Este domingo 4 de octubre, fue día de fiesta para los que llevan el nombre de
Francisco, tomado precisamente del Santo místico de Asís.
En el marco de esta celebración y del significado y valores de paz, hermandad,
sencillez, alegría y humildad que para la iglesia católica tiene la vida de San
Francisco de Asís, el actual jefe de esta milenaria institución hizo pública su
tercera encíclica, que tituló “Fratelli Tutti”, en español como “Todos hermanos”.
Según los especialistas, Mario Bergoglio, empezó a escribir este documento
desde antes de la pandemia del COVID-19; pero la amarga experiencia de esta
contingencia, orientó su reflexión teológica y doctrinal hacia los aspectos claves
que caracterizan su nueva encíclica.
Para los analistas, este documento del Papa argentino muestra el avance en la
sistematización de su pensamiento social, de su diagnóstico de la crisis mundial
en que terminó el siglo XX y de su proyecto de la configuración de la iglesia
católica que se requiere para el nuevo siglo. Todas cuestiones que ya se habían
anunciado desde 2013 con su primera exhortación apostólica “Evangelli gaudium”
(Alegría del evangelio), cuando iniciaba su pontificado.
En ese primer texto, crítica al individualismo postmoderno y globalizado, al
consumismo exacerbado, al dominio de la economía de la exclusión y de la
inequidad, al deterioro del compromiso comunitario. Ante ello la necesidad de
recuperar la dimensión social de la evangelización, la inclusión de los pobres, con
abordajes de fondo en los que los planes asistenciales que atienden ciertas
urgencias, solo deben ser pensados como respuestas pasajeras, que no
pospongan o sustituyan la resolución de las causas estructurales de la pobreza.
“Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres,
renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación
financiera y atacando la causas estructurales de la inequidad, no se
resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La
inequidad es la razón de los males sociales. (Evangelli gaudium:in. 202)”
Reclama una iglesia que sea pueblo de Dios, con una acción misionera capaz de
transformarlo todo, de trabajar por la paz, en un pluralismo religioso que
reivindique los legítimos derechos de las mujeres, los derechos humanos de todos
los “descartados”, la defensa de la vida humana, de los niños que están por nacer.
Posteriormente en 2015, con su segunda encíclica, titulada “Laudato si”, se centra
en el medio ambiente y en el desarrollo sostenible, abordando también su doctrina
sobre la fraternidad.
En esta tercera encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco, retoma en su atención
sobre la fraternidad y la amistad social, que identifica como el mensaje de Jesús
pidiéndonos a “recocernos todos como hermanos y hermanas y así vivir en la casa
común que el Padres nos ha confiado”. Está compuesto de 287 puntos que dan
respuesta a 41 preguntas fundamentales, agrupadas en ocho capítulos: 1.-
Ideologías y conflictos (reviven conflictos ya superados); 2.- El mundo tras el
coronavirus (no caer en nuevas formas de autopreservación egoísta); 3.-
Derechos sin fronteras (nadie de ser excluido). 4.- Migrantes (no son menos
humanos y dignos); 5.-El mercado no resuelve todo (no a este dogma de fe
neoliberal). 6.- No hay guerras justas.7.- Reforma de la ONU ( a la arquitectura
económica y financiera internacional). 8.- El populismo (insano cuando, se pone al
servicio de proyectos personales y de la perpetuación en el poder).
A través de ellas y de sus conclusiones propone que los humanos desde nuestras
vidas individuales, en nuestra familia, comunidades, instituciones y acción
económica-política, construyamos un mundo más justo y fraterno.
Se trata en suma, de poner en marcha un nuevo orden mundial fraterno, ante las
crisis acumuladas del mundo, a las que sumó la pandemia del COVID-19 como el
ingrediente crítico que desbordó la capacidad de los países, de sus Estados y de
sus sistemas social-económico-político y sanitarios, causando una grave
mortalidad de adultos mayores, que no debían haber muerto.
De manera que frente a la nueva realidad post-pandemia, que amenaza con
agudizar el individualismo y el economicismo con la filosofía pragmática de “que
cada quien se salve como pueda”, la iglesia propone un programa evangélico que
sitúa a los pobres y a los más vulnerables al centro de su compromiso.







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