El PEZ POR SU BOCA MUERE
COLUMNA | 2017-09-11 | Gerardo Flores Sánchez
Una de las características del presidente Donald Trump, que causa simultáneamente furor entre sus seguidores y azoro ensus críticos, es su capacidad de hacer afirmaciones sobre temas de alta importancia y trascendencia mundial, sin más fundamentos que su dicho. Es su estilo: escandalizar y descalificar las razones de quienes no opinan como él.
Esto no sería tan dañino si solo se tratara de bravuconadas, pero la experiencia ha demostrado que no titubea, ni se tarda demasiado para pasar a los hechos, queen el corto plazo causan daños inmediatos a grupos de población vulnerable, y en el mediano y largo plazo daños incalculables a la población en general, incluyendo a sus propios seguidores.
Este fue el caso del muro, de los inmigrantes, del TLC, de los programas de salud, de los dreamers (suspensión del DACA) y del cambio climático.
Trump aseguró desde su campaña que el calentamiento global y el cambio climático son un cuento de las organizaciones internacionales de ambientalistas. En consecuencia prometió disolver la Agencia Ambiental y decidió retirar la firma de EEUU en el Protocolo de Kioto y con ello el compromiso de esa nación, la más industrializada y más contaminante del mundo, a ponerse metas y realizar acciones para reducir los gases de efecto invernadero. Su argumento es que someterse a esas restricciones, sería afectar los empleos de los estadounidenses, planteando un falso dilema: defender los empleos de los estadounidenses o trabajar en acciones mundiales para reducir el impacto del cambio climático.

Los dos últimos huracanes: el Harvey y el Irma y la amenaza de José, muestran contundentemente a su propia poblaciónlo irresponsable y peligroso de su peculiar nacionalismo. Así es que a Trump se le podría aplicar el dicho: “más pronto cae un hablador que un cojo”. Porque ¿Cómo podrá negar ahora las abrumadoras pruebas científicas avaladas por el Panel Internacional de la ONU sobre Cambio Climático, acerca del aumento de la temperatura media de los océanos (calentamiento global) y de su relación con desastres naturales hidro-meteorológicos como el super-huracán Irma? Cuántos millones de estadounidenses tendrán que verse dañados o muertos por estas catástrofes climáticas, para que reconsidere su posición. Por lo pronto 6.3 millones de residentes de Florida han sido obligados a dejar sus domicilios y buscar refugios, aún fuera de ese estado.
Ante la inminencia de la desgracia que caería sobre la Florida, declaró sin dejar su tono belicoso, que era la oportunidad el pueblo y el gobierno de EEUU, mostraran al mundo su resistencia y su capacidad de recuperarse. No dijo que reconsideraría su opinión y política frente a la exhortación mundial de la Cumbre de Paris para mitigar el Cambio Climático reduciendo la producción y descarga en la atmósfera de millones de toneladas diarias de CO2, que genera la industria de su país.
Como los huracanes no distinguen entre nacionales e inmigrantes, legales e ilegales, sus acciones contra los mexicanos que se encuentran en su territorio, tendrán que esperar un lapso indefinido. Por lo pronto más de nueve estados de ese país, se han negado a seguir con la persecución de nuestros connacionales, incluyendo los “dreamers”.

Las tareas de reacción inmediata, salvamento y reconstrucción serán muy complejas y arduas, aún con todos los miles de millones que prometió aplicar. Como siempre la solidaridad de los mexicanos, se ha hecho manifiesta a través de brigadas de brigadas de la Cruz Roja y de voluntarios que desde hace días se trasladaron a Houston y ahora a Florida. Mexicanos, incluyendo tamaulipecos, que sin importar el desprecio y la violencia antimexicana de Trump, acuden a ayudar a los estadounidenses, aún a costa de poner en riesgo su vida.

No hay otra opción, porque la tierra en sus cuatro mil quinientos millones de años de existencia, nunca ha dejado de cambiar, casi siempre de manera brusca y radical, sin importar la destrucción masiva de formas de vida. Esa es su naturaleza como “organismovivo”, que se ajusta a sus propias fuerzas y evolución, al mismo tiempo que reacciona a la influencia que sobre ella ejerce el sistema solar.

Este planeta es nuestra única casa y en ella viviremos juntos y solidarios ante los beneficios y riesgos que nos depare.Trump debe de entender que lo que está en juego no es ganar una guerra, un territorio, la propiedad de ricos yacimientos petroleros o hacer un buen negocio trasnacional. Sino la viabilidad de nuestras sociedades, sobre todo de sus cerca de 5600 millones de personas que viven en el subdesarrollo, que constituyen el 80% de la población mundial.
No hay duda de que ante la creciente incidencia de catástrofes climáticas y geológicas, tarde o temprano tendrá que surgir la voluntad y la reacción masiva de los habitantes de este planeta para cambiar el perfil de desigualdad, falta de solidaridad y depredación de la naturaleza que caracteriza a nuestro mundo en este inicio del nuevo siglo.Ante la posibilidad de ser hechos a un lado, los gobiernos y sus hombres de poder, tienen la gran oportunidad de encabezar este gran movimiento mundial por hacer los cambios radicales necesarios para salvar la supervivencia de la humanidad.