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Cajón de Sastres

Por: Agencias
septiembre 29, 2021
in Opinion
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Puso el sastre Fantasía,
a su puerta este letrero:
aquí se hacen con esmero,
trajes al gusto del día.

En cada traje, existe una obra de ingeniería plasmada por los sastres. Al rememorar
la historia del vestido, encontraremos una relación estrecha con la elegancia y buen gusto
para mostrarse atractivo y seductor. Cuando observamos fotos antiguas, llama la atención
el uso cotidiano del traje entre la clase política y burócratas, quienes resaltan buenas
costumbres, imagen, estilo y personalidad. En cierto modo gracias a esos atavíos, los
caballeros podían aspirar a un mejor cargo laboral.

Definitivamente, los sastres desempeñaron un papel importante en este contexto,
debiendo mantenerse actualizados en la tendencia de las modas. Aunque en aquellos
tiempos existían métodos y manuales prácticos del arte de cortar sin maestro, los
practicantes de este oficio, se iniciaron como aprendices en modestos talleres de la ciudad.
En cambio, los grandes maestros del trazo y la tijera llegaron de París.

Entre 1848-1854 operaban en Victoria cinco sastres, todos solteros: Ventura Reyes,
Bruno y Sixto López de Nava, Juan Medina y Francisco Martínez suficientes para atender la
demanda. Ejercer esta actividad, representaba una enseñanza permanente y enorme
responsabilidad porque los clientes depositaban en sus manos la confianza, finos casimires
y otros géneros de textiles para la hechura de trajes, corte de pantalones, remiendos, ojales,
camisas y bastillas valencianas. Para crear una prenda de vestir a la medida, era necesario
la concentración, por ello los trabajadores de su gremio preferían laborar solitarios in que
nadie los distrajera. Por otra parte, el mejor momento para lucir un llamativo atuendo eran
las bodas, quinceañeras, bailes, bautizos y graduaciones.

Durante mi infancia, raramente la familia solicitó los servicios de un sastre. Aunque
existían de varias categorías y precios, quienes los contrataban gozaban de recursos
económicos para adquirir casimires y pagar la confección de alguna prenda de vestir. Mi
primer acercamiento a una sastrería, sucedió con mi tío Max Peña Ramos quien además de
ejercer otros conocimientos era sastre en Anáhuac, Nuevo León. El entorno de su negocio
lo conformaban máquinas de cocer, géneros, botones, tijeras, cintas métricas, dedales,
agujas, planchas, hilos, ganchos, maniquíes y figurines.

Anteriormente, para ejercer la carrera de abogados y maestros era indispensable
vestir de levita o traje. Los funcionarios de gobierno portaban trajes de finos casimires
ingleses, en cambio en la actualidad presencia se desfiguró con camisas de algodón y
logotipos bordados en serie. En los últimos años, poca gente acude a solicitar los servicios
profesionales de los sastres. En este sentido, todo indica que es un trabajo en extinción,
aunque todavía podemos encontrarlos en Victoria en plena actividad. Para algunos jóvenes,
este oficio representa una evocación de tiempos y costumbres pasadas. Para colmo, los
trajes se usan menos, los peluqueros fueron sustituidos por estilistas y los sastres por
costureras, debido a los avances de la industria textil, alquiler de ropa y proliferación de
maquiladoras textiles en todo el mundo.

¿Cómo era la mentalidad de los antiguos sastres? Aunque hubo revolucionarios que
ejercieron este oficio como Benjamín Argumedo; algunos se distinguen por su carácter
huraño, sencillos, pacientes, discretos, a veces depresivos y poco sociales. Las generaciones
sobrevivientes de aquellos años, aún recuerdan las antiguas sastrerías donde sus familiares
ordenaban su ropa, trajes de pantalones amplios, chalecos entallados, sacos de hombreras
y botonadura cruzada. Los mejores consumidores de estas prendas eran los políticos,
burócratas, comerciantes y hacendados. En cambio las clases bajas, obreros, campesinos y
ferrocarrileros se conformaban con prendas de mezclilla y algodón, resistentes al trabajo
rudo.

Las sastrerías eran espacios exclusivos para hombres, en cambio las mujeres
acudían a las costureras a elaborar diseños para fiestas, bailes y ceremonias. Los primeros
talleres se anunciaron en los periódicos El Alba Roja y El Contemporáneo del siglo pasado.
Entre ellos Gilberto Rojas Tamez, socio de la Sociedad Alianza Obrera Progresista y experto
en “… Trabajos de todas Clases, pues cuenta con empleados de los mejor.” Respecto al Club
de Trajes y Sastrería E. Barocio de Monterrey, su representante en Victoria era Maclovio de
la Fuente.

En 1912, desempeñaban el oficio más de 15 sastres en diferentes negocios de la
localidad. El censo poblacional no especifica su lugar de origen, pero consigna el domicilio
de residencia: Francisco Berlanga, José Jiménez, Federico Hernández, Alfredo Pérez,
Lorenzo Hernández, Jesús Silva, Atilano Limón, Bardomiano Velarde, Rafael Peralta, Felipe
Aguilar, Quirino Wisar y Guillermo Balboa. Algunos se agruparon en el Sindicato de Sastres
y Similares en esta capital.

La mayoría de las sastrerías, estaban ubicadas en la calle Hidalgo del primer cuadro
de la localidad, por ejemplo la Sastrería Badillo anunciada en el periódico El Duende. Como
parte de la publicidad, su propietario Plutarco Badillo miembro de una familia de artesanos
-Eulalio (zapatero) y Ascención (tablajero)- prometía satisfacer el gusto más exigente,
ofreciendo trajes al alcance de todas las fortunas. Disponía servicio extra de limpieza y
planchado de ropa, con recepción y entrega a domicilio. En 1928, destacaba la Sastrería
Monterrey “…La Preferida de la Gente Chic.” -9 y 10 Hidalgo- del maestro Jesús de la Cerda,
con lavado, planchado y desmanchado de ropa. En plena recesión económica, ofrecía trajes
a la medida a 18 pesos: “A pesar de la crisis aguda porque estamos atravesando,
proporciona a sus clientes las mejores comodidades para vestir.”

Inspirado en el verso: “Tinajero de los Sastres el Primero” la Sastrería Tinajero se
anunciaba en el periódico El Gallito -1937-. En ese momento los Hermanos S. y José Tinajero
M. gozaban de prestigio entre la clientela y numerosos amigos acudían a visitarlos en el 7 y
8 Hidalgo. “El cortador de estilo” y moda era S. Tinajero garantía de originalidad, elegancia,
distinción y satisfacción. Para complementar el atuendo, los hermanos vendían sombreros
marca Noname Hats. En el 21 Mina del Barrio del Pitayal vivió Don Amado un sastre de
cuerpo ganchudo, diseñador exclusivo del gobernador Magdaleno Aguilar Castillo.

Gracias a la enorme demanda, el gremio de costureros empezó a crecer y surgió la
Sastrería La Elegancia en la planta baja del Hotel Victoria, uno de los centros de hospedaje
más importante de la localidad. En 1945 su propietario Epifanio Jiménez Ruiz ofertaba
casimires en colores de moda, especialidad en trajes a la medida y “…hechura perfecta de
trajes, conforme a catálogo.” En esa época se estableció la Sastrería y Tintorería Monterrey
en la calle Juárez, con servicio incluyente para damas y caballeros con lavado de ropa fina.

El sastre Cedillo de “…los trajes finos y cortes geométricos a cómodos precios,” también
tuvo su fama y calaveras literarias del Heraldo de Victoria en los años cincuenta. Otros no
menos célebres fueron Arriaga, José Hernández y Efraín Gutiérrez originario de Galeana,
Nuevo León.

Los sucesores de aquellas generaciones pioneras de célebres sastres, hicieron su
aparición a partir de la década de los cuarenta de los cuales sobreviven pocos. José Velarde,
Alfonso Torres (1936-2021) -recientemente fallecido/14 y 15 Guerrero-, Juan Guevara
(Jaumave/1940) especialista en trajes, Roberto Saldaña -11 Morelos-, Diego C. Maldonado
-Graduado en el Instituto Politécnico Internacional de México/Juárez 16- , José Márquez –
10 Hidalgo y Juárez-, José Dávila -10 Hidalgo y Morelos-, Humberto Gallardo -15 y 16
Berriozabal-, El Barón Rojo -9 y 10 Juárez- y Fidencio Santiago -Morelos 9 y 10-.
Indudablemente los sastres de antaño le tomaron la medida a numerosos
victorenses.

Hablamos de un noble oficio donde la destreza, creatividad y diseño eran
fundamentales para su trabajo. A diferencia de los peluqueros, una de las características de
los sastres es la discreción y concentrase exclusivamente en su trabajo. En resumidas
cuentas, muy bien pueden definirse en un antiguo dicho: “El sastre corte y cosa, y no se
meta en otra cosa.

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