Cd. De México, 01 de Septiembre del 2020.- Guido de Arezzo (995-1050) es considerado el «padre de la música occidental». Este monje benedictino fue un teórico musical. Perfeccionó la escritura musical (en su tratado Micrologus 1025 d.C.) implantando el tetratagrama (cuatro lineas de diferentes colores: Do=amarilla, Fa=roja, La intermedio=negra, Mi=negra) y dando un sonido diferente a cada nota según su altura en el tetragrama. Esto supuso el fin de la notación neumática propia del gregoriano.
La historia, básicamente, es que Guido se dio cuenta de que los monjes no conseguían recordar muchas veces los cantos gregorianos. La notación neumática del gregoriano está basado en cuatro modulaciones de la voz o neumas.
Guido, estableció una serie de seis notas (hexachordum naturale) con distancias fijas entre ellas: 2 tonos enteros inferiores, 1 semitono central, 2 tonos enteros superiores.

Además de implantar el tetragrama (precursor del pentagrama) y crear un sistema de notación (notas), dio nombre a las notas musicales, e inventó un sistema de anotación nemotécnica llamado la mano guidoniana.
En distintos países se producen ligeras variaciones en los nombres de las notas y los silencios.
La nota más larga de la notación moderna, equivalente a dos redondas, anteriormente se conocía como breve. Con el paso de los años se han introduciendo valores rítmicos cada vez más pequeños. Hace 200 años la negra se consideraba el valor básico, seguida de la mínima (ahora, blanca) y la semibreve (ahora, redonda).

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