La Iglesia Católica en el ritmo de la liturgia sigue recorriendo el
camino cuaresmal hacia la Pascua de Jesucristo el Señor, hoy se
celebra el tercer domingo de Cuaresma.
En este domingo el texto evangélico, Jn 4, 5 – 42, narra el
encuentro de Jesús con la Samaritana.
El punto de partida para interpretar este texto lo constituye la
extrañeza de la samaritana con su motivación doble: el diálogo entre un
hombre y una mujer ya que los rabinos consideraban indecoroso hablar
en público con mujeres; y que éste tuviese lugar entre judíos y
samaritanos, entre los que existían antiguas rencillas. Frente a estas
dos causas de extrañeza llama consoladoramente la atención la libertad
de Jesús frente a las categorías raciales y culturales de sus
contemporáneos.
La escena se halla construida sobre los dos principios teológicos
siguientes: el judaísmo, con la natural inclusión del Antiguo Testamento,
encuentra su plenitud y complemento en Jesús; el agua utilizada para
las purificaciones adquiere un nuevo sentido en Jesús, que es quien
únicamente puede dar el agua viva, la salud, el Espíritu. Estos
principios se exponen mediante una doble contraposición: el agua
sacada laboriosamente de un pozo y la regalada por Jesús; y la
superioridad de Jesús y del tiempo que él inicia sobre Jacob y lo que él
significa.
Teniendo como punto de referencia estos dos principios, el
evangelista desvela el misterio de la revelación de Dios de una manera
progresiva, colocando hitos importantes a lo largo del diálogomonólogo:
suscitando el interés inquietante a la samaritana, sobre quién
es Jesús.
El conocimiento sobrehumano de Jesús le descubre como
profeta. Ante las esperanzas mesiánicas manifestadas por la
samaritana. Jesús se autopresenta. Al final tiene lugar la confesión de
la fe cristiana que hacen los samaritanos: “Ya no creemos en él por lo
que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos le hemos oído y
estamos convencidos de que él es verdaderamente el Salvador del
mundo”.
Es interesante contemplar la actitud de la samaritana: después de
su encuentro con Jesús va a su pueblo y habla de él; eso debe de hacer
toda persona que ha tenido un encuentro real con Jesucristo.
Se puede orar con palabras del Salmo 94: “Señor que no seamos
sordos a tu voz. Hagámosle caso al Señor, que nos dice: no endurezcan
su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”.
Que el buen Padre Dios permanezcan siempre con todos ustedes







Discussion about this post