“A fin de cuentas, la humanidad no es nada más que un sándwich de carne
entre el cielo y la Tierra” Mafalda.
LO CLARO. No existen seres humanos de primera o de segunda. No habría
entonces, diferenciación para impartir o recibir instrucción que le prepare a éste
para la vida.
Así lo refieren en la Reducción de Desigualdades de la Agenda 20-30 que
encabeza la Organización de las Naciones Unidas ONU y que es base rectora
para la instrucción académica de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Referente nacional en el fortalecimiento de inclusión educativa para alumnos
con capacidades diferentes.
A través del programa ConectadODS promueven la inclusión social que
permita acceder a herramientas de mejora para su desarrollo, como la
movilidad estudiantil y acceso a programas de posgrado entre otros.
LO OSCURO. Hoy hablaremos del ‘Dogma’ desde dos puntos de vista
distintos. Esperamos no ser confusos.
El dogma es en esencia la creencia absoluta de una religión, que no puede
ponerse en duda por nada ni por nadie.
Caso primero.
Trasciende hasta nuestros días, la rica cultura gastronómica que da hegemonía
a nuestro país en el mundo. Siendo –como somos- patrimonio de la
humanidad.
De ahí que uno de los platillos por excelencia reconocidos internacionalmente,
es el Tamal zacahuil que se prepara en la huasteca, región cercana a la costa
del Golfo de México.
Pues ahí tiene, que la tradición señala que esta costumbre se convierte en
platillo por los años 1460’s, cuando un recaudador de impuestos era enviado
por Moctezuma o Montecuzoma y aprovechado de su investidura también se
despachaba mancillando honras de jovencitas de los pueblos subyugados.
Tal fue la ira acumulada de aquellas tribus por años que cuando los mexicas se
vieron derrotados, el pueblo tarasco hicieron uso de su venganza en el cuerpo
del violador.
Aquél terminó cercenado y cocido en masa, envuelto en tamales gigantes
convirtiéndolo en carne enchilada con hojas de plátano y papatla.
El dogma ritual prevalece y hoy lo disfrutamos, en forma de tamal contra los
violadores.
El segundo enfoque.
La institución religiosa más antigua del mundo está en la figura de la iglesia
católica, creada por Constantino a través del Primer Concilio Ecuménico en 325
d.C. en la ciudad de Nicea, Turquía.
Sus principios fundamentales –además de profesar el amor al prójimo y
proclamar la existencia de un sólo Dios- también consideraban el erradicar lo
que consideraban malas prácticas en la conducta moral de los hombres (y
mujeres).
Hasta aquí la historia.
El Supremo representante hoy de esta comunidad que alberga a mil trescientos
millones de seres humanos bautizados por toda la faz de la Tierra, es
Francisco I.
Y en un discurso digamos… ‘liberal’ que contradice los criterios impuestos por
dos mil años, señala que, en relación a la unión de personas del mismo sexo
“Son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la
familia a nadie ni hacerle la vida imposible por esto. Lo que debemos crear es
una ley sobre las uniones civiles. De este modo los homosexuales tendrían una
cobertura legal”. Punto.
Una guerra de reconocimiento que lleva más que la existencia de todas las
religiones juntas, hoy ve el apoyo de un clérigo libertario de ideas.
A pesar de no encontrar del todo el pleno reconocimiento de la Santa Sede, el
impulso ‘civil’ que manifiesta al abatimiento de este dogma milenial por parte
del Santo varón, dará espacios para que la iglesia atraiga más feligreses que
ya no tenía.
La iglesia se adapta a los cambios sociales. Así se adaptaría la cultura
novohispana a comer tamales sin hacerles gestos…
Reingeniería humana.
COLOFÓN: “¡Tlanque cualantli!” gritaban las mujeres que comían el tamal (¡se
acabó el problema!).
[email protected]
@deandaalejandro







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