“La lealtad se gana o se compra” era la frase
que antaño se manejaba en los partidos
políticos, cuando estaba en puerta una elección
y había que elegir candidatos a los cargos de
elección popular en disputa.
Y era en referencia a que los militantes de un
membrete político lo pensaban mucho para dar
el paso de aceptar ser cobijados por otro, que
desde luego tenía sus intereses pues se trataba
de algún elemento que les generaría votos.
Sin embargo hoy parece que no es tan difícil
“cambiar de camiseta”, sobre todo cuando los
militantes consideran que son la mejor opción y
su partido no lo reconoce, y tras la decepción
aparecen en la “arena política” defendiendo
otros colores y a veces ideologías distintas.
Eso pasa en todos los partidos políticos que
funcionan en México, y el que hoy es azul
mañana puede ser guinda, amarillo o tricolor
según las ofertas que se tengan, y el tamaño de
la lealtad hacia su partido.
Los casos se dan sin importar que se trate del
partido gobernante y la referencia puede ser el
PRI, de donde salieron Porfirio Muñoz Ledo o
Ricardo Monreal, el primero que buscaba con
Cuauhtémoc Cárdenas formar otro partido, y el
segundo que quería ser gobernador de
Zacatecas y el PRI no lo escogió, por lo que
jugó y gano por el PRD.
Los dos son hoy elementos importantes en el
gobierno de la 4T, pero en MORENA que es un
movimiento y no partido porque carece de
estructura en el país, hay muchos que en el
proceso electoral que inicia en 90 días y
culmina en el 2021 escucharan “el canto de las
sirenas” de otros partidos políticos y estrenaran
“camiseta”.
Y es que no ha habido nadie capaz de parar
los enfrentamientos entre los grupos del
membrete gobernante, y prueba de ello son los
tropiezos que se han tenido para elegir a la
dirigencia de MORENA donde los pleitos están a
la orden del día, pues habiendo recursos
abundantes todos esperan la tajada del
“pastel”.

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