Y la culpa no era mía



 

LO CLARO. La pertinencia es un factor determinante en la importancia del desarrollo de investigación académica. De poco sirve invertir tiempo y dinero de los estudiosos, en ámbitos que aporten utilidad impráctica al entorno evolutivo de su comunidad.

Así encontramos las valiosas aportaciones en biotecnología que lleva a cabo la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Donde la sustentabilidad de la vida se promueve a través de aportes científicos que detonan procesos para mejorar alimentos a partir de la transferencia de tecnología y la innovación.

Uno de estos aportes, tendrían que ver con la utilización de microorganismos benéficos que protegen a las semillas en la invasión y control de plagas.

Otro aporte más, tendría que ver con el secado de plantas medicinales.

Este tipo de patentes culturizan al estudiantado en la importancia de detonar más investigación productiva y generan a su vez, oportunidades de desarrollo, beneficiando al entorno en su impulso económico.

LO OSCURO. Sólo usaremos una parte de la muy sonada frase de moda que tendría que ver con la violencia a la mujer. Esperemos no confundir ni causar conflicto con eso.

La razón es simple.

¿A quién el mexicano culpa de su pobreza? Hasta 1810 a la Corona española; después a los ricos terratenientes; hasta el año 2000 al PRI, posterior a la mafia del poder, a Elba Esther, a Rosario Robles y hoy a Genaro García Luna. ¿Vamos bien?

La corrupción, la anarquía social, la desigualdad y el pobre reparto de oportunidades. El compadrazgo de quienes gobiernan, el tutelaje de gobiernos que inciden en la política mexicana, el factor petrolero. 

Habrá más ingredientes que ‘vemos’ como los renglones torcidos de Dios que no permite el que nuestras familias prosperen. 

Es la semántica que impera en los medios y que determina en la mentalidad productiva “estoy mal, por culpa de los malos gobiernos”.

Vamos a ver: un indicador es una cifra que nos permite medir y hacer comparativos, en este caso respecto del nivel de vida o la llamada línea de bienestar. Donde una persona debe cubrir los satisfactores básicos de subsistencia.

Hay varias maneras de ‘medir’ esos ingresos. Tomaremos las que estandarizan fuentes como el Banco de México, que sostiene que en promedio cada mexicano percibe anualmente 8 mil 910 dólares como ingresos brutos. 

Un equivalente a 14 mil 300 pesos mexicanos por mes, más o menos.

Los japoneses perciben 40 mil dólares por año; en Singapur se tasan en 64 mil; en Estados Unidos en 59 mil; en Argentina 14 mil 500 y en Uruguay 16 mil.

En este ‘tour’ tomamos medidas comparativas con otras latitudes del mundo comparado con los vecinos potencia mundial económica y con nuestros hermanos latinoamericanos.

Esos son sus ingresos. Y ahí se marcan los nuestros.

Desmenuzando los datos que complementan el grado de productividad, inciden de manera directa con un elemento básico común. El grado de preparación educativa.

Atendamos las más cercanas. 

Según la OCDE en un listado de 75 países que considera a América Latina, Chile ocupa el lugar 48 siendo el más sobresaliente del continente. 

La lista la encabezan -obviamente- países asiáticos como Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Japón y Taiwán.

Costa Rica por encima de México. Y Honduras y Perú en el sótano.

México tiene un grado de escolaridad de 9.5 años. Lo que significa que se contrata laboralmente al personal con el grado de preparación de un semestre de la preparatoria. 

En Estados Unidos el 91% de su población adulta tiene bachiller concluido y un grado avanzado de estudios profesionales.

Nos casamos de 20 años, tenemos el primer hijo y abandonamos la educación, es el modo rutinario de la vida de un mexicano.

¿Cómo podremos avanzar entonces?

Seynabou Sakho es la Directora del Banco Mundial para Centroamérica. Y asegura que “Cada año adicional de escolarización, los ingresos de una persona aumentan entre un 8 y un 10%”

COLOFÓN: Ya ni hablemos de la prueba evaluadora de la calidad educativa. Lo meritorio es tener mexicanos competitivos que busquen la superación profesional, amén de los vaivenes políticos o confrontaciones estériles que no producen ni generan riqueza. La culpa sí es nuestra y de cómo vestimos…

 

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro