Hallan tumbas abiertas rumbo a EU
INTERNACIONAL | 2017-06-17 | Agencias
Washington, Estados Unidos.- La frontera entre México y EU es la más mortal de América, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM): en ella se registraron 6 mil 951 muertes entre 1998 y 2016.

De acuerdo con los datos del Gobierno estadounidense, unas 3 mil muertes se produjeron en el estado de Arizona, especialmente en la parte del desierto de Sonora, uno de los puntos de cruce más peligrosos junto al Río Bravo en Texas.

El centro Colibrí, en Tucson (Arizona), ayuda a identificar los restos encontrados en la frontera y ha registrado hasta ahora 2 mil 500 desaparecidos en el cruce.

"Es importante porque estás dando a la familia una respuesta que ha estado esperando durante mucho tiempo", explicó a Reyna Araibi, miembro del centro.

El objetivo es cerrar las heridas y evitar una experiencia de revictimización como la que ha sufrido miles de familiares de migrantes.

En 2016, la OIM contabilizó algo más de 700 migrantes muertos en América en su camino hacia Estados Unidos, de ellos 75 en Centroamérica y 400 en la frontera México-Estados Unidos.

Estas cifras no incluyen los desaparecidos contabilizados por los comités de familiares y cifrados en 450 hondureños, 350 salvadoreños y unos 80 guatemaltecos, según la ONG mexicana Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD).

El fenómeno de desapariciones masivas en México se engloba dentro del actual clima de guerra contra el narcotráfico y, de hecho, en la última década, el Gobierno ha registrado la desaparición de 30 mil personas.

En esa cifra se incluyen los propios migrantes, especialmente vulnerables a las garras del narco, según Maureen Meyer, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos.

"Hemos visto en la última década, en el contexto de la expansión del crimen organizado en México, una criminalidad enfocada en los migrantes por ser un blanco fácil de agarrar, por ser visibles, fáciles de identificar como migrantes y que, en muchos casos, caminan por una ruta predeterminada. Es un problema que ha existido durante mucho tiempo, pero que ahora es más visible", explicó Meyer.

La directora de la FJEDD, Ana Lorena Delgadillo, cree que debe investigarse por qué desaparecen los migrantes y para qué los quieren los grupos de delincuencia organizada.

Los cárteles del narcotráfico controlan actualmente los puntos más importantes de la ruta a Estados Unidos, incluyendo vías de los trenes de La Bestia, que cruzan México y sirven de transporte a los centroamericanos.

Los narcotraficantes han llegado a someter a los coyotes o polleros que trasladan migrantes a Estados Unidos y que se convierten en cómplices de los secuestros, extorsiones y desapariciones forzadas.

En diciembre de 2015, México creó una unidad fiscal especial para investigar los delitos contra migrantes y un mecanismo que permite a sus familias denunciar las desapariciones en los consulados mexicanos. Otro organismo creado en 2013 se ocupa de la identificación de restos.

Para el secretario ejecutivo de Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrão, las tres iniciativas son muy buenas pero existen desafíos, es decir, límites presupuestarios para mantener esas unidades al nivel técnico que exige el programa migratorio.

No obstante, una de las cosas que más preocupa a Abrão es el plan Frontera Sur, puesto en marcha por México en julio de 2014 y que ha incrementado la vigilancia en la frontera con Guatemala.

Abrão denunció que el programa ha aumentado las deportaciones, de forma que entre 2014 y 2015 el número llegó a duplicarse. Ese aumento de expulsiones tiene un efecto colateral al hacer más difícil identificar a las personas que tienen derecho a pedir asilo porque sufren persecución política o porque su vida corre peligro.

"La gente empieza a buscar otras rutas más peligrosas, más aisladas, con muchos más riesgos, lo que hace que aumente el número de muertes y de desapariciones", subrayó Abrão.

México ha conocido tres grandes masacres de migrantes de la última década: dos en Tamaulipas y otra en Nuevo León, donde pereció José Enríquez Velázquez, marido de Vilma Leticia López.

"Mi esposo salió con el objetivo de darnos una mejor vida, venía con ilusiones, con anhelos de darle a nuestra familia lo mejor. Fue en el tránsito por México donde él perdió su vida, en una masacre horrible, donde fueron mutilados sus cuerpos, donde nos entregaron pedazos", narró Vilma con la voz rota, en una audiencia ante la CIDH en marzo de 2015.

"Estas familias, 49 familias, 49 casos, fueron dolorosos, madres que quedaron devastadas, hijos que quedaron sin padres", denunció.