Lamentable pero real, la historia nacional evoluciona como los personajes populares
y en la política no es la excepción, incluso en los conflictos internos e internacionales,
donde se despliegan pleitos en todos los niveles.
La pandemia del COVID-19 y ¿las diversas? mutaciones que han surgido al otro lado
del mundo y llegado a este lado; la inseguridad no solo de los mexicanos que sigue
presente, sino en los países que continúan expulsando a sus ciudadanos para encontrar ‘su
sueño México-americano’ y ahora el tema insalvable del general Salvador Cienfuegos
Zepeda.
Alguna vez leí que México, era el traspatio de los Gringos, también la desafortunada
expresión ‘Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos’ que nos sigue ubicando
como el ‘juguete’ de los vecinos.
Nunca en la historia escrita, ni en la rumorología popular del país, hubo noticias de la
detención y encarcelamiento de un mexicano en Estados Unidos, que hubiera figurado en el
gabinete presidencial.
Es cierto que ha habido encarcelamiento de exgobernadores y hasta en el golpe de
estado en Panamá, donde el general Alfonso Noriega, presidente de ése país, fue detenido y
trasladado a E U en calidad de prisionero, donde fue juzgado y sentenciado, allá.
En la detención del general Cienfuegos, México se limitó a sorprenderse, sin
encontrar palabras, explicaciones que justificaran los hechos. Se limitaron a preguntar y ser
respetuosos observadores del proceso.
Para sorpresa vino la desestimación de cargos por la DEA, quizá por la intervención
de Washington, pero no lo fue para los mexicanitos que vieron en los noticieros el traslado
de Cienfuegos a la capital mexicana y ahí fuera juzgado, según el expediente de la DEA.
El que las autoridades nacionales, léase Fiscalía General de la República (FGR),
hayan desestimado las acusaciones gringas contra Salvador Cienfuegos Zepeda y afirmar
que los gringos cometieron errores que ningún juez -agrego- de ningún país puede tomar
como válidas, aunque ‘la investigación estadounidense, sólida, de 8 años,’ se fue a la
basura.
El gobierno mexicano casi desesperadamente ha defendido su postura e insiste muy
enfáticamente que la DEA y a las autoridades estadounidenses, no hicieron una
investigación sólida, sin pruebas que justificaran los presuntos nexos del general
Cienfuegos con el narcotráfico mexicano.
Dice Gertz Manero, titular de la FGR, que los gringos ‘se rajaron’ de llevar a juicio a
Salvador Cienfuegos y con la fuerza que le pueda dar la 4ª T, amenazó que solicitará
un juicio internacional contra de la DEA gringa, además de todas aquellas instituciones
involucradas en el caso del exsecretario de Defensa mexicana, sobre todo, para saber
exactamente por qué se retiraron los cargos de los que se le señalaba. Mejor no le mueva.
Hasta el momento nadie sabe las implicaciones diplomáticas que pudiera acarrearse
México con Estados Unidos, pues sabemos del ‘prestigio’ que un país y otro tienen a lo
largo de la historia individual.
No es de extrañar que, para salvar el buen nombre de las instituciones, haya
represalias gringas contra los mexicanos, en cualquier tema, además que el de Tabasco ha
demostrado su simpatía con el que azuzó a sus compatriotas para tomar el Capitolio, donde
murieron cinco de sus seguidores.
Los norteamericanos por el momento viven su fiesta cívica, no sin el temor de
acciones que pudieran romper la aparente paz social, por lo menos en Washington. Tal vez
reserven la posibilidad de reabrir la investigación contra Cienfuegos Zepeda y no dude que
pudieran sumar a otros políticos importantes… de ayer y hoy.
Hay muchos mexicanos en cárceles del vecino país, incluso varios connacionales de
quinta o sexta categoría, por sentencias judiciales han sido condenados a la pena de muerte.
Lo que nos lleva a preguntar la proporción de norteamericanos en la misma situación.
Vino a mi mente el caso de Florence Marie Louise Cassez Crépin, francesa, acusada
y condenada por tribunales mexicanos a 60 años de prisión, basada en la comisión de los
delitos de secuestro, delincuencia organizada y posesión ilegal de armas de fuego de uso
exclusivo del ejército. El copetes Peña Nieto la regresó sin problemas a su país natal.







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