Tiempos de confusión
COLUMNA | 2017-03-19 | Abel Oseguera
Verá usted amigo lector; hace ya bastante tiempo que dejé de creer en las noticias, porque desde que éstas se volvieron un negocio dejó de importar la verdad. Hoy en día con tristeza descubro en cada nota, en cada noticiero esa nefasta mano del interés editorial. Me da un revuelco en el estómago, me causa impotencia. Debería estar yo acostumbrado a ello, debería no afectarme, sin embargo me es inevitable.
Cuando era niño, para nada me interesaban las noticias, es más las odiaba, justamente porque en Cd. Madero, de donde soy oriundo, mi programa favorito, Tarzán, lo pasaban inmediatamente después del noticiero del canal 7. Odiaba el noticiero, se me hacía eterno, parecía que nunca iba a acabar. Pero no fue ahí cuando aprendí a desconfiar de las noticias, sino más bien un 10 de enero de 1989. Aquel día a unas cuadras de mi casa, ya estaba yo en mi oficina, también a un par de cuadras, estalló un artefacto en casa de Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como La Quina. El ejército irrumpió en su casa y junto a un grupo de personas que le esperaban para tratar asuntos fueron arrestados y llevados a la Ciudad de México.
Esto ocurrió alrededor de las 9 de la mañana, si mal no recuerdo, inmediatamente me llamaron por teléfono para avisarme. Estando tan cerca tardé un par de minutos en llegar. Los detenidos ya se habían ido, sin embargo un camión con soldados estaban bajando unas cajas introduciéndolas en la casa.
Todo era confusión, en el lugar nadie sabía lo que había pasado, sólo decían que los soldados se habían llevado a Don Joaquín. Un par de horas más tarde en los noticieros se anunciaba que La Quina había sido arrestado por posesión de armas de fuego y por el homicidio de un ministerio público en el lugar de los hechos. Lo repetían una y otra vez por Televisa. En aquel entonces por el canal de las estrellas había noticieros continuos, desde Guillermo Ochoa hasta Paco Stanley, incluyendo a Guillermo Ortega y a Ricardo Rocha. Con cada uno de los conductores se repitió la misma nota, seguida de entrevista de políticos notables afines al gobierno. Yo había estado ahí, todo era un teatro, nunca hubo un muerto ese día y las armas las introdujo el ejército.
Desde entonces descubrí el gran engaño que son los noticieros, Guillermo Ochoa presentó una entrevista con La Quina de unos meses anterior al arresto y fue fulminantemente cesado de Televisa. Nadie podía decir la verdad.
Cuento esta historia, porque hoy en día este enfermizo sistema de continuas mentiras ha creado un estado de profunda confusión. No sólo en el público en general que ya no sabe qué creer o a quién creer, sino también al mismo gobierno de los EU que ha sido una víctima de su propio sistema informativo.
Hace un par de días el jefe de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, anunciaba que según el noticiero Fox el Presidente Obama había pedido al GCHQ, el equivalente a la CIA, pero británica, que espiara a Donald Trump, cuando era candidato. Spicer se basaba en la declaración hecha a este medio por el juez Andrew Napolitano. No tardó mucho el gobierno británico en desmentir la nota y hasta mofarse de tal declaración.
Lo triste es que no es el primer desliz del gobierno de Trump ante las mentiras constantes de Fox News, ya el mismo Trump en Florida había usado a Suecia como ejemplo de lo que podía pasar a EU con la migración ilegal. En Suecia no había ocurrido nada, el gobierno sueco salió a mofarse de las palabras de Trump. Éste dijo que había tomado esa información de un programa de Fox News.
El mismo Presidente se ha quejado una y mil veces de las mentiras de CNN, CBS, ABC, NY Times, entre muchos otros. Sobre notas alteradas, sacadas de contexto y hasta inventadas. No puedo entender cómo puede ser posible que piensen que si los diarios anti republicanos mienten, Fox News que es ultra conservador no esté haciendo lo mismo en favor de sus políticas. Cuando fue precisamente Fox News los que le inventaron millones de mentiras a la administración Obama.
Así que amigo lector, que no le pase a usted lo que a la administración Trump, cuando lea o escuche las noticias, tómese su tiempo antes de ejercer un juicio. Lea mucho y escudriñe distintas opiniones, recuerde que toda noticia es tendenciosa por naturaleza. Porque hoy en día no leer las noticias es estar desinformado, pero leerlas es estar mal informado.
Ya lo sé, tampoco me crea a mí. Pero aun así, agradezco profundamente el tiempo que se toma para leer mi columna, esté usted de acuerdo o no.

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