CIUDAD DE MÉXICO, 7 de Sep. de 2020.- Mucho antes de la pandemia ya estaba desdibujada; sin embargo, con el regreso a clases y la nueva normalidad, para Andrea Pérez, maestra de primaria de la SEP de la Ciudad de México, cada vez es menos clara la línea que divide el momento en que es madre, maestra y mujer.
La jornada de Andrea, como la de muchas madres trabajadoras en México incluye labores de cuidado, crianza y trabajo, aunque sólo el último es remunerado. Por los gastos que implica su día a día está, de momento, dando sus clases desde Veracruz, en casa de sus padres.
Según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo 2014, 71 por ciento de las horas dedicadas a las labores de cuidado no remuneradas en México son realizadas por mujeres, niñas y adolescentes.
“Lo preocupante aquí es que no hayamos aprendido nada de los primeros meses de confinamiento y que no hayamos tomado estas lecciones aprendidas de todo lo que ya se venía diciendo sobre las sobrecargas de trabajo en el hogar, sobre las tensiones familiares, sobre las políticas desiguales de tener tele escuela o escuela a través de métodos virtuales y que hayamos decidido tener una política continuada y sostenida sin conciliación de las vidas familiares y laborales”, advierte Friné Salguero, directora ejecutiva del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.
La nueva normalidad va acompañada de un inédito inicio de ciclo escolar y muchas personas que ya se han adaptado al teletrabajo, pero los roles mantienen a las mujeres haciendo la mayoría del trabajo adicional de la casa. Ya en 2018 la encuesta intercensal del INEGI registró que las labores domésticas y de cuidados eran realizadas en 76.4 por ciento por mujeres y sólo 23.6 por ciento por hombres.
La estrategia debe ser intersecretarial, a decir de Rebeca Ramos, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). “Lo que muchas organizaciones hemos venido trabajando desde años es que este tema de un Sistema Nacional de Cuidados tiene que ser una política de Estado y eso va más allá de la SEP, le toca también a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, a la Secretaría del Bienestar y todo el tema de las estancias infantiles y hacernos cargo como estados, como país que los cuida, son importantes, son un tema de supervivencia y que lo que se tiene que hacer es garantizar y fortalecer estos servicios de cuidado y no hacer lo que se hizo hace al inicio de esta administración cuando se desmantelaron las estancias infantiles de Sedesol”.
A las madres y abuelas siguen las adolescentes, quienes toman en sus manos las labores de cuidados, ya sea por el trabajo de sus madres o las necesidades económicas de sus familias. Esto crea una brecha entre niñas y niños que se refleja en la deserción escolar.
“Las brechas en realidad, más allá del acceso por sí mismo, es decir, de contar con una tecnología en el hogar, están relacionadas justamente con la distribución de tareas”, considera Nancy Ramírez, directora de Incidencia Política de Save The Children México.
Perla Hernández es también maestra de primaria particular y vive en Nezahualcóyotl, Estado de México. Ella sí tiene el apoyo de su esposo para cuidar a sus hijos de ocho y dos años. “Me escondo de mi hijo más pequeño, tengo un niño de dos años que si me ve no me deja, quiere toda mi atención”.
Su esposo se quedó sin trabajo por la pandemia y por eso pueden compartir las labores. “Me ayuda mucho, bastante, el trabajo se reparte mucho, pero si no estuviese él aquí estuviera trabajando, no sé, hubo un tiempo que el trabajaba y yo también trabajaba y concinaba en las noches, por ejemplo, toda la comida, yo terminaba a las 10 u 11 de la noche cocinando”.

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