Frenar la corrupción
COLUMNA | 2017-04-20 | Diva Gastélum
Pareciera que el concepto de corrupción está dirigido principalmente a una esfera específica, como lo son los políticos o los funcionarios públicos. La corrupción está implícita en el día a día de toda una sociedad.
Sí, así es… el fenómeno de la corrupción se percibe a diario en los diversos ámbitos de la vida privada, pública y política de nuestro país; de hecho, últimamente en diversos medios de comunicación hemos visto campañas de concientización sobre la corrupción o los llamados “sobornos”. La famosa “mordida” a elementos de las policías de Tránsito cuando cometemos una infracción; el colgarse de un poste de luz para no pagar el servicio; el pagar a una persona externa, mejor conocida como coyote, para realizar un trámite o hasta robarle el internet al vecino. Así como estos, hay muchos más ejemplos que a diario los vemos o percibimos en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana.
Si bien años atrás conocíamos o escuchábamos sobre diversos actos de corrupción, estos no eran tan visibles como lo son ahora. Hoy se visibilizan con mayor claridad este tipo de fenómenos que dañan sobremanera a una sociedad que ha generado un discurso antisistema, que recurrentemente critica pero no propone, y no forma parte de la solución.
Los recientes actos de corrupción por parte de personajes públicos, políticos y hasta empresarios reflejan una falta de conciencia social que tiene que ver con un conjunto de responsabilidades, comportamientos y valores que día a día como sociedad estamos perdiendo.
Los “actores intelectuales” son algunos, pero hay detrás toda una estructura de redes integradas por servidores públicos o particulares que, desde sus ámbitos de competencia, participan directa o indirectamente para obtener un provecho personal con recursos otorgados por el Estado, causando siempre un daño al patrimonio del país.
Recordemos que para que exista la corrupción hacen falta más de dos personas, no podemos dejar la responsabilidad solamente a los gobiernos.
Lo cierto es que hoy nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer cuando tienes un esquema legislativo, auditorías federales, estatales y todo un andamiaje jurídico y legal, pero la corrupción no para?
El combate a la corrupción debe estar articulado de las normas e instituciones destinadas a combatir este fenómeno sobre la base de un nuevo sistema de responsabilidades.
Es por ello que actualmente contamos con una Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, la cual constituye un instrumento operativo de nuevas normas de responsabilidades que requieren ser diseñadas bajo nuevas premisas de denuncia, investigación, sanción, corrección y resarcimiento del daño.
Es innegable el esfuerzo que hemos realizado, sin embargo, debemos ir más allá de un tema de leyes y pensar en el valor del político, del funcionario público, pero también del ciudadano, pues de una u otra manera todas y todos podemos promover la corrupción. Hoy sabemos que el precio de la corrupción es carísimo.
Hoy más que nunca, como ciudadanos, tenemos la obligación de realizar un gran esfuerzo para frenar este fenómeno; no podemos dejar de lado el tema de valores y responsabilidades sociales, pero sobre todo personales, porque es ahí donde podemos hacer la diferencia.