Reza el refrán popular que “al perro más flaco
se le cargan todas las pulgas”, y eso podría
aplicar a nuestra capital desde éste martes que
inició la canícula, y en donde 50 colonias
quedaron sin servicio de agua tras arrastrar un
fin de semana con temperaturas que pasaron de
los 40 grados.
Eso se agrega a las restricciones con motivo
de la pandemia de coronavirus, pues han
aumentado alarmantemente los contagios y
fallecimientos.
Ya los romanos marcaban desde aquella
época la temporada más caliente del año, y
aunque hay variación en las fechas según
países y organizaciones, la canícula se
considera del 14 de julio al 24 de agosto.
Se esperan tiempos difíciles por la pandemia,
la falta de agua, intensos calores, desempleo,
etc., y nuestra capital es el ejemplo de lo que
pasa en otros lugares del estado, del país y del
mundo.
Sin embargo es muy importante –
imprescindible diría yo—la participación de los
ciudadanos para atemperar los daños sobre
todo en la pandemia, recordando las palabras
del médico y filosofo persa Ibn Sina (980-l037)
considerado el padre de la medicina moderna
“La imaginación es la mitad de la enfermedad,
la tranquilidad es la mitad del remedio, y la
paciencia es el comienzo de la cura”.
Los gobiernos de cualquier nivel tienen la
obligación de proporcionar bienestar a los
ciudadanos, pero nadie cuidaría su integridad
con mayor interés que los propios ciudadanos, y
es por eso que deben desarrollar las practicas
para su mejor cuidado, y que sean las
autoridades las responsables de proporcionar
todos los medios para lograr la verdadera
protección de la comunidad.
Por lo pronto las altas temperaturas seguirán
teniendo en asedio a Ciudad Victoria, y la
protección de sus habitantes dependerá en gran
parte del cuidado personal, pero también de
quien tiene la ineludible obligación de
protegerlos como lo establece la ley.







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