oro Verde, el español incursionó en la producción de cafeto y minería en un predio de la
Sierra Madre Oriental.

Rápidamente varios hacendados del Cuarto Distrito y alrededores de Victoria, entre
ellos Rudecindo Montemayor, Juan Terán, Aurelio Collado y José Duvallón siguieron su
ejemplo y en conjunto reunieron más de un millón de platas de henequén. Animados por la
propuesta agrícola, un grupo de capitalistas de Illinois, Estados Unidos formaron una
compañía con cien mil pesos oro, para para apoyar la siembra de dos millones de plantas
de la cactácea en la capital tamaulipeca. (La Voz de México).

En 1907 los resultados fueron dados a conocer en la Exposición Ganadera de
Tamaulipas, con las muestras de la planta y varias pacas de henequén de la Hacienda de
Santa Engracia, propiedad de José Martínez y Hermano. En tanto la Hacienda de Santa
María y el propio Bernardo Zorrilla exhibieron: “Plantas de henequén, una planta de
henequén yucateco sembrado en Tamaulipas, planta de zapupe y fibra, una manta de ixtle
grande…tres manojos de ixtle de lechuguilla, una saca, un costal, una reata y una punta de
ixtle….Tamatán, caña de azúcar, piloncillo, henequén…”

Para 1908, las áreas de cultivo se expandieron considerablemente en Tamaulipas.
Fue el caso de los municipios de Tula, Hidalgo, Jaumave, Victoria, Casas y Palmillas donde
empezó a producirse una fibra de mayor calidad que en Yucatán, convirtiéndose en el
principal producto agrícola de exportación nacional. Como hemos mencionado, otra de las
prósperas haciendas era La Yucateca en Villa de Casas. Ese año, rindió su primera cosecha
de “oro verde.” De esta manera en poco tiempo, Zorrilla logró enorme presencia como el
mayor generador de esta planta fuera de la península.

Gracias al trabajo persistente de Zorrilla y sus novedosas aportaciones para el
control de plagas y técnicas de cultivo, los agricultores del sureste pensaron que muy pronto
serían superados por los tamaulipecos. De cualquier manera, el henequén cumplía los
requisitos normativos: “Siete años para madurar, produce cuarenta pencas por planta y tres
libras netas de fibra como término medio. Su calidad y resistencia son en todos los
conceptos como el mejor de Yucatán.”

Aunque en esta época existían opiniones antihispanas entre algunos ciudadanos,
don Bernardo se ganó el cariño de periodistas e intelectuales como el profesor y masón
Juan B. Tijerina, quien escribió en El Progresista: “He aquí a un español de esos españoles
residentes en nuestro país, cuya gran mayoría nos dan una relevante prueba, positiva,
constante de la resulta y leal estima que profesan a México. Españoles como el señor Zorrilla
son los que nosotros hemos defendido y defenderemos, sin miedo a nada y a nadie contra
los indignos ataques…Así somos nosotros agachupinados, teniendo a mucha honra a
dispensar merecida justicia, a esos hijos de la madre patria a cuya laboriosidad, a cuyos
recursos a cuya fe y nobilísimas intenciones debemos los mexicanos una gran parte del
fomento y prosperidad de la nación.”

La única interrupción de la siembra de plantas, sucedió durante los tres años
posteriores a 1913, luego del ataque revolucionario carrancista en la capital tamaulipeca.
Por tal motivo intervino Pío Lagüera Vice-Cónsul Español en Monterrey, quien escribió una
carta a Venustiano Carranza solicitándole que las propiedades de los súbditos españoles
Francisco Armendáriz, Manuel F. Garrido y Bernardo Zorrilla intervenidas por los gobiernos
locales, les fueran devueltas. En 1916, el mencionado empresario español se encontraba en
el mejor momento de su vida, gracias al desarrollo de la industria henequenera en
Tamaulipas. Cosas del destino, ese mismo año falleció en Monterrey, Nuevo León.
(Continúa).

Fuentes: La Voz de México/1886/agosto 27, La Patria Diario de
México/1907/noviembre 7, El Progreso de México, 1908/agosto 30, El Libro de Tamaulipas,
1920/enero/ 1, La Voz de México, 1905/diciembre 29 y La Gaceta Comercial,1900/julio 7

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