Lo he dicho en muchas ocasiones la Palabra de Dios escrita en la
Biblia, es actual, es siempre nueva y orienta y guía al creyente. Y esa
Palabra se proclama de manera especial en cada celebración de la
Misa, de manera particular en la dominical.
Este domingo el texto evangélico tomado del Evangelista san
Mateo, 21, 33 – 43, Jesús presenta otra vez una parábola, una viña que
un propietario alquiló a unos viñadores, y se va de viaje, al volver manda
empleados para la parte de los frutos. Ellos matan al primer grupo,
matan al segundo grupo, y el dueño manda a su Hijo pensando que a
Él si lo van a respetar pero “Cuando los viñadores lo vieron, se dijeron
unos a otros: Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos
con su herencia. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron”.
En la Biblia constantemente se habla de la Viña de Dios, y se dice
que significa el mundo que es de Dios.
Pues bien ese mundo Jesucristo lo ha encargado a los creyentes,
los cuales no solamente deben estar bautizados, sino que deben
esforzarse por construir un mundo mejor. Donde reine el amor, la
justicia, la verdad, la alegría.
Y este mundo es donde cada persona desarrolla su vida cotidiana,
familia, trabajo, escuela ahí es donde los creyentes deben luchar para
hacer un mundo mejor.
Tristemente nos hemos olvidado de Dios, lo hemos rechazado. No
el Dios teológico, no el Dios abstracto. Sino que Dios que es la fuente
de todo bien.
Es por eso que nuestro mundo se encuentra lleno de problemas,
lleno de dolor, lleno de tristeza.
Y no es castigo de Dios, sino consecuencia del alejamiento que
los seres humanos han tenido de Él. El mundo está viviendo las
consecuencias de ese alejamiento.
Al calor de la Palabra de Dios invito a una serie reflexión sobre la
responsabilidad que cada uno tiene de esta situación. Y aquí no se trata
de repartir culpas, cada persona es responsable de esta situación.
Se puede orar con palabras del Salmo 79: “La viña del Señor es
la casa de Israel. Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos; mira tu
viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tu
mismo cultivaste”.
Que el amor, la paz y la alegría del Buen Padre Dios permanezca
siempre con ustedes.
Antonio González Sánchez







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