Durante la mañanera de aquel jueves 2 de abril cuando la emergencia
sanitaria venia en ascenso, los mexicanos y buena parte de la comunidad internacional
quedamos pasmados por la declaración de López Obrador de que la pandemia le cayó
como anillo al dedo para afianzar los propósitos de su cuarta transformación. Ningún
presidente en el mundo había soltado semejante exabrupto, y vaya que ¡hay locos
gobernando por todo el mundo!
Tal disparate parecía una ocurrencia más de las tantas que ha tenido, pero no era
así; su afirmación era en serio y en ello estriba la gravedad de esa declaración.
A cuatro meses de distancia de aquella desafortunada declaración, cuando ya
rebasamos el medio millón de contagios y andamos arañando la cifra de 60 mil muertos,
la gravedad de las cifras del propio gobierno y de organismos como el INEGI, B de M, y
organismos internacionales, nos confirman que efectivamente la pandemia fue utilizada
perversamente para encubrir los resultados negativos que ya se arrastraban en forma
alarmante en muchos indicadores económicos con respecto al ejercicio del primer año del
nuevo gobierno.
Es previsible que de ahora en adelante, la narrativa del gobierno se enfoque en
abonarle a la pandemia todos sus fracasos, a semejanza de quien esconde la basura
debajo de la alfombra.
Si el panorama pintaba negro antes de la emergencia sanitaria, el resto del sexenio
se antoja de catástrofe para los mexicanos, con la única esperanza de sacudirnos este
régimen mediante la participación masiva del pueblo mexicano en los comicios electorales
del próximo año.
Una condición indispensable para lograr este propósito es la concientización de los
ciudadanos sobre los peligros que nos acechan si permitimos la permanencia de este
gobierno de izquierda en el poder.
Y para seguir comentando sobre temas que a todos nos preocupan…
Aquí estamos!
Lic. Francisco Javier Álvarez de la fuente
[email protected]







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