Quienes son originarios o avecindados de la capital del Estado, Cd. Victoria, y
tuvieron el privilegio de escuchar la radio, por lo menos hasta la primera década de este
siglo, seguro recordarán a un hombre muy singular que dejó huella no solo en la
comunicación regional, sino en las familias, sobre todo por su entusiasta alegría para
decir las cosas frente al micrófono de Organización Radiofónica Tamaulipeca (ORT).
Don Carlos Adrián Avilés Bortolussi, no solo se ganó el aplauso de las
audiencias, sino que su mismo carácter alegre, jovial, entusiasta y muy colaborador,
hizo que los victorenses impusieran su nombre a una importante avenida de la ciudad
que lo albergó desde su juventud; además el de la Escuela Preparatoria Federalizada
Nocturna para Trabajadores.
Alegría Matinal fue el programa de radio transmitido de lunes a viernes de las 8 a
las 9 de la mañana, por la estación de radio WEBJ y los domingos Carlos Adrián
narraba los partidos de su deporte favorito: el fútbol y de sus Correcaminos.
Recuerda aquello de “Llegaste como las vacas de Cruillas!!!”
Don Carlos Adrián Avilés fue gran promotor deportivo y ello lo llevó a que en el
gobierno de Don Enrique Cárdenas González (1927-2018), lo designara como Director
del Deporte en Tamaulipas (1975-1980) y aún después del sexenio, continuó
fomentando todos los deportes.
Muchos tamaulipecos conocimos los maratones radiofónicos gracias a Carlos
Adrián Avilés y aunque hubo varios, quizá los más significativos fueron aquél que se
organizó para recabar fondos en la construcción del Hospital Infantil de Cd. Victoria,
así como el del Reloj monumental de la Catedral de Nuestra Señora de Sagrado Corazón
de Jesús.
Para el señor Carlos Avilés, Cd. Victoria fue su hogar, fue su centro de
inquietudes e impulsor desde los micrófonos de la radio de su XEBJ de siempre,
escenario que promovió dos ideas básicas, seguro usted las recuerda: Cd. Victoria,
Ciudad Limpia… Ciudad Amable.
Lamentable pero real, de don Carlos Adrián solo quedan recuerdos, la calle y la
prepa con su nombre. De su filosofía “Ciudad Victoria Limpia, Ciudad Victoria
Amable…” quedan solo su recuerdos y el anhelo perdido.
La tarea de muchos hombres que han fungido como Alcaldes del municipio poco
a poco ha reducido al anhelo popular de ver una ciudad bella por su limpieza, cuando
los camiones recolectores de basura tardan más de una semana en pasar por las calles y
cumplir su cometido.
Que si no hay camiones, que si están descompuestos, que no hay refacciones, que
no hay dinero, que los trabajadores no cumplen, que el sindicato, que… lo que usted me
diga. La realidad es que en las paradas oficiales y, no oficiales, están los montones de
basura y conste, en el mejor de los escenarios ahí están, provocando focos de infección.
Hay escenarios peores cuando nos encontramos ya no montones, sino basura
regada hasta en áreas de cinco a diez metros cuadrados, porque los perros o los
pepenadores rasgan las bolsas de basura y la esparcen, provocando lo que
cotidianamente usted y yo vemos en calles de fraccionamientos, pero más en las
colonias.
La idea de Don Carlos Adrián Avilés nunca fue equivocada, hay quienes
aspiramos a vivir en ciudades limpias, como muchas del interior del país y del mundo,
pero justo es decir, que desde el Alcalde, el Cabildo y los empleados de la recolección
no solo están reprobados, debieran ser juzgados y sancionados conforme al marco legal
del país, por incumplimiento y por generar áreas insalubres a la población.
Cd. Victoria no puede ser una Ciudad Amable, como el ideal de Avilés Bortolussi,
si la misma autoridad municipal incumple su deber moral, laboral y político, como se
comprometieron al buscar el voto ciudadano, pero además cobran por la chamba que no
hacen.
El entusiasmo de aquella poesía del británico Joseph Rudyard Kipling (1865-
1936) que Don Carlos Adrián solía repetir al finalizar su Alegría Matinal en la radio:
“Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino
sólo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises
sonreír aun teniendo que llorar, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir,
descansar -hermano- acaso debes, pero nunca desistir.”
Bello poema… ¿verdad?







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