La Iglesia Católica en su liturgia sigue el ritmo de la Cuaresma
camino hacia la celebración de la Pascua. Y en este cuarto domingo de
Cuaresma el texto evangélico, Jn 9, 1 – 41, presenta la escena de la
curación por Jesús al “ciego de nacimiento”.
Este texto invita a reflexionar que si Cristo puede hacer que un
ciego vea, ello demuestra que él mismo es la luz. Y si es la luz tiene que
hacer que un ciego vea. Pero la luz produce automáticamente un juicio. Aquí
el juicio va dirigido en concreto contra aquellos que quieren apagar esta
luz mediante el proceso suscitado a propósito de la curación del ciego
de nacimiento.
Los discípulos de Jesús tenían un falso concepto de la retribución.
Según la mentalidad antigua, el bienestar y la desgracia eran un fruto
lógico de la conducta moral adecuada o extraviada, respectivamente.
Desde este principio general era evidente considerar la enfermedad
como consecuencia del pecado. A los rabinos les preocupaba, en
particular, la carencia o deformidad de todo tipo con los que naciese un
hombre. Si el sufrimiento y cualquier clase de enfermedad era
consecuencia del pecado, la causa de los defectos de nacimiento había
que buscarla en los padres o antepasados.
Este hecho milagroso que presenta el texto evangélico tiene como
finalidad demostrar la veracidad de la afirmación de Jesús sobre la luz
que es él mismo. Quien cura a un ciego de nacimiento demuestra que
es la luz. En la mente del evangelista el proceso abierto por los fariseos
sobre el caso de la curación de un ciego de nacimiento que tanta
resonancia había tenido entre la gente sencilla pretende demostrar la
veracidad de la afirmación de Jesús: “Yo soy la luz”.
Me parece importante citar algunas palabras de la segunda lectura
que se proclama este domingo tomadas de la de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios: “En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero
ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por tanto, como hijos de la luz.
Los frutos de la luz son la bondad, la justicia y la verdad. Busquen lo
que es agradable al Señor y no tomen parte en las obras estériles de
los que son tinieblas”.
Desde este espacio hago una invitación a todos para unirnos en
oración en este momento de la pandemia del Covid-19, que oremos por
los que han sido afectados, por las personas que los han atendido
medicamente, y que oremos al buen Padre Dios para que nos libre a los
que habitamos en esta Diócesis.
Que el amor y la paz del buen Padre Dios les acompañe a todos ustedes







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