La política de estos tiempos se asemeja alegóricamente con el juego mecánico de la “rueda
de la fortuna” en donde el vaivén giratorio de arriba, en medio, abajo y viceversa de los
candidatos que jugaran este 6 de junio en las esperadas urnas, será para algunos un golpe
de suerte.
Y es que en la actividad de girar de la “rueda de la fortuna” en este movimiento circular,
algunos políticos dan vueltas, ya abandonaron sus domicilios que los vio nacer y han
cambiado de partido por el fin que persiguen.
Tanto es así que desviaron dirección y convicción partidista, buscando la altura de la
fortuna, tal vez con hechos de poca confiabilidad, es por esta razón que sorpresas puedan
pasar en las casillas de este próximo domingo
Y es que aunado a tantas circunstancias adversas como el de padecer todavía esta pandemia
del COVID 19, que nos ha hundido en crisis económicas, de duelo, desempleo y de
incertidumbre, todo esto repercutirá a la hora de emitir el voto.
Además que no ha habido políticas de desarrollo social con resultados visibles, y la
inflación va a todo galope, pues el poder adquisitivo es cada vez más limitado por lo tanto
no hay claridad ni certeza del bienestar social.
En cuanto a los contendientes, que se le jugaran este proceso electoral, cuenta mucho el
tipo de proselitismo que realizaron así como del capital político acumulado, aunque a decir
verdad, el hartazgo de la población en relación a las mismas caras y a promesas
incumplidas, será un factor determinante en los resultados.
Humildad, “virtud de los grandes”.
Sin duda alguna que los seres humanos en ocasiones van acicalados para alcanzar el
reconocimiento, la notoriedad, relevancia, y van por sus senderos llenos de vanidad,
deseando ser admirados por todos para satisfacer su ego.
Y es que esa admiración excesiva y exagerada hacia ellos mismos, con sus supuestos dones
y capacidades, los lleva al más alto narcisismo, dejando a un lado, uno de los verdaderos
poderes que tenemos en nuestra mano pero que muchas veces desdeñamos, me refiero a la
humildad.
Es esa gran virtud del ser humano, contraria a la soberbia, que sirve para reconocer las
propias debilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas en las relaciones con los
demás, poniendo lo mejor de uno mismo y sacando los mejores valores de quien tienes
enfrente.
Se necesita grandeza del alma, para andar con prudencia y sencillez, es cierto que hay
temor que vean su vulnerabilidad, sus debilidades, sus puntos flacos y limitaciones, no
obstante este valor traerá fortaleza.
Pues casi siempre la sencillez abre las puertas que la prepotencia cierra, porque el poder de
la humildad demuestra valentía, fortaleza y confianza en uno mismo, engrandeciendo a las
personas dotando de prudencia a la vista, a la escucha y a la palabra.
Los humildes dan lecciones de vida a la humanidad envidiosa, egoísta y vanidosa, ya que es
el mayor signo de sabiduría porque descubren el arte de vivir y de saber conducirse en la
vida.
Se estima que la verdadera humildad necesita hacer un análisis realista de nuestras
capacidades, reconocer nuestras limitaciones y abrirnos a nuevas ideas. ¿Cómo vamos a ser
capaces de hacer todo lo anterior si no tenemos una saludable autoestima? y es que una
persona egocéntrica nunca podrá llegar a este nivel porque no querrá ver sus defectos,
como tampoco podrá descubrir sus cauterizadas virtudes.
Es importante, reconocer las limitaciones propias con el fin no de tirarse al abandono si no
de luchar por superarlas, jamás compararse con otras personas ya que todos somos
distintos, y es que casi siempre en las comparaciones las posibilidades cuando hay baja
autoestima son de perder.
Hay que fortalecer el mantenimiento de nuestras capacidades y logros en constante
perspectiva, pero hay que cuidarnos del perfeccionismo, pues es un enemigo acérrimo de la
humildad que más tiene que ver con el deseo inmaduro de colmar expectativas que con el
trabajo bien hecho.
Hasta la próxima.

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