¿Por qué comemos palomitas de maíz en el cine?

¿Por qué comemos palomitas de maíz en el cine?


Durante la época de la Gran Depresión en Estados Unidos (entre 1929 y 1933), muchos norteamericanos fueron al paro debido a la grave crisis que atravesaba el país. En aquellos momentos, el mayor medio de distracción era ir al cine, ya que se encontraba en pleno auge. En aquella época el acudir a una sala de cine era algo accesible para cualquier bolsillo.

Con la llegada de la crisis, las clases populares quedaron totalmente arruinadas y aunque las entradas para el cine seguían siendo realmente baratas (sobre todo comparadas con las de hoy día), la economía familiar no llegaba para hacer gastos también en el interior de las salas, así que se impuso como alternativa el vender en los accesos de los cines, cucuruchos de palomitas de maíz, un producto del que habían existencias suficientes, era muy barato, tenía muchas calorías -más si se le añade mantequilla-, saciaba el hambre y además no ensuciaba el local.

La historia de las salas de cine cambió para siempre gracias a Julia Braden, una mujer visionaria de Kansas City, Missouri. Ella convenció a los dueños del Linwood Theater de que le permitieran montar un pequeño puesto de palomitas afuera de las salas. La idea de Julia fructificó de tal manera que para 1931 tenía cuatro locales de palomitas en cines distintos. Sólo con eso, hacía alrededor de 14,400 dólares al año, lo que equivaldría a 336 mil dólares hoy en día. Su negocio incluso floreció en los años de la Gran Depresión estadounidense (que comenzó en 1929).

Ahora todos sabemos que ir al cine, supone pasar irremediablemente por el puesto de palomitas y que es mucho más caro comprar esos cestitos repletos de suculento maíz inflado que ver la propia película, tanto, que el negocio de las palomitas supone en la actualidad el 85% de las ganancias de los cines. Por desgracia en estos nuevos tiempos de crisis, de las palomitas en el cine (ya nada baratas) es una de las cosas de las que no pocos han de olvidarse.