La buena y la mala educación
COLUMNA | 2017-08-12 | Vito Alessio Álvarez Rodríguez
ENTREVISTADOR: Continuando con la Dra. en Letras por la Universidad de Gotenborg (Suecia), I. Enkvist, y en la actualidad catedrática de Español en la Universidad de Lund, experta en Literatura Hispánica y parte del Consejo Sueco de Educación Superior, y miembro de la Academia Argentina de Ciencias Políticas y Morales, a quien le pedimos continuar con este diálogo truncado en la entrega anterior, contestando la siguiente pregunta: Si revertir un modelo ya establecido no es sencillo. ¿Cómo darle la vuelta a un sistema educativo que lleva casi 25 años funcionando con las mismas inercias?
I. ENKVIST: Sería tarea de los intelectuales formular la nueva situación y proponer salidas aceptables para todos. Eso es tarea de los intelectuales. Deben explicar a la opinión pública qué beneficia y qué no. Se ha sembrado una sospecha contra la calidad y contra todo tipo de diferencia en la educación que no toma en cuenta la diferencia de capacidades, de esfuerzos y de apoyos. Lo generoso y lo bueno con los sistemas modernos de educación es ofrecer a todos la posibilidad pero a algunos alumnos no les apetece por diferentes motivos. Sería tarea de los intelectuales formular la nueva situación y proponer salidas aceptables para todos. Ahora está en manos de políticos que solo ven lo que conviene a sus partidos. No podemos permitir que la educación se convierta en politiqueo.
ENTREVISTADOR: ¿Qué se puede hacer ahora?
I. ENKVIST: Es una receta desagradable que nadie quiere escuchar pero ciertamente deberían exigir al alumno cierto nivel de conocimientos para poder pasar de curso. Algunos informes al respecto indican que una de las cuestiones clave pasa por enfrentarse de una forma muy seria a las exigencias. El alumno se hace eco de aquello que los adultos sostienen con firmeza. De lo contrario no va a esforzarse pues sabe que no tendrá demasiadas consecuencias. Los españoles han vacilado respecto a esto.
ENTREVISTADOR: ¿Tiene nuestra cultura parte de la explicación?
I. ENKVIST: Algo de esto hay, pero eso es muy difícil de agarrar. Es una cierta manera de hacer las cosas. La cultura, además, puede cambiar. En treinta o cuarenta años las culturas pueden ser otras o haber cambiado. Europa tiende a un acercamiento o tal vez a un cambio de roles en cuanto a valores culturales.
ENTREVISTADOR: Cuando leemos o escuchamos que hay que cambiar la educación, porque seguimos dando clase como en el siglo XIX, antes de que existiera Google e internet, una de las frases más recurrentes entre los gurús de la nueva educación es porque seguimos dando clase como en el siglo XXI: ¿Usted qué piensa al respecto?
I. ENKVIST: Eso lo dice alguien que no es educador. En la educación de base, fundamentalmente la obligatoria hasta los 16 años, lo que necesitan aprender los alumnos no tiene que ver con Internet. Necesitan lengua, matemáticas, geografía, historia... Necesitan convertirse en buenos lectores con un amplio vocabulario y una sólida base de conocimientos generales sobre el mundo. Para conseguir esto, Internet es más una distracción que una ayuda. Internet les va a servir después de conseguir esa formación de base.
ENTREVISTADOR: En muchos países occidentales, por las encuestas de PISA, sabemos que los niños de familias sin recursos económicos apenas tienen oportunidad de llegar a la universidad. ¿Qué está pasando? ¿La educación ha dejado de ser un ascensor social...?
I. ENKVIST: Tiene que ver con varias cosas pero se pueden señalar unos factores. El primero sería que en el Estado del bienestar, los alumnos no sienten la urgencia de antes de estudiar para sobrevivir social y económicamente y tampoco los padres ven así la situación. Segundo, con el Estado del bienestar se han difundido teorías permisivas en la educación, que dicen que los profesores deben aceptar que no haya tanta disciplina en clase. Se dice que el aprendizaje debe ser divertido y, si no es así, los alumnos están en su derecho de rechazarlo. Esas teorías son negativas para todos, pero sobre todo para los que aprenden menos en su casa.
ENTREVISTADOR: En su libro de La buena y la mala educación, describe la educación en barriadas francesas como aterradora, con adolescentes que apenas se sitúan en el mundo. ¿Cómo se ha llegado a eso?
I.ENKVIST: Mi explicación es que grupos de intelectuales, han machacado a políticos y profesores diciendo que Occidente sería opresora y que su cultura sería "excluyente". Esto ha creado una duda de si es legítimo enseñar lo que se enseña desde siempre y en particular, si es legítimo exigir que personas de otro origen étnico, aprendan lo que típicamente contiene el currículum en una escuela occidental. El resultado es que los profesores no exigen un esfuerzo, los alumnos no aprenden y a pesar de esto, obtienen el aprobado, y los políticos no intervienen porque no se sienten seguros de su mandato para intervenir. Se invierte un dineral en las escuelas pero no se obtienen resultados y se convierten en guarderías para adolescentes. Tras la edad escolar, éstos jóvenes están desamparados ante la vida en una sociedad moderna.
ENTREVISTADOR: ¿Hasta qué punto el desempeño académico depende de los valores familiares más que del sistema educativo?
I. ENKVIST: La cultura de la casa es muy importante y más importante que el nivel socioeconómico. El ejemplo de los chinos en Occidente no cuaja con la visión de algunos partidos políticos de que todo depende del nivel económico y no del respeto por la educación y de la voluntad de los alumnos y de sus padres.
Sí alabamos la educación de los niños chinos en sus familias, los hay que enseguida traen a colación la felicidad y vienen a decir que esos niños no lo son.
ENTREVISTADOR: No me queda más que darle las más cumplidas gracias por permitirnos conocer sus valiosas opiniones sobre la buena y mala educación, deseándole la mejor de las suertes.

Diálogo basado en la entrevista realizada por Eva Serra en junio 09.