Cd. De México, 23 de abril 2020.- Parte de nuestra evolución como sociedad está íntimamente relacionada con los avances tecnológicos.
Uno de los inventos más curiosos, y que generalmente pasa desapercibido es el horno de microondas. Hoy en día, esta pequeña caja con la que podemos calentar y cocinar alimentos está presente literalmente en millones de hogares en todo el mundo, una alternativa que en sus inicios, si bien mostraba mucho potencial, estaba muy lejos de convertirse en un fenómeno.
El responsable directo del descubrimiento del uso de microondas para labores domésticas se le atribuye al ingeniero Percy Spencer. En el año 1945 se encontraba investigando la aplicación de un magnetrón para radares, cuando en uno de sus experimentos se percató que un chocolate que llevaba en su bolsillo se le había derretido. Por supuesto que esto llamó la atención de Spencer, por lo que realizó pruebas con semillas de maíz y un huevo para despejar sus sospechas: el maíz se convirtió en cotufa y el huevo estalló por la presión.
Spencer continuó experimentando. Posteriormente, construyó una caja de metal para así incrementar la energía del campo electromagnético confirmando que los alimentos se hacían cada vez más calientes. Todos estos datos contribuyeron a que la empresa Raytheon Company -lugar donde prestaba servicio Spencer- solicitara la patente para la utilización de microondas en los alimentos.

¿Por qué se calientan los alimentos? Pues, muy sencillo. Las ondas generadas por el magnetrón hacen vibrar las moléculas de agua contenidas en los alimentos, aumentando así la temperatura, y como mucha de nuestra comida tiene agua, era obvio pensar en poder cocinar.
Los primeros hornos eran más grandes que una lavadora actual, y más pesados; aparte necesitaban de un sistema de enfriamiento que no los hacía para nada elegantes. Aquellas personas que veían en este trasto, una refinada y moderna pieza tecnológica tenían que pagar más de 4 mil dólares, por lo que era evidente que no gozaran de demanda. No fue hasta mediados de los años 70s que el horno de microondas tuvo aceptación gracias al desarrollo de un magnetrón que no tuviera necesidad de sistemas de enfriamiento adicionales, y a la desaparición de muchos mitos relacionados con la “exposición venenosa a radiaciones”, permitiendo la miniaturización de las unidades hasta lo que conocemos ahora.

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