La llegada de las primeras dosis de vacuna contra la COVID-19, en el mundo y en
México, alimenta la esperanza de volver en un plazo mediato a la normalidad. Así
lo han prometido los gobiernos y los titulares de sus instituciones. Sin embargo
existen personas que ante esta promesa, inevitablemente se están preguntando
¿qué realmente significa “volver a tal normalidad”. Este cuestionamiento está más
que justificado porque, simplemente para ellos la situación que prevalecía antes
del surgimiento de la pandemia, de ninguna manera era suficientemente buena
para su vida y para su desarrollo.
No me refiero solo a los 52.4 millones de mexicanos que viven en pobreza, sino
sobre todo a los que forman parte de los numerosos grupos de población
vulnerable, particularmente de los 7.1 millones de personas con discapacidad. En
uno de cada 5 hogares de México, vive al menos una persona de este grupo
social. Las principales causas de discapacidad son las enfermedades (41%), la
edad avanzada (33%), anomalías de nacimiento (11%), los accidentes (9%) y la
violencia (0.6%). El tipo de discapacidad más frecuente es la motriz. El 10%
presenta limitaciones para hablar. Las más afectadas son las mujeres (54.2%) y los
adultos mayores (49.9%).
Antes de la pandemia, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2017) y de la CONAPRED (2018), la
mitad de las personas con discapacidad se encontraban en situación de pobreza,
el 10% de ellos en pobreza extrema. El 21% de la personas con discapacidad de
15 a 59 años declararon no saben leer ni escribir. Solo el 53.3% tenía seguridad
social y el 48.7% estaba inscrito a algún programa de apoyo gubernamental. No
había registros de los que recibían rehabilitación, de qué tipo y en qué lugar.
Uno de cada cuatro mexicanos piensa que una persona con discapacidad es de
poca ayuda en el trabajo. Por esta razón uno de los principales problemas para
este grupo de población es la falta de empleo y la de accesibilidad en la
infraestructura pública. El 35% de los mexicanos con discapacidad tienen de 15 a
35 años, pero solo el 30% de ellos desempeñaba alguna actividad económica
remunerada. De estos solo la cuarta parte tenía un contrato formal y únicamente el
27% contaba con prestaciones médicas como parte de sus derechos laborales.
Igualmente en cuanto al monto de sus salarios, se reportaba una gran diferencia
entre las personas sin discapacidad y las que tenían esa condición, pues los
primeros recibían un pago de hasta un 150% más que los segundos.
Hoy no queda duda de que la pandemia de COVID-19 que ha sometido a miles de
millones de humanos a un confinamiento mucho más prolongado que cualquier
cuarentena del pasado, ha sino de tal magnitud e impacto sanitario, social y
económico que sencillamente el mundo ya no podrá ser el mismo.
Por lo tanto volver a la “normalidad” que existía antes de la emergencia sanitaria,
además de imposible, es inaceptable. ¿Cómo podrían estar complacidas y
entusiasmadas las personas con discapacidad (y otras en situación de
vulnerabilidad), ante la noticia de que se volverá a la “situación normal” de la etapa
pre-pandemia, si en ella su vida transcurría en la exclusión, la discriminación, la
marginación y la pobreza?.
Pero además con la diseminación y establecimiento prácticamente permanente de
la COVID-19 en todo el país, empeoró la precaria situación de las personas con
discapacidad. Sin embargo, la ausencia de registros y seguimiento puntual y
exacto de cómo bajo la pandemia y el confinamiento ha sido la vida cotidiana de
estas personas, ha cubierto con un velo de desconocimiento y de silencio las
situaciones que han tenido que enfrentar solos, con sus propios recursos y no en
todos los casos, con el apoyo de su familia y amistades.
Así, hasta ahora permanece invisible para la sociedad y las instituciones de
gobierno, ¿Cuántas de ellas perdieron su empleo, cuántas recibieron
efectivamente el apoyo de un programa de gobierno federal o/y estatal, cuál ha
sido el déficit de la atención de sus necesidades, la magnitud de los daños a su
salud, el empeoramiento de su discapacidad por fisioterapias suspendidas, el
monto de los gastos adicionales de sus familias para protegerlos del contagio por
SARS Cov-2, el esfuerzo y el tiempo adicional que sus cuidadores (generalmente
mujeres madres, esposas, hermanas) han tenido que dedicarles que logre una
mínima calidad de vida? ¿Cuántas personas con discapacidad se infectaron,
enfermaron, quiénes de ellas se atendieron en su casa, cuántas fueron
hospitalizadas, se recuperaron o murieron?
Si para una persona que puede ver, oír, caminar y tiene una capacidad cognitiva
normal, ha sido muy difícil protegerse del riesgo de infectarse y en su caso tomar
las decisiones más adecuadas para atenderse por la COVID-19, imagínese Ud. el
grado de dificultad que esto ha implicado para las personas con discapacidad que
presentan un nivel mediano y alto de disfuncionalidad y dependencia.
Todo lo anterior, está sumergido en un gran silencio, porque lo que no se reportó,
registró y midió: no existió. Por lo tanto, esta dura y cruel experiencia de las
personas con discapacidad bajo la pandemia, no dejará aprendizajes que obliguen
al diseño e implementación de políticas públicas, programas y presupuestos de
prevención, atención y cuidado ante la inminencia de otras pandemias.
Las personas con discapacidad son tan invisibles que en las líneas de los grupos
prioritarios a vacunar, no están considerados explícitamente, a pesar del alto
riesgo y vulnerabilidad en que se encuentran.
Con todo lo anterior queda claro que para este año nuevo, a las personas con
discapacidad no les ilusiona “volver a la normalidad”, porque lo que necesitan es
que se aproveche toda esta gran crisis causada por la pandemia, para que de una
vez por todas, se implementen realmente las bases jurídicas, las políticas públicas
y los programas institucionales que lucen tan bellamente escritos en documentos y
pronunciadas en discursos, pero que no han podido crear hasta ahora, esa nueva
realidad social inclusiva, justa y digna a la que aspiran y merecen las personas de
este grupo social.
Feliz año 2021.







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