El título no es lo que ocurre literalmente en agro mexicano, es una metáfora, es decir, la situación es muy dura para los productores agropecuarios.
Enfrentan una disyuntiva, dejar de producir o “morir en el surco”.
El problema es que México entró desde hace décadas en la globalización de la producción de granos, oleaginosas, frutas y verduras.
Los tratados comerciales que ha realizado con otros países abre los mercados de los productos a los precios internacionales.
Y pone a competir a los agricultores y ganaderos nuestros con los de otras regiones del mundo. Incluso con productos transgénicos, es decir, genéticamente modificados y que dan mayores rendimientos, con algunos riesgos de efectos en los consumidores.
El acuerdo comercial más fuerte que signó México con sus vecinos de América del Norte (Estados Unidos y Canadá) fue el Tratado de Libre Comercio en 1994.
Los riesgos de esa apertura eran mayúsculos para el campo mexicano, de tal forma que el gobierno del país, estableció algunos programas compensatorios para los productores nacionales, a fin de reducir las diferencias con sus similares de esas naciones.
Entre las más marcadas ventajas de los productores estadounidenses estaban por ejemplo créditos a tasas muy blandas, tecnificación, diesel y gasolinas baratos, mercados seguros, calidad de semillas, fertilizantes e insecticidas, entre otros.
Por ello fueron creados en el país programas como el PROCAMPO, diesel subsidiado, apoyos para la mecanización, mejoras en la infraestructura productiva, estímulos a la comercialización como el “ingreso objetivo”.
Sin embargo, a pesar de la vigencia del TLC, en el 2018, cuando se definió el presupuesto federal de apoyo al campo, tuvo una reducción significativa de 9 mil 041 millones de pesos al caer de 74 mil 476 millones a 65 mil 435 millones.
Para el año siguiente, la situación fue más dramática, ya que de 65 mil 435 millones se desplomó a 47 mil 577 millones, es decir, 17 mil 858 millones.
Eso representó el 40% del presupuesto de apoyos al sector agropecuario nacional es tan solo dos años.
Esa ausencia de recursos en la zona rural y sector primario de la producción, ha ido descapitalizando en forma muy brusca a miles de medianos y pequeños productores mexicanos.
Los tiene, en gran media al borde de la quiebra, con carteras vencidas y deudas muy fuertes que ponen en riesgo su sobrevivencia, con el impacto fuerte en la producción de alimentos.
A casi dos años de la presente administración federal, las mujeres y hombres del campo esperaban que el gobierno central enmendara la situación, aún en un marco de severa crisis económica por la pandemia del coronavirus.
Ello debido a que en situación de contingencia o emergencia, las prioridades deben ser la salud y alimentación del pueblo mexicano.
Sin embargo, estas esperanzas en el gobierno que “vendió esperanzas al campo en campaña” no aterrizaron en la propuesta que ayer entregó AMLO a través de su Secretario de Hacienda Arturo Herrera, a la Cámara de Diputados.
Ante el irrisorio incremento de 3.25 por ciento en relación al presupuesto vigente en 2020, o de solo el 2% en relación al del 2018, ayer, al unísono 18 de las organizaciones campesinas más representativas del país alzaron la voz y rechazaron la propuesta AMLO-HERRERA.
Y urgieron a los 500 Diputados de todas las fracciones parlamentarias a que “enderecen la página” a la Secretaría de Hacienda, dando un trato más justo y equilibrado, para quienes llevan los alimentos a la mesa de todos los mexicanos, incluidos los Diputados , Senadores y funcionarios del Ejecutivo.
La severa crisis económica que asfixia a la mayor parte del capo mexicano, de no revertirse esa injusta asignación presupuestal, puede derivar en breve, en el colapso del campo productivo y una crisis alimentaria.
El vuelo de la productividad que traía el agro mexicano está a punto de acabarse, de tal forma que si esa maquinaria se paraliza, vendrá un problema más delicado en lo económico, la inseguridad y la viabilidad del país.
Con un “campo en llamas”, como está casi virtualmente, es muy fácil que ardan otros sectores productivos y la propia sociedad. De ese amaño es el desafío para los legisladores.
Imagine usted el efecto de ese presupuesto federal raquítico para el respaldo al campo en Tamaulipas. No habría para un precio de garantía en el sorgo, el principal cultivo de la entidad, al que se destinan más de 700 mil hectáreas en la zona norte y producen hasta 2 millones de toneladas.
Cuál sería la suerte de las miles de familias que en nuestro estado viven de la producción agropecuaria.
Sin agua para riego por la retención ilegal en presas de Chiahuahua, sin precio de garantía al sorgo, sin créditos ni acceso a los insumos básicos.
Los campesinos de todas las organizaciones, tendrán que hacer mucha presión en la Cámara de Diputados.
Ahí si habrá necesidad de plantarse en miles, como lo hicieran en torno a una presa de Chihuahua para “defender el agua”.
Si esa es la única salida que dan los “genios” de la Cuarta Transformación ( que más parece transformación de cuarta) tendrán que concentrarse en San Lázaro los agricultores y ganaderos del país a defender la viabilidad de sus pequeñas y medianas empresas.
Y aún así, tendrán que esperar haya sensibilidad de los Diputados y que puedan estar a la altura de las circunstancias y exigencias del agro. Ya en dos ocasiones, respondieron solo a la voz del Ejecutivo.
Una complicada labor, sin duda, para los diputados federales, en particular los de Tamaulipas, Erasmo González Robledo, Olga Sosa Ruiz, Adriana Lozano Rodríguez, Héctor Villegas González, Armando Zertuche Zuani y Olga Juliana Elizondo Guerra, identificados con la 4-T.
Así como para los panistas Salvador Rosas Quintanilla, Vicente Verástegui Ostos, Mario Ramos Tamez, Nohemí Alemán Hernández y la priista Mariana Rodríguez Mier y Terán.
Se puede anticipar que el “horno de San Lázaro se pondrá muy caliente y atizado con leña seca” del siniestrado campo mexicano.
Ahora si que puede arder San Lázaro.
Sus inquilinos tienen la opción de convertirse en “los bomberos” o perecer políticamente en la “hoguera campirana”.
La crisis agropecuaria, no es un asunto menor.
El campo no aguanta más.
Un presupuesto así de rabón, sería el “tiro de gracia”.







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