Reza el refrán popular que “el que a dos amos
sirve con alguno queda mal”, y eso mismo
puede ocurrirle al coordinador de los diputados
de MORENA en San Lázaro Mario Delgado, que
le dedica tiempo y esfuerzo a su gira por el país
buscando apoyos para dirigir el partido del
gobierno.
Y es justificable su deseo de convertirse en
dirigente del partido que ahora “parte el queso”,
pero no escapa a las críticas de muchos de sus
compañeros legisladores y de los ciudadanos
por abandonar sus deberes legislativos en
momentos tan importantes para el país porque
habrá de aprobarse el presupuesto del 2021.
Claro que para los intereses de Delgado eso
debe importar poco porque antepone los suyos
a los del país, sabiendo que como dirigente
nacional de MORENA podrá acceder a otros
ámbitos de la política en México.
Todo parece indicar que Mario tiene ya “la
palomita” del Presidente Andrés Manuel López
Obrador, porque le están limpiando el camino
para su nueva encomienda haciendo retirarse a
algunos aspirantes y poniéndoles trabas a
otros, para que llegue a como dé lugar a la
presidencia de MORENA.
Claro que hacia el interior del partido quedan
muchos “asegunes”, porque los grupos de poder
se han enfrentado de tal manera que
difícilmente puede ocultarse la grave situación
que prevalece y que puede dar al traste si se
pretende un partido fuerte y unificado.
Cabe decir en referencia al presupuesto del
año entrante que el tamaulipeco Erasmo
González Robledo preside la Comisión de
Presupuesto en la Cámara, pero ¿Qué cree?
También anda encampañado con su coordinador
haciendo trabajo partidista, y los tamaulipecos
lo menos que esperan de Erasmo es que diga
“esta boca es mía” cuando se trate de los
recursos destinados a nuestro estado, que
dicho sea de paso es uno de los dos que más
aporta dinero a la federación vía impuestos, y
de regreso solo tiene una mínima parte.
Ojalá que Mario Delgado y Erasmo González
Robledo no decepcionen a la ciudadanía, que se
ha acostumbrado a ver a los diputados como
“levantadedos” para aprobar sin chistar todo lo
que mande el Ejecutivo, y después decir sin
sonrojarse siquiera que representan a los
ciudadanos.







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