En la Biblia se encuentra la Palabra de Dios escrita, y esa Palabra,
de manera particular el Evangelio, fortalece y orienta la manera de vivir
de los creyentes. Y esa Palabra de Dios se proclama cada domingo en
la Misa, es por eso que en cada celebración de la Misa donde se celebra
y se actualiza el Sacrificio Redentor de Jesucristo, la Palabra de Dios
que se proclama se convierte en una parte importante en esa
celebración.
Constantemente, esa Palabra de Dios habla del amor al prójimo,
y ese amor se manifiesta en saber ser misericordiosos y saber perdonar
las ofensas del prójimo.
Este domingo, el texto de la primera lectura tomada del libro del
Eclesiástico, 27, 33 – 28, 9, presenta palabras que invita a una seria
reflexión, a un examen de conciencia: “Cosas abominables son el rencor
y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas”. Y más adelante
dice: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y así cuando pidas perdón, se te
perdonarán tus pecados”.
Por eso dije son palabra fuertes que invitan a la reflexión seria
sobre cómo se vive la fe en Dios, e invita a un fuerte examen de
conciencia.
Y esta misma idea la maneja Jesucristo en el texto evangélico de
este domingo, tomado de san Mateo, 18, 21 – 35, donde el Señor Jesús
propone una parábola donde se presente la misma idea saber perdonar
a los demás las ofensas. Y eso es un signo de la vivencia del amor.
Las personas que han aprendido a perdonar de corazón
experimentan en su interior la misericordia de Dios, que perdona a
todos, y esto produce una gran alegría interior, es la llamada alegría del
perdón.
Perdonar según el espíritu evangélico supone no vengarse ni
buscar la humillación del otro, sino la caridad de la corrección. A veces,
frente a la ofensa, surgen sentimientos de venganza. Luchar contra
esos sentimientos hace bien
Se tiene que pensar en la bondad del buen Padre Dios, que siempre
perdona.
Se puede orar con palabras del Salmo 102: “El Señor es
compasivo y misericordioso. El Señor perdona tus pecados y cura tus
enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de
ternura”.
Que la paz, el amor y la misericordia del Buen Padre Dios
permanezcan siempre con ustedes.







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