Ser policía en tiempos de crisis, como cuando la inseguridad que tornó
la guerra contra el narco, por ejemplo donde ríos de sangre corrieron
en el fuego cruzado, y que el Estado mexicano, le llamó en su
momento “legítima defensa ampliada” para justificar las miles de
muertes de gente inocente y los policías entonces pasaron a segundo
plano por el ingreso del Ejercito a las calles.
Desplazados los uniformados para que el estado de fuerza, a través
de los militares pudieran ejecutar lo que en su momento fuera la
“estrategia de seguridad”, con los resultados que todos conocemos de
sobra.
Hoy con la pandemia, otra crisis. Esta vez de salud, en la que los
policías no están en segunda plana, sino estelarizando casos que han
trascendido a la opinión pública por verse involucrados en hechos de
abusos de poder e indebido uso de la fuerza pública, en detrimento de
ciudadanos. El motivo: Las medidas preventivas por el covid-19.
La verdad, es que la actuación de las policías está regida por nuestra
constitución, entiéndase velan por el orden público y la seguridad de
los ciudadanos. Si, S e g u r i d a d de hombres y mujeres, jóvenes o
niños que circulan por el espacio público.
Lo refiere nuestra carta magna, cuando nos señala en el artículo 21
que la seguridad pública es una función del Estado a cargo de la
Federación, las entidades federativas y los Municipios, cuyos fines son
salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las
personas, así como contribuir a la generación y preservación del orden
público y la paz social.
Esto, sumémosle el compromiso internacional de respeto de los
derechos humanos, pactado en el artículo 1º y cuya reforma por cierto
celebró 9 años, este 10 de junio.
Entonces, ¿Ser policía en tiempos de crisis, conlleva a olvidar la ley y
los mandatos constitucionales?
Con la pandemia que actualmente vivimos en México y el mundo que
nos ha llevado a confinarnos en nuestros hogares, así como a seguir
ciertas medidas preventivas, en aras de nuestra propia salud, no
implica ni autoriza en forma alguna el exceso y abuso de la fuerza, de
ninguna de las autoridades policiales. Menos aun todavía cuando
hasta el momento no se ha emitido en modo alguno declaratoria del
estado de excepción en nuestro país y en estricto sentido ni así se
legitima tal proceder, si tomamos en consideración el estado de
derecho que debe prevalecer incólume en nuestro sistema público.
Por ende, muy lamentable el caso de Giovanni López de apenas 30
años, en Jalisco; o Diego otro joven de tan solo 20 años originario de
Oaxaca, ambos victimados como todo parece indicar por policías
dentro del contexto de la actual crisis sanitaria.
En este sentido, es menester desde luego exigir justicia, como en
cualquier otro caso en que se transgreda la ley, y se aplique todo el
rigor de la norma, trátese de policías o no. Y sin embargo además
admitir que la reprobable actuación de algunos malos policías, no
significa que toda la institución policial sea mala, en quienes debemos
también reconocer existen valores, disciplina, y compromiso con la
ciudadanía, así como el amor a la patria. No califiquemos a todos por
igual, ese sería otro tipo de injusto.
Por el contrario, se deben intensificar las labores de capacitación y
profesionalizar a los cuerpos policiacos, así como establecer rigurosos
mecanismos para la selección, ingreso, formación, permanencia,
evaluación, reconocimiento y certificación de los integrantes de las
instituciones de seguridad pública. Que ser policía en tiempos de
crisis, no sea un problema más, que demasiado tenemos la
ciudadanía con los retos que nos ha tocado vivir.
La autora es Máster en Derecho Público, egresada de UAT- UANL.
Abogada, Ex catedrática, Escritora y Conferencista. Fundadora de
Vive Mejor Ciudadano A.C.







Discussion about this post