España, 05 de Noviembre 2020. No solo está escrito en el Arrebato, sino que el Sevilla es un equipo que no se rinde nunca, y así lo dejó claro este miércoles en la Champions, luego de derrotar 3-2 al Krasnodar en el Estadio Sánchez Pizjuán, en partido correspondiente a la jornada 3 de la fase de grupos.
Dos goles en contra para empezar y una expulsión antes del descanso cuando comenzaba a ver la luz de la remontada. Un triunfo que vale oro en lo numérico y, sobre todo, en lo anímico. De esos momentos que sacan a un grupo del pozo.
Un disparo lejano de Ocampos, que sacó el meta ruso, y una jugada con muchos rebotes que lanzó Jordán a las nubes cuando era más sencillo marcar que de la forma que finalizó la jugada. Pero el Krasnodar no iba ser medroso como el Rennes.
Tenía estudiado al Sevilla y sabía que con velocidad le podía hacer daño a las espaldas de sus laterales. Una falta en la frontal de Koundé, que tuvo que salir de zona, provocó el 0-1. Suleymanov la clavó por encima de una barrera que saltó por encima de los dos metros. Siguiente ataque de los rusos, tras una jugada un poco embarullada, el VAR avisó al colegiado, que minutos antes había descartado un penalti en la otra área, sobre un pisitón de Koundé (otra vez en la jugada clave) sobre Berg. El sueco hizo el 0-2 de penalti.

El panorama se presentaba aterrador. Un Sevilla que se mueve en ese momento del curso donde aparecen todas las dudas, se colocaba con un partido cuesta arriba cuando su intención inicial era ganar, golear y convencer. Todo el plan a la basura en 20 minutos. Lopetegui zarandeó al equipo con dos sustituciones. Era el momento de activar el plan B o el de emergencias: balones a Navas. El palaciego capitaneó las maniobras por la derecha, con a ayuda de Jordán. Muchos centros sin remates claros, hasta que uno del centrocampista catalán lo conectó Rakitic en el primer palo.
Otra contra extraña, con un balón donde Gudelj y un rival hicieron un bocadillo con sus cuerpos, terminó en pies de Olsson, que sólo tenía a Vaclik a 25 metros como único adversario. Navas trató de corregir corriendo desde lejos y su falta al borde del área le hizo ver la roja. El más difícil todavía. Tocaba remontar sin tu héroe con capa y capitán.
El Sevilla salió con la intención de conseguir el empate cuanto antes mejor, pero viviendo al filo de la navaja. Cada salida del Krasnodar era un parto, con Diego Carlos y Gudelj siempre en inferioridad. De Jong hizo un primer intento con la cabeza. Ocampos, de improvisado carrilero, le comenzó a coger gusto a la posición y le puso un gol franco a Munir, que sacó Kaio con su portero batido. El Sevilla iba a ráfagas.

Y el premio al esfuerzo llegaría con un delantero criticado pero bendecido en determinados momentos: En-Nesyri le dio la vuelta al marcador. Primero, aprovechando un regalo del central Kaio en la presión adelantada junto a De Jong. Batió al portero con la izquierda. Después, aprovechó un saque de falta de Rakitic al área que golpeó en el palo, sin que nadie lo tocase, para meter un derechazo lleno de fe.







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