Han pasado ya 83 años de la expropiación Petrolera de México, desde
aquel 18 de marzo en que el presidente Lázaro Cárdenas, hizo tal
anuncio para regresar al país, el control de los hidrocarburos, que
dicho sea de paso, dicha acontecimiento le costó y aún sigue costando
a todos los mexicanos su pago por expropiación.
Las filas de mexicanos con chivos, gallinas y cuanta cosa tenía algún
valor, aún son recordadas con cierto valor patriótico de esos
mexicanos que acudieron al llamada del presidente Cárdenas.
Tener bajo control la administración de los hidrocarburos, ser único en
este ramo, y no permitir por años la libre competencia, trajo consigo
problemas políticos e ideológicos, como los que se viven actualmente
en el gobierno de López Obrador, que aferrado a la cerrazón y ha no
competir en el mundo, inyecta recursos públicos a Pemex, para su
capitalización convirtiéndose hasta hoy en día en un barril sin fondo y
el peor de los negocios de este gobierno transformador, dejando en
números rojos a la empresa productiva del estado y una deuda pública
mayor.
Han pasado 83 años, de despilfarros, de administrar la abundancia
como lo dijo en algún momento otro López, pero este llamado José
López Portillo, que después de la caída del petróleo, hizo de esta
empresa la peor pesadilla del gobierno en ese momento de estatismo
económico.
Si es cierto, ha existido el saqueo de Pemex, el Huachicoleo de
muchos años, el robo de hidrocarburos en los pozos de alta mar y
tierra, que por muchos años se significado el enriquecimiento de unos
pocos y la pérdida de muchos mexicanos, que pagan en el alto costo
de las gasolinas el precio de la ineficiencia de la paraestatal.
Efectivamente son 83 años de robos y saqueos, que en este gobierno
de la 4T, tampoco han parado, ni disminuido, al contrario se han
disparado bajo la cortina de humo del combate a la corrupción, en este
momento a Pemex lo saquen más, tiene precios más caros que el
sexenio anterior, y las gasolinas siguen siendo la caja chica del
gobierno federal y del SAT, que a través de IEPS, sustrae los recursos
que no puede adquirir en base a una mejor planeación recaudatoria.
A 83 años de la expropiación ningún mexicano ha disfrutado de
gasolinas baratas, salvo aquellos que no la pagan, como políticos y
funcionarios privilegiados, ningún mexicano ha recibido en 83 años un
bono en efectivo de las ganancias de la petrolera, salvo aquellos
políticos y administrativos de esa empresa, que llenan sus cuentas en
el extranjero y sus cajas fuertes.
En más de 8 décadas de ¡soberanía energética! Ningún mexicano
sabe exactamente a donde van a parar los dividendos de la venta de
petróleo, salvo los políticos, a ningún mexicano le dan una explicación
de las ventas, salvo al presidente y al consejo de administración de
PEMEX, al servicio del presidente en turno.
Aún siguen los mitos, de que para el presidente en turno existen
reservadas ganancias de pozos petroleros, que no aparecen en el
sistema de PEMEX, y que representan ingresos en efectivo y netos
para el mandatario del sexenio, dichos solo de voces, pero no hay
nada comprobado, solo leyendas urbanas.
Han pasado 83 años y hoy Pemex está sumido entre fierros viejos,
entre las gasolinas más caras del mundo, y en medio de una lucha
ideológica y empecinamiento de un presidente que no cree en la
competencia como una forma de mercado global; dejando a la
empresa del estado en una situación desfavorable en el contexto
mundial.
Al tiempo.







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