Es todo un desafío enfrentar la vulnerabilidad a enfermedades y trastornos que se pueden
presentar en las personas de la tercera edad, y más aún cuando en ocasiones este sector de
la población está en desamparo o en el olvido familiar.
Sin duda alguna, que los abuelitos realizan aportaciones valiosas a la sociedad como
miembros activos de la familia, voluntarios y participantes activos en la fuerza de trabajo, y
aunque la mayoría de ellos puedan tener una buena salud, muchos corren el riesgo de
presentar trastornos mentales, enfermedades neurológicas o problemas de consumo de
sustancias, además de otras afecciones, como la diabetes, la hipoacusia o la artrosis.
Sin pasar por alto, que a lo largo de la vida son muchos los factores sociales, psíquicos y
biológicos que determinan la salud mental de las personas, y aunado a las causas generales
de tensión con que se enfrenta todo el mundo, muchos se ven privados de la capacidad de
vivir independientemente por dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad u otros
problemas emocionales o físicos, de modo que en algunas ocasiones puedan necesitar
asistencia a largo plazo.
Además, entre los ancianos son más frecuentes experiencias como el dolor por la muerte de
un ser querido, un descenso del nivel socioeconómico como consecuencia de la jubilación,
o la discapacidad, todas estas condiciones pueden ocasionarles aislamiento, pérdida de la
independencia, soledad y angustia.
Y a todo lo anterior añadiré; que la salud mental influye en la salud del cuerpo, y a la
inversa, por ejemplo, los adultos mayores con afecciones como las cardiopatías presentan
tasas más elevadas de depresión que quienes no padecen problemas médicos y por el
contrario, la coexistencia de depresión no tratada y cardiopatía en una persona mayor puede
empeorar esta última.
Se debe tener en cuenta que a veces son vulnerables al maltrato, sea físico, psicológico,
emocional, económico o material; al abandono; a la falta de atención y a graves pérdidas de
dignidad y respeto.
Y de acuerdo a datos actuales indican que una de cada 10 personas mayores sufre maltrato,
y este no se limita a causar lesiones físicas sino también graves problemas psíquicos de
carácter crónico, como la depresión y la ansiedad, Alzheimer y demencia senil entre otros.
Se sabe que el trastorno de la senilidad, se presenta como un síndrome que se caracteriza
por la mengua de la memoria y la capacidad de pensar, alteraciones del comportamiento e
incapacidad para realizar las actividades de la vida cotidiana, afecta principalmente a los
ancianos, pero no es una parte normal de la vejez.
Se calcula que en el mundo hay unos 47,5 millones de personas aquejadas de demencia, y
se prevé que el número de estas personas aumentará a 75,6 millones en 2030 y a 135,5
millones en 2050; además, la mayoría de esos pacientes vivirán en países de ingresos bajos
y medianos.
Teniendo en cuenta que la demencia lleva aparejados problemas sociales y económicos de
envergadura por lo que toca a los costos de la asistencia médica, social e informal que
impone, por otra parte, las presiones físicas, emocionales y económicas pueden agobiar a
las familias, tanto las personas aquejadas como quienes las asisten necesitan apoyo
sanitario, social, económico y legal.
Y abordando en profundidad, el tema de estas afecciones y el desamparo en que se puedan
ver involucrados este sector de la población el Gobierno del Estado, no ha quitado el dedo
del renglón para abrazar esta causa y darles el total apoyo a las personas de la tercera edad.
Y es que constituye toda una prioridad para el Sistema DIF Tamaulipas, accionar para
mitigar carencias, circunstancias de los abuelitos por lo que la estrategia de la “Alerta
Plateada”, sigue caminando en pro de la vejez y dando buenos resultados.
Esta acción consiste en dar atención a las adultos mayores en riesgo de extravió o
desamparo, y la mecánica es de esta forma, por inicio de cuentas se hace un padrón de
ancianos que presente riesgos vulnerables a algún trastorno neurológico o cualquier otra
condición desprotegida.
Y bueno a partir de ahí , a todos los abuelos registrados, se les entrega una pulsera color
plata con el logotipo del DIF, así como con el número 911 y 075 y con número de folio
previamente asignado con el fin de que si llegaran a extraviarse se les puedan localizar.
Algunos se muestran renuentes a portarlas, pero son los mismos familiares quienes por su
seguridad, los convencen para que lleven su pulserita plateada, en caso de que llegaran a
perderse y no pudieran llegar a sus hogares.
Por lo que la Procuraduría de la Defensa del Adulto Mayor del DIF estatal, hace hincapié
para que sigan estas medidas precautorias, para que los ancianitos sean protegidos y tengan
calidad de vida, ya que ellos entregaron lo mejor y ahora aportan su experiencia y
sabiduría.
Nos vemos en la próxima
gidateran@yahoo.com.mx

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