Hola. Te saludo con gran afecto y te agradezco encarecidamente que estés en la lectura de estas líneas.
El día de hoy, hablaré acerca de un tema que me parece sumamente relevante, el título es “Familia de
Campeones”, y voy a platicar efectivamente de ese núcleo tan importante como es la familia, tan
trascendente en nuestra sociedad.
“Familia de Campeones” es un título que me parece invita, sugiere, algo así como una idea de un
conjunto de personas, un conjunto de seres humanos, que obtienen sus logros, que cumplen sus metas,
que llegan siempre al éxito, como quiera que se le conciba.
Pues sí, efectivamente, hablar de una familia de campeones tiene que ver justamente con ello; pese a
lo que refiero, me parece importante también comentar que es trascendental que, al hablar de ganar,
nos demos cuenta que también se necesita perder.
No es a las pérdidas a las que voy a invitarte a ponerle tanta atención, sino al campeonato, a lo
triunfante y, pese a ello, para lograr algo se necesita dejar cosas, situaciones e incluso personas atrás.
En el diario devenir, en la cotidianidad, suceden cosas que en ocasiones para los integrantes de la
familia son muy desarmonizantes, porque se tienen pérdidas muy significativas, porque en ocasiones
separarnos de alguien, dejar algo atrás, darnos cuenta de que alguien está enfermo y, por qué no
decirlo así tal cual, darme cuenta que mi ser amado murió, nos lleva a estados emocionales
desarmonizantes, y entonces se siente dolor, se siente impotencia, desesperación, angustia, ansiedad,
y muchas más emociones desadaptativas.
Hoy por hoy, la familia sigue siendo ese grupo de personas en donde todo eso se puede vivir para
transitar todos esos procesos de una mejor manera.
Todas esas pérdidas, pueden generar muchas ganancias de las cuales a veces en el momento en que
perdemos no nos damos cuenta; una de esas ganancias es justamente la cohesión.
A través de esas experiencias que duelen, esas vivencias que trastocan la vida, la familia puede
mantenerse unida, es una de las invitaciones que hago precisamente en este tema – al hablar de una
familia de campeones – de propiciar ese encuentro, procurar al ser que amo.
A veces es imposible hacerlo físicamente, por la situación que sea, pero afectivamente siempre es
posible, emocionalmente siempre puedo estar tan cerca de quien yo quiero, tan próximo de quien yo
amo, como yo decida estarlo.
Muchas veces me he sorprendido aguardando a que alguien que me quiere se aproxime a mí, espera
que no sé cuánto puede durar, pero también me he dado cuenta de que es importante que yo procure
a quienes amo, que me acerque y sea capaz de decirles “te amo”, “te quiero”, “te extraño”, pero
también creo que es importante que en el grupo de familia se sepa expresar cuando estamos tristes,
cuando estamos enojados, decir que nos incomoda lo que hizo o dejó de hacer otro de los integrantes
de esa familia, externarlo.
Anoto que no una ni dos, sino muchas veces, me ha sucedido que las personas refieren literalmente
(al estar platicando de cómo están transitando por una pérdida significativa) “no puedo llorar”, y me
lo están diciendo en un llanto que abruma, es decir, están llorando y llorando y están diciendo “no
puedo llorar”, entonces yo pienso “¿cómo es que me dice que no puede llorar?” Enseguida le pido:
“véase, siéntase”,
Luego la persona me dice: “no me refiero a eso, sino a que allá en la casa yo no puedo permitir que
mis hijos me vean llorar, que mi esposo me vea llorar, que mis padres me vean llorar, y entonces yo
tengo que estar fuerte”, lo cual no dudo ni cuestiono, pero ¿cuál es el punto de evitarlo?
A fin de cuentas, las emociones se van a comunicar de manera inconsciente, ¡imposible dejar de
comunicar, no se puede!
Es mejor hacerlo abiertamente, así lo creo, para generar un entorno propicio en donde se pueda hablar
de esos momentos de dolor, donde también se puede hablar de alegría, en donde también se puedan
expresar el amor y el gozo, en donde también se pueda decir: “¡lo pude hacer, papá!” o “¡lo pude
hacer, hijo, logré mi cometido!”.
Insisto mucho en eso de crear el entorno porque es precisamente este contexto el que nos va a permitir
que las personas que integramos ese grupo de familia tengamos determinadas conductas, que ahí,
como lo cita Robert Dilts en su modelo del Ciclo del Pensamiento Lógico, en ese entorno propicio
para la expresión saludable de las emociones podamos tener conductas congruentes con ello y
entonces tener una coherencia entre lo que se piensa, se siente, y se hace.
Además, todo esto también fomenta los valores, que me parecen tan importantes en la familia, porque
en ocasiones, la percepción de un valor es distinto entre un ser humano y otro.
No cito esto pensando en que alguno de los miembros de la familia no tenga responsabilidad o no que
no tenga respeto, no me refiero a que no lo tenga, me refiero a que la percepción que tiene de ellos es
distinta y que hablando de la honestidad, por ejemplo, en algún caso puede establecerse
inconscientemente un acuerdo tal como: “bueno, de vez en cuando se permite ocultar algo, disimular
o decir alguna mentira piadosa” que, por más calificativo que tenga la palabra mentira -como piadosano deja de ser mentira.
Así pues es importante hablar acerca de cómo queremos que sea el respeto, de cómo queremos que
sea la honestidad, de cómo queremos que sea la responsabilidad, cualquier valor, que tengamos claro
como lo percibimos, porque para alguien ser responsable puede ser de un modo, y para otro puede
ser diferente, entonces es importante definir con claridad los valores, no establecer la jerarquía de sus
valores, porque eso es una decisión estrictamente personal y todo ello va a fortalecer las creencias
personales y las creencias del grupo y le va a dar identidad.
Una vez que se tenga esa identidad en la familia, se logra uno de esos objetivos que es precisamente
el de hacer de ella el sitio en el cual se forjen las raíces del individuo y también se otorguen a sus
integrantes las alas que les permitan volar, que les den ese impulso, orgullosos de ser integrantes de
esa familia y así vayan al encuentro, cada uno, de su trascendencia,
Al tocar el punto de la trascendencia, y al pensar que sea en la familia, estoy hablando no de aspectos
enormes, sino más bien de los pequeños detalles, tal vez hablar del éxito como lo refiere Osho:
“completando cada momento”; considero que eso es muy importante: completar cada momento.
Decía yo hace algunas horas, platicando con alguien, que yo pensé en mi mamá (que vive en otra
ciudad en la que yo resido) y que tenía deseos de saludarla; por las prisas y por los compromisos, la
verdad es que decidí (consciente o inconscientemente) no darle tiempo. No le llamé, y entonces dejé
incompleto ese momento. Posteriormente lo hice y cierro esa parte, desde el amor, y ya acabé
felizmente ese momento.
Pero también, hace varios días, en las prisas del trabajo, entre la espera de una actividad para pasar a
la otra, un compañero me hizo una pregunta y yo le contesté diferente a lo habitual; francamente no
creo que lo haya hecho de una manera molesta y mucho menos grosera, pero sí me di cuenta que era
una forma distinta a la que normalmente lo hago, y fue “por la prisa”.
Entonces, se abrió en mí ese momento en dónde yo me sentí incómodo por la forma en que actué,
pese a que sé que fue algo que no agrediera a mi compañero ni mucho menos.
Unas horas después, completé esa experiencia explicándole mis razones y exponiéndole que el modo
de actuar fue debido a la condición de aquel momento, incluso, si es necesario, le dije “te ofrezco una
disculpa porque respondí diferente”. Y completé otro momento. Es a eso a lo que me refiero cuando
digo: completar momentos para lograr el éxito.
En una familia de campeones, porque lo hemos visto en la práctica, hay momentos sumamente
intensos, cuando hemos estado con niños, adolescentes o jóvenes, que compiten en el deporte, o que
son excelentes en el plano académico, o que son maravillosamente extraordinarios en lo artístico, no
todo es lograr, ganar, triunfar; también hay momentos en que pierden la competencia, también los
hay en que no sacan la calificación deseada, otros en los que se quedan bloqueados en un examen, y
eso necesita resignificarse.
Es importante, como se dice coloquialmente, que se le dé la vuelta a la página y entonces ponerle
atención a lo que sí la amerita, estar atento a este momento, porque no hay otro. Este es el único
momento que existe, el pasado ya se fue, al futuro jamás voy a llegar, el único momento que existe
es aquí y ahora. En este instante yo elijo qué es lo que sí y lo que no hago, como lo dije hace rato, mi
excusa fue “tengo prisa, tengo trabajo” pero a fin de cuentas no le llamé a mi madre cuando surgió
en mí ese auténtico deseo.
Quizás yo me pueda justificar y decir “el fin de semana tengo tiempo, lo haré con calma”, y la
pregunta es: ¿y quién me garantiza que estaré en plenitud el fin de semana para poder hacer lo que
hoy dejé pendiente?
Creo importante, en el seno de una familia de campeones, el evitar postergar lo que necesita hacerse,
evitar posponer lo que necesita decirse, es trascendente externarlo, es importante hacerlo
armoniosamente, y cuando digo armoniosamente, me refiero a que se exprese sin hacerse daño uno
mismo, sin dañar a otra persona, y también impidiendo que le hagan daño.
En esta parte, cuando yo hablo con los niños, las niñas, los muchachos en la adolescencia, jóvenes,
les digo “póngale mucha atención al tercer momento, cuídense, eviten que les hagan daño”, y no es
exclusivo para esa edad, es para todas las edades, cuidémonos, protejámonos, en lo individual, y
cuidemos al prójimo.
Creo yo que esa parte, en el convivir, nos está faltando y cada vez más.
Quizás con nostalgia, recuerdo que años atrás, la convivencia y el cuidado no tenía que limitarse a un
espacio que se llamaba “casa”, donde era mi hogar, porque también me cuidaba la señora de enfrente,
y porque también yo cuidaba a los niños que vivían en otra casa y que eran mis amigos, mis vecinos,
y ahora, créanme que a veces no estoy tan seguro si quiera de conocer a las personas de la casa
contigua a al mía, y si ni siquiera los conozco, ¿cómo puedo cuidarlos?,
Creo que esta parte de la convivencia armoniosa necesita propiciarse y, en el tema familia de
campeones, ir hacia el logro de los propósitos, conscientes de que eso requiere, pienso, tres momentos
o tres escalones importantes para ello.
Primero, que la persona sea capaz de pensar en lo que quiere conseguir, ¡pensamiento! Aprender a
pensar en lo que sí quiero lograr, dejar de pensar en lo que no quiero.
Segundo, hablar de ello, usar el poder de la palabra; que yo mencione la idea que tengo, lo que yo
estoy planeando construir, probablemente a modo muy subjetivo, pero ya se va concretando mediante
la palabra.
Tercero, ¡actuar! Es mi capacidad de hacer para conseguir lo que pensé y de lo que hablé. ¡Nada se
da por espontaneidad!, así que pensando en lo que sí quiero, hablando de lo que deseo y actuando
para lograr ese propósito, creo que puedo llegar al punto de cumplir mi sueño, de conseguir mi meta,
y así, en una construcción de momento a momento, de deseo tras deseo, generando eso en el núcleo
de familia, y siempre con algo que es el ingrediente fundamental: se llama amor.
Deseo que todo lo que se haga en el seno de la familia, que todo lo que tenga que ver con el interactuar
con esas personas sea, si tú así lo decides, con base en la confianza y, sobre todo, ¡con base en el
amor!
Me despido de ti, con fe y esperanza en Dios de que muy pronto volveremos a coincidir.
¡Bendiciones!
Dr. Raúl Carrillo García
Correo electrónico: [email protected]
Facebook: Raúl Carrillo García
Impo Caped Victoria
Instagram: @CapedVictoria







Discussion about this post