Finalmente me decidí a comprar la campana para la cocina, así que, seducida por el
capitalismo, esperé el Buen Fin para ver ofertas; como aun no estoy totalmente
convencida de las ventas en línea, vi algunas promociones locales en internet y
encontré el modelo que quería en una de las más grandes mueblerías de la ciudad.
Cuando llegué a la tienda había un montón de empleados en la entrada, libreta
en mano esperando, tal vez a la multitud de clientes que aún no llegaban para
aprovechar las grandes ofertas, aquello estaba totalmente desolado. La persona que
me recibió en el filtro fue la misma que me preguntó que buscaba y me acompañó hasta
donde estaban los muebles de línea blanca.
Antes de que le dijera qué marca y modelo buscaba, se adelantó mostrándome
la primera campana que estaba en el pasillo de exhibición, le dije que no quería una así
porque ya había tenido una parecida y que los botones de encendido y apagado se
descomponían fácilmente, que buscaba un modelo que fuera de swich; me dijo que no,
que ya no había, que no las fabricaban, seguí caminando hasta llegar al fondo del
pasillo donde se encontraba el modelo que había visto en internet, le dije que sí había,
que las había visto en la página web de la tienda y que eran como las que estaban al
fondo. Molesta me preguntó “¿cuál página?”, “pues la de ustedes” le dije.
Le hice algunas preguntas técnicas, las cuales me respondió con varios “no sé”,
“así vienen” “no sabría decirle”; tantos no, me hicieron sentir incomoda con su trato,
noté hostilidad, molestia y enfado en sus respuestas. La gota que derramó el vaso fue
cuando le pregunté por unas manchas negras que traía el supuesto acero inoxidable
del que decía estaba fabricada. Con la uña le empezó a rascar y me dijo, “pues es
mugre, lávela cuando se la entreguen” le respondí con asombro “pero es nueva” a lo
que replicó en tono de regaño “pues todo lo que llega a su casa tiene que lavarlo”.
Entonces entendí que su hostilidad hacia mí era real, le dije que no me estaba
gustando su trato, que no me sentía cómoda, que mejor llamara a otra persona para
que me atendiera, me respondió un par de cosas que no escuché porque su tono era
ya un tanto altanero. Tengo por costumbre no comprar en lugares donde me tratan mal,
me hace sentir como si me hicieran un favor, son groseros, antipáticos o altaneros con
el cliente, donde ponen trabas, engañan o condicionan.
El modelo era el que yo buscaba y el precio también, pero recordé que en este
mundo capitalista el consumidor tiene el poder de decidir cuándo y dónde comprar y
más si la oferta en el mercado es mayor que la demanda. Salí de la mueblería sin hacer
la compra ante la mirada de asombro de los vendedores y reviré diciéndoles que era
necesario el buen humor para poder vender.
Cuando comenté el incidente con mis compañeros de trabajo, al unísono me
dijeron que ellos preferían ir a la mueblería Villarreal porque ahí el trato era mucho mejor
y que los empleados siempre estaban de buen humor “a poco no sabes que ahí siempre
tratan mal a la gente, además son muy hostiles cuando cobran los abonos y los precios
son más caros”.
Intenté hacer la compra directa en la página web de la fábrica que anunciaba
hasta 50% de descuento y envío gratis a toda la república mexicana; elegí el modelo y
llené mis datos pero antes de pagar me apareció un aviso señalando que no hacían
entregas en el lugar donde vivía.
Y como la internet siempre nos espía, me apareció la promoción del producto en
Liverpool, donde costaba 500 pesos menos la dichosa campana; así que me lancé en
corto a comprarla en línea, durante dos día intenté sin éxito porque al final de la
operación aparecía un anuncio que decía: “operación sin éxito, favor de intentarlo más
tarde”.
Hace algunos días un compañero de trabajo nos ofreció cobijas que vende por
catálogo, le pregunté por los colores y precios, me mostró una amplia gama y me ofreció
facilidades de pago, le hice un pedido y a las dos horas llegó alguien a dejarle el
producto que me entregó antes de la salida. Al día siguiente llegó con más, porque otros
compañeros también le habían comprado; él estaba contento con la venta, nosotros por
las cobijas que habíamos adquirido con toda comodidad, rapidez y facilidades.
Se ha priorizado durante la pandemia la reactivación económica sobre las
acciones del cuidado de la salud y hay preocupación porque la gente no ha respondido
como se esperaba en el Buen Fin, como tampoco en la apertura de los puentes
internacionales, ni en la asistencia de la Feria en Ciudad Victoria y me parece después
de mi experiencia de compra que muchos aprendimos durante el confinamiento, a
consumir y gastar de forma más consciente y ordenada, creando una economía
comunitaria, donde le compramos a los pequeños vendedores, al amigo, al compañero
de trabajo, porque nos tratan mejor, el servicio es más expedito y mantenemos vivas
nuestras comunidades, lo que se traduce en una forma también de derrotar a los
grandes capitales, las corporaciones y al capitalismo salvaje.
E-mail:claragsaenz@gmail.com

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