En tiempos difíciles es importante tener esperanza, el hecho de sentir que algo mejor
vendrá a nuestras vidas, nos hace sentir con mucha confianza optimista. Sin embargo
se debe tener mucho cuidado, por que hay “políticos” que se aprovechan de ello…
Dicen que la esperanza es lo último que muere, una frase popular que los políticos han
entendido muy bien. Pero si le preguntara, ¿En qué se parecen un político y un
vendedor de ilusiones, me sabría responder?
Una de las características de un político es la capacidad de seducir y persuadir al
ciudadano ofertando un futuro mejor, en pocas palabras alimentarlos con esperanzas.
Y un vendedor de ilusiones, te hace creer algo que no es, alejándote de la realidad.
Es un buen comparativo, por que creo que los políticos de hoy, se convirtieron en
vendedores de ilusiones.
Hago este ejercicio, trasladándolo al escenario municipal.
En la capital tamaulipeca, los victorenses estamos pagando la factura de haber creído
en un vendedor de ilusiones. Estamos viviendo uno de los peores gobiernos
municipales, si no es que la peor administración municipal en la historia de Ciudad
Victoria.
¿Pero que fue lo que sucedió? Nos vendieron ilusiones a los victorenses, y cuando el
pueblo descubre que estaban alimentados con ilusiones, llega la desilusión.
Aquí la paradoja es muy clara. Xicoténcatl González Uresti prometió acciones que no
iba a cumplir, muy alejado a la realidad dejando al descubierto su ignorancia. Jugó con
el pueblo victorense.
Vendió la ilusión de contar con un tren de pasajeros, que nunca llegó. Prometió
finiquitar los parquímetros del centro con una patada, y ahí siguen. Insistió en hacer
peatonal la calle Hidalgo en el centro, y no procedió. Aseguró que los victorenses
tendríamos agua, y ahora hay más desabasto. Dijo que ya no habría
baches en la ciudad, pero lo que no hay es pavimentación. Aseguró que curaría a
Ciudad Victoria, pero la enfermó más. Pero ahora si que como dice el dicho, la culpa no
es del indio, si no de quien lo hizo compadre…
Esto deja una gran enseñanza para los victorenses. Hay políticos que vendieron
la ilusión del cambio como un sinónimo de esperanza. Ya aprendimos que los
cambios no siempre son buenos.
Seguramente llegarán nuevos vendedores de ilusiones, que van a prometer de
todo, hablando de un cambio, convirtiéndose inclusive hasta en profetas. Pero ya no van a engañar tan fácilmente a los victorenses, porque de los errores también se aprende.
Hay que estar preparados para saber analizar realmente quien tiene un buena
propuesta, quien tiene voluntad, pero sobre todo quien se apega más a la realidad.
Una buena dosis de realismo necesita la política mexicana, y últimamente
nos hemos alejado mucho de la realidad, viviendo en la esperanza.
Inclusive vemos como partidos políticos utilizan el eslogan de “La Esperanza de
México”. Eso no es política, eso es ser vendedor de ilusiones.
Es por eso que los políticos, se convirtieron en vendedores de ilusiones.
¡Gracias por leer!
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