“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar…”.
¿Y quiénes son los que juzgan? Los jueces. Y ahí lo vamos a dejar quietecito.
Ahora, vean, a lo que Cristo es heredero, nosotros somos herederos también, porque
somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro, dice San
Pablo en Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante (14 hasta el 25). Por ahí nos habla
también de la manifestación de los hijos de Dios, la cual la Creación completa gime a
una por esa manifestación de los hijos de Dios, que es…, la manifestación gloriosa de
los hijos de Dios, que es la adopción, o sea, la redención del cuerpo: la resurrección de
los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, para todos tener
cuerpos eternos, y estar como reyes y como sacerdotes y como jueces.
Y ahora, estaremos en y con un cuerpo eterno, y así seremos a imagen y semejanza de
nuestro amado Señor Jesucristo. Y estarán perfectos, a imagen y semejanza de Cristo,
todos los que reinarán con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.
Y vean ustedes, en ese Reino tendremos las tres posiciones más importantes,
juntamente con Jesucristo nuestro Salvador; pero por cuanto Él es la cabeza : Él es el
Sumo Sacerdote, y nosotros sacerdotes con Él; no del orden terrenal de Leví y Él
tampoco del orden terrenal de Leví, ni descendiente del sumo sacerdote Aarón, sino
siendo Melquisedec; por lo tanto, del Orden de Melquisedec es que Cristo es Sumo
Sacerdote. Por lo tanto, no ministró en el templo terrenal llevando al lugar santísimo Su
Sangre, sino que ministró en el Templo celestial llevando Su Sangre al Lugar Santísimo
para hacer intercesión por todos nosotros; como lo hacía el sumo sacerdote terrenal, de
la descendencia de Aarón, el día 10 del mes séptimo de cada año, para la reconciliación
del pueblo hebreo con Dios.
Otro párrafo: La bendición de Abraham pasaría a los gentiles y pasaría a todas las
personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero,
por medio de la predicación del Evangelio, al recibir a Cristo como nuestro Salvador,
lavar nuestros pecados en Su Sangre, y recibir Su Espíritu Santo, y así obtener el nuevo
nacimiento; porque la Bendición de Abraham y esa Primogenitura (Bendición de la
Primogenitura, la Primogenitura) es el Espíritu Santo.
Y ahora, vean ustedes, los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del
Cordero, de los cuales nos habla San Pablo en Hebreos, capítulo 12, verso 22 al 23,
son las personas por las cuales Cristo ha estado haciendo intercesión en el Cielo desde
que ascendió al Cielo.
Extracto tomado del Mensaje: LA ESCOGENCIA DE DIOS
Dr. William Soto Santiago
Viernes, 10 de septiembre de 1999 (Quinta actividad)
Santa Martha Acatitla, Ciudad de México, México
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