Un giro de 360 grados está tomando la forma de impartir justicia en México, se
aborda la esencia de la justicia de reparación del daño, Las víctimas juegan un rol
activo en el proceso, mientras se anima a los «ofensores» a asumir la
responsabilidad de sus acciones y reparar el daño que han hecho.
El caso Lozoya ha sido un revulsivo mediático porque desnuda un problema
gigantesco en México de alarma, la delincuencia gubernamental y la falta de
valores de una generación de políticos formados en la lisonja, el dinero mal
habido, bajo la premisa del que no transa no avanza y un político pobre es un
pobre político.
Hasta ahorita era poco aplicada la Ley Federal para Protección de Personas que
Intervienen en el Procedimiento Penal, al menos la que se le dio a Lozoya con
carácter de testigo colaborador con fundamento en el artículo 2 inciso 10 de la
referida ley
“Podrá ser testigo colaborador, aquella persona que haya sido o sea integrante de
la delincuencia organizada, de una asociación delictiva, o que pueda ser
beneficiario de un criterio de oportunidad.”
Causa horror enterarnos por la investigación como predominan los intereses
disímbolos, perversos, se encaramaron en el poder para usufructuar al país,
enajenándolo a capitales trasnacionales, pervirtieron e infiltraron el sistema de
justicia, tenían la seguridad que les da la complicidad que nunca serían juzgados.
Pero es más grato observar como el Estado Mexicano lleva como prioridad
recuperar lo robado, los bienes incautados a Lozoya en Europa y México hasta por
200 millones de dólares, regresarán a las arcas públicas. Por años observamos
que se castigaba al infractor pero no se resarcían los daños a las víctimas, hay
avance.
Por otra parte la investigación que se lleva en Nueva York por el caso de Genaro
García Luna, Luis Cárdenas Palomino y Ramón Pequeño García, los que
formaron un grupo gubernamental enquistado en Seguridad Pública, que
favorecían al grupo del chapo Guzmán a cambio de sobornos millonarios
envileciendo a muchos policías federales en el negocio de las drogas.
Ello le traerá repercusiones a Felipe Calderón Hinojosa y a Vicente Fox Quesada,
dos ex presidentes panistas que serán llamados a cuentas indefectiblemente ante
la justicia americana, por lo pronto los fiscales acusan a García Luna y su clan de
haber pasado 50 toneladas de estupefacientes.
México hace lo propio; Lozoya implicó a Enrique Peña Nieto y a Luis Videgaray en
su denuncia de hechos, donde no salen bien librados Felipe Calderón y Carlos
Salinas de Gortari, hombres que pervirtieron la política como un negocio para
servirse olvidando la nobleza de esta cuando está al servicio del pueblo.
Empresarios transas, trasnacionales corruptas, delincuentes comunes y
organizados formaron una trama entremezclada con los políticos donde solo
sabes que los malos son los de abajo, los de la elite gubernamental abanderados
por el servicio público.
El pueblo bueno y sabio aportó su cuota de sangre, sudor y lágrimas como diría
Winston Churchill, todo para que la cauda de bandidos se enriquecieran a más no
poder soñándose tocados por Dios, todo un esquema iniciado por una mente
diabólica en el gobierno de Felipe Calderón.
Afortunadamente ya se inicia un equilibrio de fuerzas entre bien y mal, el mal
llegará a su justo medio y el bien recupera su hegemonía, pero la justicia será el
artífice protagónico de un nuevo México sin quitarle mérito a ese gran hombre que
tenemos como presidente AMLO.







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