En 1953 mi tío Álvaro Abundis Noriega, nativo de Ocampo, Tamaulipas, partió con
apenas 21 años de edad, con rumbo a la Ciudad de México, para establecerse al
lado de su madrecita Juana Noriega de León y sus hermanos Olivia, René y Javier,
en la colonia Santa María la Ribera,
A mediados de la década de los cincuentas, mi tío Manuel Cedillo Abundis,
originario de Ocampo (hermano de mi madre), durante unas vacaciones grandes,
decidió probar suerte en la capital de la república mexicana, al amparo de mi tío
Álvaro, quien por esos años comenzó a trabajar en el famoso hotel “Génova”.
Dada la pobreza extrema de las familias de “El Vergel de Tamaulipas”, una camada
de jóvenes de entre 15 y 20 años de edad, decidieron trasladarse a México, D.F, en
busca de estudio o empleo, para esto, mi tío Nelo rentó el departamento “11”, que
era una humilde vivienda de la calle Ciprés No. 102, en Santa María la Ribera.
La morada era muy precaria, de piso de cemento y techo de lámina, la mensualidad
claro que muy barata, tenía agua potable, luz, drenaje, estaba situada en autobús a
15 minutos desde el Palacio de Bellas Artes, a decir de los conocedores, dicha finca
casi se ubicaba en la zona centro de la metrópoli.
Además de Nelo Abundis, estuvieron en México, Efigenio Azocar, Emeterio Gómez
Flores, Enrique Saldaña Rosales, Luis Balderas Reyna, Vicente Trejo Vázquez, el
“Güero” Mariscos, incluso de El Chamal, estaban un joven apodado “El Bimbo” y
Primitivo Saucedo (graduado como Médico Homeópata en el Politécnico Nacional).
Los ocampenses se reunían para echar la copa con asiduidad, también degustaban
tamales, garnachas, por supuesto que los chicos eran de familias muy humildes,
prácticamente los paisanos de esa época, llegaron al DF al departamento 11, aquí,
mi tío Nelo, los hospedó sin costo alguno, hasta que consiguieron estudio o trabajo.
Mis tíos Álvaro Abundis y Alicia Luna se casaron el 15 de junio de 1958 y en agosto
de ese año, mi tía Licha conoció Ocampo, mi pariente la llevó directamente al rancho
La Lobera de la familia Noriega, a ella, este paraje le pareció un lugar surrealista y
apartado de la civilización, dado que la dama, creció en la Ciudad de los Palacios.
Álvaro y Alicia una temporada vivieron en Santa María la Ribera, en la calle Sor
Juana Inés De la Cruz, frente a la Casa del Agrarista, en esas fechas nacieron sus
hijos Álvaro y Alfredo, luego ya se fueron a la colonia Linda Vista, en contra esquina
del Instituto Mexicano del Petróleo, después llegó Agustín y Francisco.
Mi tío Nelo por esos lustros inició la carrera de Abogado en la UNAM en el DF, luego
ya no pudo continuar, más adelante trabajó de taxista y enseguida se casó con mi
tía Ángela Fortuna, su novia quien arribó de Ocampo, allá nació Víctor, Arturo “El
Nene”, Gustavo y Ángel “El Coss”.
Mi tía Ana María Cedillo Abundis, trabajó de secretaria ejecutiva en una oficina en
la Ciudad de México, ella tenía unos 20 años de edad, obviamente llegó con mi tío
Nelo, en Santa María la Ribera, claro que para ese entonces ya no era embajada
de Ocampo, pues mi apreciable tío ya se había casado.
Cuando mi abuelita Anita y mi madre Irma, iban, mi tío Nelo las llevaba a
Chapultepec, Xochimilco, Zócalo, Basílica de Guadalupe, en una ocasión fueron a
un auto-cinema, cuyo atractivo era ver películas, en una pantalla gigante y en el
carro la gente comía palomitas, dulces, rancheritos, refrescos, etc.
A mi madre Irma Cedillo, una vez le tocó un temblor en la madrugada, refiere que
se escuchaban truenos como si lloviera, rechinaban los enseres domésticos, la
cama se movía, las fotos se bamboleaban y su cuñada Ángela (esposa de mi tío
Nelo), rezaba, entonces supo que era un sismo.
En aquellas décadas la tramitología del magisterio, se efectuaba en México, por eso
cuando mi mamá iba con Doña Anita, a visitar a su hijo Nelo en Santa María la
Ribera, mi madre, aprovechaba para ir hasta las oficinas centrales de la SEP y subía
al camión, en una esquina de la avenida San Cosme (en Santa María la Ribera).
A las 22 años de edad mi madre Irma Cedillo, acudió a un entrenamiento en la
Ciudad de México, con valor curricular por parte de la SEP, de Ocampo, asistió ella
y la profesora Linda Martínez Borjas, allá se hospedaron en el Comité Olímpico
Mexicano, aquí estaban recluidas entre semana y el fin de semana, salían.
Irma Cedillo afirma que despertaban a las 5 de la mañana, a las 6 eran Honores a
la Bandera, a las 7 tocaba el desayuno, a las 8 empezaban las clases de atletismo,
voleibol, basquetbol, natación en la alberca olímpica, inglés, traumatología,
gimnasia y cabe destacar, que ese alto entrenamiento duró mes y medio.
Mi madre María Irma Cedillo Abundis, tendría 20 años de edad cuando empezó a
trabajar como maestra, por lo que ya se costeaba sus paseos a la Ciudad de México,
junto con mi abuelita Anita, con el tiempo, mi tío Nelo tuvo que regresarse a
Tamaulipas, específicamente a Cd. Mante, en donde forjó una carrera de docente.
Facebook: olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien







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