CD. DE MEXICO, 13 DE AGOSTO DE 2021.-La pobreza económica y de desarrollo social de los mexicanos se acentúa cada vez más. De 126 millones de habitantes que tiene el país (datos del INEGI de 2020)
55.7 millones están ahora mismo en condiciones de pobreza, incluidos más de 10.8
millones que enfrentan una situación de pobreza extrema; esto equivale a un
crecimiento del 24 por ciento, con relación a 2018.
Los incrementos sumados (pobreza y pobreza extrema) en los primeros dos años
del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador –los datos corresponden
a 2019 y 2020—aumentaron en 3.8 millones de personas, con mayor afectación a
la población rural y a los habitantes de las áreas periféricas urbanas de todo el país.
De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de los Programas
Sociales (CONEVAL) del gobierno federal, en los primeros dos años de gestión,
2019 y 2020, el número de pobres señalado, padece desnutrición por una
alimentación incompleta y, además, carecen de esquemas apropiados de vivienda
y la educación es deficiente.
La caída de los ingresos de la población económicamente activa, se ha debido a
varios factores, entre los que destacan la falta de planeación económica en todas
las ramas productivas; a la ruptura de acuerdos entre el gobierno y el sector privado;
en la baja promoción de inversiones extranjeras en México, y en la creencia del
propio presidente de que todo lo puede hacer el gobierno.
En el caso particular de nuestro país, coincidió la pandemia con el inicio de un
gobierno sin experiencia en administración pública. Se le ocurrió concentrar los
recursos presupuestales en una gran bolsa y, de manera conjunta con la Cámara
de Diputados, dominada por legisladores del partido político en el poder, distribuirlos
a conveniencia.
Así, se dio preferencia al desarrollo de una serie de programas sociales y a la
aplicación de grandes inversiones con cargo al presupuesto federal, sin considerar
la opción de compartir inversiones con los demás sectores nacionales e incluso con
financiamientos externos.
Los grandes proyectos de infraestructura hidráulica, por ejemplo, se financiaron en
el pasado con recursos nacionales y de procedencia extranjera. De lo contrario,
jamás hubiera llegado México a ser el sexto en el mundo, con superficies agrícolas
incorporadas a sistemas de riego. En la actualidad no hay presupuesto para
incorporar nuevas tierras con fines de irrigación.
El gobierno de México se ha conformado con el creciente ingreso de divisas o
remesas que envían nuestros connacionales como producto de su trabajo en
Estados Unidos, que, en los últimos dos años, han llegado a promedios de 40 mil
millones de dólares anuales.

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